Fernando Valladares: “Apostar por los comportamientos individuales, como el ahorro energético, es escurrir el bulto”

Doctor en Biología, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, profesor asociado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Ecología… A Fernando Valladares no le falta el trabajo, pero destaca, sobre todo, por su activismo y divulgación científica. Entre sus estudios sobresalen aquellos relativos al papel de la biodiversidad y los impactos del cambio climático y de la actividad humana en los ecosistemas.

Toda esta labor, galardonada en 2021 con los premios Jaume I de Protección del Medioambiente y de Comunicación Ambiental de la Fundación BBVA, le ha convertido en una figura de referencia consultada semanalmente por diversos medios de comunicación. A ello suma su propia voz, que se expresa a través de su canal La Salud de la Humanidad en las redes sociales.

Con él hablamos del estado del arte de los cambios que el planeta está experimentado, de sus consecuencias seguras y las posibles respuestas que los ciudadanos, las empresas y la clase política pueden y deben ofrecer.

El blog de Lenovo (EBL): 2003 fue el verano del gran calor, ¿cómo ha sido 2022?

2003 fue un año en el que aprendimos mucho. Aquella ola de calor nos pilló desprevenidos en toda Europa y causó muchas muertes. Luego, esos récords fueron superados por otros años aún más calurosos, pero la ciencia ya estaba mejor preparada. Aprendimos a valorar factores sistémicos, por ejemplo: descubrimos la relevancia que tuvo la mala condición de los bosques en esa ola de calor. Entonces tampoco sabíamos a qué atribuir esas muertes y las estadísticas fueron muy poco fiables.

Por otro lado, este verano ha marcado récords en casi todos los parámetros, con olas de calor muy tempranas y largas. Ha habido 120 000 fallecimientos en España, de los cuales unos 20 000 son atribuibles al calor excepcional. Y eso que ahora estamos mucho mejor preparados a nivel de alertas tempranas, sistema sanitario y comportamientos individuales. Lo cierto es que si hubiéramos estado en las condiciones de 2003, los fallecimientos de este 2022 se habrían multiplicado por 10.

subida mares

EBL: ¿Son ciertas las alarmas sobre huracanes y tropicalización del área del Mediterráneo o es sensacionalismo?

El aumento de fenómenos extremos es cierto, lo que pasa es que es una transición gradual. Este verano en una gran parte del Mediterráneo occidental se han superado los 30 grados, con consecuencias en la flora y la fauna y en la meteorología, como la gota fría. Pero también huracanes que se conocen como medicanes por su localización en este mar.

EBL: ¿Esto tiene que ver también con la subida del nivel de los mares?

En las zonas bajas de la costa, como el delta del Ebro o en los litorales andaluz, catalán y valenciano ya estamos viendo un fenómeno que se conoce como desbordamiento marino, que provoca la erosión de las costas. Tiene que ver no solo con la subida del nivel del mar, sino también con cambios en las corrientes, las bajas y altas presiones. Pero, además, se relaciona mucho con la edificación salvaje en primera línea que hicimos en su día, y aún hacemos, de forma irresponsable y muchas veces ilegal.

EBL: Siendo realistas, ¿llegaremos a notar las consecuencias?

Basta con pensar en el tren que va de Girona a Barcelona, que en muchos tramos pasa unos pocos metros por encima del agua. Igual que muchos puertos españoles que se construyeron para otro mar y ahora se tienen que modificar. Estamos pagando una arquitectura y un urbanismo que no consideraron el cambio climático, en contra de la recomendación científica. Por ejemplo, construir encima de las dunas fue una irresponsabilidad enorme. Para protegernos deberíamos retirarnos unos 100 o 130 metros de la línea de costa, pero hay mucha oposición económica. En cambio, imponer al mar nuestro diseño sí es antieconómico, ya que antes o después fracasará.

EBL: Sin embargo, la percepción es que es algo que no afecta tanto al presente, ¿es erróneo?

Estamos en una fase exponencial en la que los cambios se aceleran. Si antes una subida del mar se notaba en diez años, ahora ocurre en tres. Lo que pasa es que hay una fuerte variabilidad entre las estaciones, puede haber una más caliente y otra más fría, lo cual enturbia la percepción de los ciudadanos. En cualquier caso hay que mirar la tendencia general y los datos científicos, que son muy claros: esto ocurre ahora, es el presente.

Ambientalismo

EBL: El cambio climático es un fenómeno absoluto, pero con efectos relativos, porque hay países, los nórdicos por ejemplo, que hasta se podrían beneficiar de ello. ¿Cómo se puede abordar una lucha global?

