La ‘start-up’ que recoge y recicla colillas: «La gente debe acostumbrarse a echarlas a sus contenedores»

A pesar de ser un mal hábito que va a menos, 8 millones de españoles todavía fuman todos los días, según la Asociación Española Contra el Cáncer. Y más allá de seguir siendo un problema de salud pública, también lo es para el medioambiente. Para muestra, todas esas colillas que seguimos viendo en las basuras y suelos de ciudades y pueblos. La cuestión es que es un vicio contaminante: un solo cigarrillo afecta a 500 litros de agua y tarda 12 años en descomponerse. En este sentido, el 40 % de los residuos que soporta el Mediterráneo proceden del tabaco. ¿Sería posible entonces reciclar colillas y reducir su impacto en el planeta?

La respuesta es sí. Para resolver este problema nació Keenat, una start-up francesa que se ocupa, entre otras cosas, de eso. La empresa, que nació hace tres años, está presente también en España y Alemania, y ofrece una solución completa para reducir el impacto medioambiental procedente de los cigarros: la instalación de contenedores y ceniceros especiales para depositarlos y después reciclar esas colillas, convirtiéndolas en nuevas fuentes de energía o materiales plásticos.

Keenat asegura que cuenta con un equipo de especialistas que trabaja para cambiar la forma en que se gestionan los residuos, ofreciendo un servicio local rápido, flexible, fácil de configurar y donde todo está incluido. Hablamos de todo esto con el country manager en nuestro país, Adrien Garcia.

El blog de Lenovo (EBL): ¿Dónde y cuándo nació Keenat?

Nació en 2016 como asociación y desde 2019 es una empresa. Estamos en Burdeos, que desde hace unos 5 o 6 años es la ciudad más atractiva de Francia para las startups. Hay muchas incubadoras que de París se fueron allí. Ahora contamos con unos 30 trabajadores.

EBL: ¿Quienes son los fundadores?

Erwin (Faure), quien antes trabajaba para la empresa Suez, la más grande de Francia en gestión de residuos, tuvo la idea. En la incubadora de Burdeos encontró a Eduard (Vergé), quien venía de la industria de la automoción, y a Sandrine (Poilpre), que había recubierto varios roles de directiva en empresas como Carrefour y varias emergentes. Todos son treintañeros.

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EBL: ¿Dónde se desarrolla el negocio?

Francia representa la mayor parte de la actividad económica de la empresa. El año pasado facturamos 1 millón de euros. Ahora el 42 % del capital social pertenece a inversores que proceden de la economía verde y que pusieron 1.5 millones de euros en septiembre de 2022. Se trata de fondos franceses y europeos que invierten en empresas que tienen una visión medioambiental y social. En España ya tenemos a varios clientes distribuidos por casi todo el país.

EBL: ¿Quiénes son los clientes?

Son principalmente empresas, instituciones, hospitales y gestores de residuos. Pero también pueden ser ayuntamientos, para cubrir estadios, aeropuertos o estaciones de trenes. Todos los sitios donde se pueda acumular basura. Los hospitales, por ejemplo, tienen obligaciones legales muy estrictas en la gestión de basura, así que ya están acostumbrados a clasificarla y a tener contenedores diferentes. De hecho, trabajaremos para cuatro hospitales más en 2023. La tipología de clientes es muy variada y va desde compañías de 50 personas a otras que tienen 5000. Por otro lado, el proceso de venta es muy largo porque para ellos la recogida de colillas es importante pero no vital, y la decisión pasa por muchos departamentos diferentes.

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EBL: ¿Qué les vendéis?

Nosotros ofrecemos un servicio que se articula en diferentes pasos. Primero llevamos a cabo una auditoría para identificar las zonas de fumadores. Luego damos a elegir el tipo de cenicero según el cliente y los instalamos. Hay cinco tipos, y están hechos de acero. Utilizamos la gamificación para empujar a las personas a que los usen. Por ejemplo, hay un modelo con dos agujeros y por encima de cada uno se puede poner una pregunta. Un cliente de Sevilla ha puesto: “¿eres del Betis o del Sevilla?”. Es solo un juego para atraer la atención, no recogimos datos. Hay una suscripción mensual y la frecuencia de la recogida puede ser semanal o anual, dependiendo del cliente.

EBL: ¿Y hay un trabajo de concienciación?

