¿Qué pasará cuando se derrita el permafrost? La respuesta está en el pasado

La tierra helada del Ártico es una cárcel de carbono. Atrapados durante siglos, el metano y el CO2 se acumulan en cantidades mayores que las que existen en la atmósfera. Pero eso está cambiando. Los inmensos depósitos de gases de efecto invernadero del planeta están empezando a liberarse. Se ha iniciado un nuevo círculo de retroalimentación del cambio climático que no sabemos a dónde nos va a llevar.

El futuro es siempre incierto. Por mucho que hayamos avanzado en el conocimiento de las dinámicas oceánicas, terrestres y atmosféricas, por mucho que se hayan optimizado los modelos climáticos, todavía quedan zonas grises. Lugares sin respuestas claras. Qué va a pasar cuando se derrita el permafrost, la capa de suelo permanentemente congelado típica de las regiones circumpolares es uno de estos lugares.

Las respuestas son hoy más necesarias que nunca. El permafrost ya ha empezado a derretirse y la liberación en grandes cantidades de dióxido de carbono y metano ya han empezado a tener lugar. Un grupo internacional de científicos asegura haber encontrado algunas respuestas en el pasado. Y no son buenas noticias.

La liberación de metano ya ha comenzado

En ningún lugar del planeta el calentamiento es tan evidente como en el Ártico. Allí, los valores mensuales de extensión del hielo marino disminuyen para todos los meses del año, y su espesor no deja de menguar. El deshielo completo del permafrost se ya da por seguro en algún momento, antes o después. Y, con él, se liberará todo el carbono que ahora mismo está atrapado.

“El permafrost […] es objeto de calentamiento y deshielo. Y las proyecciones apuntan a un deshielo generalizado de ese tipo de terreno durante el siglo XXI. Incluso aunque el calentamiento global se limite a valores muy inferiores a 2 °C, aproximadamente el 25 % del permafrost situado cerca de la superficie (3-4 metros de profundidad) se habrá descongelado de aquí a 2100”, explican desde el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

el permafrost se descongela en Siberia

“El permafrost de las regiones ártica y boreal almacena grandes cantidades de carbono orgánico, prácticamente el doble de carbono que el contenido en la atmósfera; y su deshielo podría incrementar notablemente la concentración de gases de efecto invernadero”, continúan desde el panel de expertos. “Resulta difícil saber si ya se está produciendo una liberación neta de dióxido de carbono o metano a causa del actual deshielo”.

Desde la publicación de estas afirmaciones, como parte del último informe sobre el océano y la criosfera del IPCC en septiembre de 2019, la ciencia ha añadido nuevos datos a la ecuación. Es difícil hablar de certezas, pero parece que la liberación masiva de carbono, en forma de CO2 y metano, ya ha comenzado.

El pasado mes de septiembre, investigadores suecos, franceses y brasileños publicaron un estudio en el que describían la fuga de grandes cantidades de metano del lecho oceánico. Allí, el gas está en forma de hidrato, una sustancia similar al hielo. Esta se forma por las bajas temperaturas y las altas presiones del fondo del mar. El ascenso de las temperaturas estaría provocando la desestabilización del hidrato de metano.

En octubre, los investigadores a bordo de la expedición ártica sueca y rusa International Siberian Shelf Study (ISSS) señalaron que en las profundidades del mar ártico de Laptev también se había detectado la liberación de grandes cantidades de metano que, hasta entonces, había estado congelado. ¿Qué pasaría si se derritiese todo el hielo de las zonas polares y el permafrost?

El pasado tiene la respuesta para el futuro

barco de exploración ártica

Entre los investigadores a bordo de la ISSS, otro grupo liderado por la Universidad de Estocolmo decidió buscar respuestas en la historia geológica de nuestro planeta. Su trabajo, publicado en Science Advances, analiza los siglos que supusieron el fin de la última Edad de Hielo, hace entre 14.700 y 11.700 años. Entonces, el permafrost se derritió casi por completo y sus efectos sobre el sistema global anticipan un escenario complicado en el futuro.

“Parece que el calentamiento del Ártico en solo unos pocos grados Celsius es suficiente para perturbar grandes áreas cubiertas por permafrost y afectar potencialmente el sistema climático”, explica Jannik Martens, primer firmante del artículo. Además, en un escenario de calentamiento, no solo se liberarían grandes cantidades de CO2 y metano desde el Ártico; también aumentaría la erosión de las zonas costeras en estas áreas. Esto, a su vez, aceleraría la destrucción del permafrost liberando más gases y aumentando el cambio climático. Un círculo de retroalimentación difícil de detener.

“Cualquier liberación de gases provocada por el deshielo del permafrost significará que habrá menos margen para la liberación antropogénica de gases de efecto invernadero antes de que se alcancen niveles de concentración peligrosos”, añade Örjan Gustafsson, profesor de la Universidad de Estocolmo y líder de la investigación. “La única forma de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el permafrost es mitigar el calentamiento reduciendo las emisiones de origen humano”, apunta.

El Acuerdo de París, firmado en 2015, establece que los países deben reducir sus emisiones para frenar el calentamiento global a un máximo de 2 °C sobre las medias de temperatura previas a la revolución industrial. El escenario ideal, que se da ya por imposible, sería limitarlo a 1,5 °C. Superar los dos grados supondría que, al menos una vez cada tres años, el Ártico se descongelaría por completo, según el IPCC. Con él, se iría buena parte del permafrost y explotaría una bomba climática cuyos efectos solo empezamos a intuir.

Imágenes | Pixabay, Imaggeo, ISSS2020

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