César de la Fuente, biotecnólogo: “Las superbacterias son una pandemia silenciosa”

Enseñar a las máquinas a crear nuevas moléculas antibióticas. Ese es el objetivo principal del laboratorio que César de la Fuente (A Coruña, 1986) dirige en la Universidad de Pensilvania. Un camino inexplorado en la investigación biotecnológica que busca respuestas a un desafío cada vez mayor: la resistencia antibiótica de las bacterias.

Durante el último año y medio, el trabajo de su equipo se ha redirigido también a desarrollar diferentes tecnologías de test para detectar el coronavirus en pocos minutos. Reconocido como uno de los jóvenes más innovadores del mundo por el MIT y designado mejor investigador joven de Estados Unidos por la American Chemical Society, César de la Fuente lleva más de una década en Norteamérica, primero en Canadá y, desde 2015, en Estados Unidos.

De hecho, días antes de atender nuestra llamada, recibía la noticia de que le ha sido concedida la residencia permanente (conocida como green card). “Es un alivio. La tendría que haber recibido el año pasado, pero hubo muchos retrasos. Contento de tenerla ya por fin”, explica.

El Blog de Lenovo: Entonces, ¿no hay intenciones de volver?

César de la Fuente: Por ahora, no. Unos años me quedaré aquí. Estoy muy contento en el laboratorio y con el trabajo que estamos haciendo. Rodeado de un equipo excepcional en una universidad top que nos apoya. Es difícil marcharse cuando estás bien.

EBL: ¿Qué hace falta para que los investigadores vuelvan a España o, al menos, que no se vayan tantos?

CLF: Lo importante es cuidar el talento mientras está en España. Pagar bien a los investigadores, que tengan un sueldo digno que les permita disfrutar de la ciencia. Y, para que la gente vuelva, hay que ofrecer contratos competitivos y con proyección. Falta tener un plan nacional a largo plazo en ciencia y en investigación. Tener una estrategia para reclutar talento científico, aunque sea con un objetivo pequeño. Es necesario para mantener un ecosistema de innovación a nivel nacional.

«Si España no apuesta ahora por la ciencia, cuando hemos podido ver en directo su importancia, querrá decir que no hemos aprendido nada»

EBL: ¿Hasta qué punto la falta de apuesta por la ciencia le ha pasado factura a España este último año?

CLF: Este último año y desde hace mucho tiempo. Estados Unidos tiene también problemas, pero una de sus cosas buenas es que siempre ha apostado por la ciencia y la tecnología. En España estamos luchando para conseguir que el 2 % del PIB se dedique a la investigación. Pero las economías más avanzadas dedican al menos el 3 %. Hace falta una apuesta de verdad y a largo plazo.

Esta pandemia nos ha enseñado lo importante que es contar con capacidad de respuesta científica. Hemos visto el desarrollo increíble de una nueva tecnología de vacunas de ARN mensajero. Sus descubridores, Katalin Karikó y Drew Weissman, estuvieron desarrollando la tecnología durante 15 años, una tecnología que en 10 meses nos ha permitido tener una vacuna cuando la media, con métodos tradicionales, son 10 años.

Si España no apuesta ahora por la ciencia, cuando hemos podido ver en directo su importancia, querrá decir que no hemos aprendido nada.

EBL: Algo que llama la atención de la investigación en Estados Unidos es la agilidad de su sistema. Por ejemplo, vosotros desarrolláis un prototipo de un sistema de test rápido de COVID-19 y, a los dos meses, ya lo tenéis clínicamente testado.

CLF: Las grandes universidades de Estados Unidos tienen una infraestructura alrededor, un ecosistema innovador que siempre está funcionando. Aquí tenemos una oficina de patentes para proteger la propiedad intelectual de todo lo que generamos, la universidad nos ayudó a preparar el ensayo clínico… Este ecosistema te permite avanzar rápidamente. En un contexto como el actual, en el que cada día cuenta, es de agradecer.

Esta infraestructura tiene que estar montada, no puede hacerse de un día para otro. En las universidades españolas hace falta invertir mucho dinero para crear todo este ecosistema.

test rápido de COVID-19

EBL: ¿Cómo funciona ese test que habéis desarrollado?

CLF: Tenemos tres prototipos actualmente. El primero que presentamos se basa en tecnología electroquímica. Permite transformar la información química que se genera cuando el virus se une a un receptor en una señal eléctrica que puede detectarse rápidamente. Puede detectarse con varios dispositivos, uno de ellos un pequeño aparato que se conecta a un teléfono móvil. Permite tener un resultado en pocos minutos y por un coste muy bajo, con una efectividad de alrededor del 90 %.

El segundo prototipo es una evolución de este sistema electroquímico. El tercero, cuyo paper estamos a punto de enviar para su publicación, es un test colorimétrico. Es como un test de embarazo, pero para la COVID-19. Tienes un hisopo de algodón que cambia de color en pocos minutos si se expone al virus. Aún estamos estudiándolo, pero el coste será inferior a un dólar por test.

EBL: Durante meses se ha repetido que era imposible hacer test diagnósticos todo el rato a todo el mundo. ¿Ahora mismo, con la tecnología actual, es factible?

CLF: Hay un par de test en el mercado que son bastante eficaces y asequibles que podrían ser usados para hacer un testeo masivo en la población. Hacerlo de forma regular nos ayudaría a prevenir los brotes y la transmisión del virus y, como consecuencia, prevenir las hospitalizaciones y las muertes. El testeo de alta frecuencia es una herramienta más para poder acabar con esta pandemia.