Es cierto que, yendo al detalle, hay diferentes intereses de varios países, pero el objetivo global es común, porque aunque nosotros no vivamos en la Amazonia sufriremos las consecuencias de su desaparición. Lo mismo se puede decir en cuanto a los países árticos que pretenden aprovechar las temperaturas más templadas y la apertura de nuevas rutas comerciales. Esta es una visión muy miope, ya que estamos todos conectados y al final todos acabaremos sufriendo las consecuencias. Hace falta comprensión, coordinación y gobernanza mundial.

EBL: ¿Con qué credibilidad Occidente puede pedir a los países en vías de desarrollo que contaminen menos cuando él es el principal responsable de la condición actual?

No es solo una cuestión de fuerza moral, los países más ricos tienen la fuerza económica y tecnológica para imponer un cambio a los menos desarrollados. Por ejemplo, perdonando la deuda de estos a cambio de medidas a favor del clima. Es algo mucho más eficaz y valiente que crear fundaciones o dar limosnas. Al mismo tiempo, necesitamos transferir tecnologías a estos países sin cobrarlas. Pero, desafortunadamente, no vamos sobrados de política valiente.

EBL: A veces la lucha contra el cambio climático parece un fenómeno generacional. ¿Esto le resta contundencia, al no tener los jóvenes mucha influencia en las decisiones políticas?

Sabemos que es necesario un pacto entre generaciones acerca del legado que le dejaremos a la humanidad del futuro. Pero esto no se está traduciendo en hechos concretos. Se intenta incorporar a jóvenes en algunos centros de decisión o dar voz a representantes como Greta, pero de momento no dejan de ser cosas simbólicas. Una vez más, debemos apelar a la generosidad de la generación que tiene el poder de decidir, que además es en gran medida la responsable de esta situación. Las cosas pasan deprisa, por tanto no debemos esperar un cambio o un relevo en el poder, sino subirles a bordo ya, escucharles y hacerles partícipes ahora [a los jóvenes]. Debemos acortar el tiempo de respuesta general.

EBL: En muchos países existen partidos verdes de éxito y, en cambio, en otros como España, este es un tema bastante marginal. ¿Cuál es la receta para integrar el medioambiente en el debate político?

Lo mejor es lo que es posible. Y lo que es posible es diferente en cada país, porque cada nación tiene una historia y una cultura diferente. Me gustaría que se hicieran planes simultáneos, con partidos verdes, a la vez que se introducen cargas ambientalistas en los programas de todas las formaciones políticas, incluyendo a los negacionistas, dejando el cortoplacismo y el egoísmo. Pero es cierto que no es fácil, así que optaría por lo que tenga más posibilidades de éxito, mirando los datos de forma muy pragmática.

EBL: ¿Qué relevancia real tienen los comportamientos individuales?

Apostar por los comportamientos individuales, como el reciclaje o el ahorro energético, es una forma de escurrir el bulto, transfiriendo la responsabilidad a los ciudadanos. Es algo que viene de lejos. Por ejemplo: las petroleras siempre lo han hecho con la complicidad de los gobiernos, que pedían a los ciudadanos que se movieran en bicicleta. Es una forma perversa de negacionismo, porque no niega pero permite no hacer nada directamente. Debemos tener tolerancia cero ante esto. Por supuesto, soy un defensor del papel individual de la ciudadanía, pero debemos ser intolerantes frente a estos comportamientos de los gobiernos y del sector privado. Ellos tienen una influencia y una capacidad de acuerdo global que el ciudadano no tiene.

EBL: ¿Cómo deberían actuar los gobiernos?

Antes de pedirte que recicles las botellas de plástico en el contenedor amarillo, deberían crear un programa para que haya menos botellas en circulación. Eso es desafiar el origen del capitalismo, que quiere hacer negocio de todo, incluida la propia crisis climática. Se venden productos ‘ecológicos’ que no lo son -pensemos en la Fórmula 1 ‘ecológica’- y que son formas de atenuar nuestra huella pero no de ser sostenible. El Gobierno de España está proponiendo las medidas que tocan ahora, pero que no son la solución. Está dando mucha relevancia al comportamiento ciudadano y a la eficiencia energética cuando no es esta la que va a resolver el problema. Es necesaria, pero no es suficiente.

EBL: ¿Y el papel de las empresas?

Necesitamos la ayuda y el compromiso del sector privado, que no puede quedarse en un greenwashing superficial. Se deben evitar los negocios a corto plazo y mirar más allá. Si las grandes empresas se preocuparan por la sostenibilidad de su negocio a 10 años vista, a lo mejor no ganarían mucho dinero este trimestre, que es lo único que miran ahora, pero entenderían que esta es la única forma para que les salgan las cuentas a largo plazo.

 

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Imágenes |Kelly Sikkema/Unsplash, Markus Spiske/Unsplash

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