Sí, de hecho es la parte más importante. Utilizamos carteles, vídeos y jornadas de sensibilización para crear una comunicación interna eficaz que explique la iniciativa. La recogida de colillas la llevamos a cabo a través de empresas de integración social que nosotros subcontratamos. Por ejemplo, en España colaboramos con el grupo SIFU, que trabaja exclusivamente con personas con discapacidad. Para nosotros esto es obligatorio porque la sostenibilidad ambiental y social deben ir juntas, y si queremos cambiar las cosas tenemos que incluirlo todo.

EBL: ¿No hay un problema de educación también?

Por supuesto, yo mismo soy fumador y hasta hace pocos años las tiraba porque me faltaba educación. Nosotros queremos entrar en la cabeza del consumidor. Estamos produciendo una cantidad enorme de basura que está destrozando el planeta, y esto ya lo sabe todo el mundo. No es complicado cambiar la mentalidad de la gente, de hecho ya todos sabemos qué hay que hacer, y es cuestión de facilitarlo. La gente ya tira sus plásticos en los contenedores amarillos. Pues ahora debe acostumbrarse también a no echar las colillas al suelo y a buscar sus contenedores.

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EBL: ¿Hay evidencias de que el sistema funcione?

En Francia pusimos unos 30 contenedores en Burdeos y con un partner nuestro que produce software analizamos si su presencia ayudaba a que la gente tirase menos colillas en el suelo. Se hicieron fotos de las calles al principio de la iniciativa y seis meses después: la cantidad de colillas en el suelo se redujo en un 50 %.

EBL: ¿Cómo funciona la fase de reciclar colillas?

El reciclaje se basa en la extracción del plástico de las colillas y su descontaminación para luego reutilizarlo. En España tenemos socios con los que las almacenamos hasta tener una cantidad suficiente para enviarla a Burdeos. Allí tenemos una planta para el reciclaje, pero también nos apoyamos en una empresa que está a 50 kilómetros de nuestra sede. Hasta ahora hemos recogido unas seis toneladas de colillas. Finalmente, con el material reciclado producimos placas que ponen ’Empresa 0 colillas’ y las alquilamos a los clientes.

EBL: ¿Y no se usan para más cosas?

Por supuesto se podrían producir muchas más cosas. Pero nosotros solo queremos hacer estas placas, y además no las vendemos. Esto es porque queremos mantener el control total sobre la vida útil de los objetos que se obtienen de reciclar colillas. Nunca perdemos la trazabilidad de nuestros residuos y esto es la base de la economía circular. Si produjéramos gafas u otras cosas no podríamos saber dónde acaban y sería como desplazar la contaminación.

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EBL: ¿Las empresas solo ganan en imagen?

Hoy en día las empresas valoran mucho poder ofrecer una imagen de sostenibilidad. Y nuestro servicio se los permite tanto internamente como externamente. También tenemos una web con un área para clientes donde se mantiene la trazabilidad de los residuos en todo momento.

EBL: ¿No hay peligro que os utilicen para hacer greenwashing?

La Directiva europea para liminar el plástico de un solo uso en 2025 incluye las colillas. Es decir, que como no pueden prohibirlas, imponen un impuesto extra a la industria tabaquera por cada cigarro que ponga en el mercado. Esta ya es una forma de greenwashing, porque a base de pagar se les permite seguir produciendo algo que contamina. Nosotros no trabajamos con ninguna empresa relacionada con este sector, pero trabajamos con Total, una petrolera que ha protagonizado muchos escándalos medioambientales. Antes de firmar el contrato lo hablamos mucho, pero sabemos que casi todas las gasolineras de Francia son de ellos. Allí se para un montón de gente que tira sus colillas en el suelo, y el viento las dispersa en el medioambiente. Pues trabajar con ellos era una oportunidad para solucionar en parte un grave problema de contaminación. Nada es blanco o negro. Claro que hay un riesgo de que las empresas utilicen nuestro servicio para limpiar su imagen, pero ¿qué podemos hacer si ya la UE y la industria se ponen de acuerdo?

EBL: ¿Y qué pasa si la gente deja de fumar?

Será una buena noticia porque significa que habrá gente con mejor salud. Nosotros seguimos con esto porque cada día casi nueve millones de colinas se tiran al suelo en España (4.5 billones en el mundo). Y cada una tarda dos años en descomponerse. Aunque la mitad de los fumadores lo deje, el problema seguirá. Además ahora tenemos proyectos para recolectar y reciclar mascarillas y también chicles. Está claro que hay un objetivo económico, pero debe ir de la mano del social y medioambiental.

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Imágenes | Keenat

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