Es probable que la enfermedad se convierta en algo endémico, tal como pasó con la gripe. Es decir, es probable que el virus se quede circulando en el mundo de forma menos virulenta. Aun así, será fundamental mantener herramientas como las mascarillas o los test en el futuro. Podrían incluso aplicarse para otras enfermedades.

Quizá, en el futuro, al igual que hoy consultamos la predicción meteorológica para saber si coger un paraguas o no, consultemos cuándo serán los picos de infección de ciertas enfermedades y usemos herramientas como los test o las mascarillas para evitar contagios y muertes de personas vulnerables. Si tienes un test barato, te lo puedes hacer antes de visitar a los abuelos o antes de ir a un bar.

«Desde el día cero, la prioridad debería haber sido garantizar acceso para todos. Pero ya que estamos en un mundo desigual, lo mínimo sería que los países ricos donasen vacunas a los más pobres»

EBL: Si observamos el número de test PCR hechos diariamente, hay una diferencia clara entre países ricos y pobres. ¿Qué dificulta el acceso a la tecnología?

CLF: Hay muchos problemas que generan inequidad en el acceso a las tecnologías, tanto los test como las vacunas. El 75 % de las vacunas producidas hasta ahora las han comprado 10 países en todo el mundo. Con los test pasa lo mismo. La capacidad económica te da poder. Incluso dentro de países como Estados Unidos, los barrios más pobres han tenido mucho menos acceso a la tecnología. Por eso, es necesario que haya test más baratos y efectivos, para que los países en vías de desarrollo o comunidades con pocos recursos se lo puedan permitir.

EBL: Esta inequidad se ve claramente en la campaña de vacunación, que avanza a gran ritmo en los países ricos, pero apenas ha arrancado en los países pobres.

CLF: Tenemos que ser solidarios. Desde el día cero, la prioridad debería haber sido garantizar acceso para todos. Pero ya que estamos en un mundo desigual, lo mínimo sería que los países ricos donasen vacunas a los más pobres. Sobre todo, una vez alcanzado ese porcentaje del 70 % de población vacunada y, sobre todo, a aquellos más afectados, como pasa con Brasil, donde los hospitales están colapsados y sigue muriendo mucha gente. Lo responsable a nivel global sería ayudarlos.

entrevista a César de la Fuente

EBL: Las vacunas de ARNm son revolucionarias. ¿Cómo podrían cambiar la forma en que luchamos contra las enfermedades?

CLF: El ARN mensajero es un código derivado del ADN. Al ser un código, es reprogramable. Esto quiere decir que, si una nueva variante emerge, se podrá programar para que la vacuna sea efectiva. El tiempo nos dirá su verdadero potencial, pero parece que esta tecnología podría ser empleada para muchos otros tipos de vacuna. Las vacunas convencionales de la gripe, por ejemplo, son efectivas al 50 % aproximadamente. Con ARNm quizá se podría mejorar.

EBL: Aunque hayáis estado trabajando también con la COVID-19, tu laboratorio investiga, entre otras cosas, antibióticos y enfermedades infecciosas, ¿en qué estáis trabajando?

CLF: Trabajamos en varias líneas. Estamos intentando desarrollar nuevos antibióticos mediante inteligencia artificial, enseñándole a ordenadores a crear moléculas con capacidad antibiótica. También estamos estudiando el microbioma y cómo poder reprogramar las bacterias beneficiosas. Además, trabajamos en sistemas de diagnóstico para superbacterias, bacterias resistentes a la mayoría de antibióticos.

Utilizamos modelos de inteligencia artificial combinados con ensayos de laboratorio. Lo que las máquinas producen, lo validamos experimentalmente tanto in vitro como in vivo, en modelos animales.

EBL: Las superbacterias son un problema cada vez mayor, ¿se le presta suficiente atención?

CLF: Creo que no. Estoy intentando comunicarlo un poco mejor, con más insistencia, porque son una pandemia silenciosa. Se está incrementando el número de bacterias resistentes a antibióticos. Cada vez vemos más gente enferma que no puede tratarse con los antibióticos que tienen los hospitales. Aun así, parece que hay poco interés por parte de la industria farmacéutica y por parte de los Gobiernos.

Tenemos que prepararnos bien para que no pase como con el coronavirus. La proyección es que para el año 2050 mueran 10 millones de personas anualmente de infecciones causadas por superbacterias si no desarrollamos nuevas estrategias antibióticas.

EBL: Además de la amenaza de las superbacterias, la OMS advierte también del riesgo de más pandemias en el futuro cercano. ¿Se quedarán algunas de las medidas que hemos visto este último año mucho tiempo entre nosotros?

CLF: Confío en que hayamos aprendido muchas cosas para que algo tan dramático como la pandemia de COVID-19 no vuelva a ocurrir. El uso de mascarillas es probable que se quede entre nosotros, sobre todo, en ciertos periodos del año cuando la incidencia de los virus estacionales es mayor. El testeo en casa también se va a ir implementando, la tecnología desarrollada este último año lo hace posible. Es eficiente y asequible. Por último, como decíamos antes, las vacunas de ARN mensajero se van a quedar y se seguirán usando en el futuro.

Imágenes | Penn Medicine

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