¿Se parecerán los robots a nosotros o a los animales?

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En occidente, la forma del ser humano ha sido copiada a los robots, máquinas, títeres y muñecos durante siglos. Probablemente debido a nuestras costumbres y tradiciones vemos en el ser humano un modelo a seguir. Un patrón.

Casi lo contrario ocurre en oriente, donde los robots tienden a formas dispares copiadas de la naturaleza. En oriente fue donde se dieron cuenta por primera vez de las dificultades de la bipedestación. Así como de que la naturaleza había resuelto ya problemas que occidente trataba de resolver.

¿Necesitamos una forma humanoide?

Tal y como apunta Jonathan Rossiter, «no es necesario que un robot sea humanoide, que tenga miembros, que camine ni que hable. En lugar de ello, cabe una interpretación mucho más amplia de qué es un robot».

Pero vamos más allá. Colin Angle, un ingeniero que ha trabajado en campos como la exploración marciana o la desactivación de bombas, opina que darle piernas a un robot «es una estupidez» y que «los humanoides son una obsesión humana de escasa utilidad».

Por supuesto, tiene razón. Las piernas nos fueron muy útiles a los humanos cuando dejamos las cuatro patas y nos erguimos, pero los robots no necesitan seguir este proceso.

Ruedas u orugas son soluciones a la movilidad mucho más funcionales, incluso aunque estas dispongan de una determinada movilidad (como Wall-E o Número 5).

Aunque se puede incluso ir más allá. Por lo que sabemos, un robot puede tener el aspecto de una serpiente, de un perrito, de un reloj o, por qué no, de una patata o una piedra. No hay necesidad ni de piernas ni de brazos.

Los vehículos autónomos, por ejemplo, son un tipo de robots a los que colocarles cualquier miembro carece de sentido. El robot de información de la Aura Robotics al que pude ver en la pasada Global Robot Expo (abajo) tampoco necesita un cuerpo humanoide para guiarnos por una instalación.

Robot de información de Aura Robotics. Fuente: Marcos Martínez.

¿Queremos que los robots tengan forma humanoide?

Sí, y no. Por un lado nos sentimos cómodos con formas conocidas a nuestro alrededor. Por otro, tanto un humanoide poco logrado (podríamos decir cutre) como un humanoide hiperrealista podría hacernos sentir incómodos.

Es el fenómeno llamado valle inquietante o valle inexplicable. Explica el motivo por el que las muñecas y los títeres han reinado en las películas de terror. La forma humana nos resulta familiar, pero si esta viene por parte de un objeto, podemos rechazarla.

Descripción gráfica del Valle inquietante. Fuente: Albertogalet.

¿Qué otras formas de robots podemos diseñar?

Por fortuna para nosotros, será por formas. Hay millones, desde soft robots de pocos centímetros a robots acorazados con ruedas de tanque. La pregunta que debemos hacernos es: ¿para qué necesitamos el robot?

Rover vs. Sojourner. Fuente: NASA.

Por ejemplo, los vehículos robóticos Rover y Sojourner enviados a Marte disponían de seis ruedas al final de patas de insecto. Las ruedas dan estabilidad, control y facilidad de movimiento (recordemos que la señal tarda más de 8 minutos de Marte a la Tierra); y las patas de insecto permiten movilidad en un entorno pedregoso.

Ahora bien, no tendría sentido diseñar este tipo de patas a una aspiradora tipo Roomba o a un vehículo autónomo. Como tampoco a un robot que nos ayude en casa a cuidar de una persona mayor. Cada forma, y esto lo aprendemos de la naturaleza, tiene una función específica.

Diseñar robots a partir de la naturaleza

La evolución ha diseñado cientos de taxonomías (formas) diferentes. ¿Por qué no sacarle partido y copiar a la naturaleza en lugar de aprender nosotros por ensayo y error? Ese es el punto de partida de Festo, la compañía alemana de automoción que empezó a trabajar hace años en distintos robots.

En lugar de tratar de diseñar una forma de la nada, Festo copia la naturaleza, como hizo con las mariposas (eMotionButterflies) que se ven en el vídeo de arriba. Aunque su función es poco menos que decorativa, el logro tecnológico es remarcable.

Hablamos de una forma natural (mariposa) capaz de volar en un recinto y de formar bandadas. Vuelo coordinado mediante GPS en interior con cámaras de infrarrojos.

Estas mariposas entran dentro de los robots voladores de Festo, de los que hablamos porque suelen tener en el imaginario colectivo una mayor dificultad. Todo lo contrario, las formas voladoras son fácilmente copiables por los robots a través de mariposas, aves, e incluso medusas robóticas de aire.

En general triunfan formas suaves y de huso (alas de pájaro o forma de pez) o las alas de insecto para entornos acuáticos o aéreos como medio de impulsión. De un modo muy similar a como la naturaleza ordena los animales. Es el motivo por el que el mar tiene multitud de tipos de peces diferentes y el cielo una infinidad de pájaros e insectos.

Para tierra, caminar o rodar, triunfan las ruedas y las formas de araña u hormiga. Aunque esto no significa que sean las únicas formas. La naturaleza usa millones en sus composiciones, y probablemente la robótica explore muchas de ellas, adaptando sus beneficios a aplicaciones específicas.

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Imágenes | iStock/Ociacia, Decabo

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