¿Cuánta educación cabe en 280 caracteres?

La relación entre tecnología y educación está en el punto de mira. Algunos centros abrazan la digitalización mientras otros rechazan por completo la presencia de pantallas en las aulas. Pero ¿y si existiese una solución a medio camino?

Detectar la falacia de un tuit de un político. Dirigirse a un troll con una coma antes del vocativo. Reflexionar de forma racional ante uno de los miles de bulos que plagan la red. Evitar terminar las frases con cuatro puntos suspensivos o tres exclamaciones. Los #FiloRetos de Eduardo Infante y los Detectives de la ESO del Instituto Cuatro Villas de Berlanga son dos ejemplos de que se puede educar con Twitter, enseñar con las redes y en las redes.

La educación necesita entrar en las redes sociales porque allí vive una parte cada vez más importante de la sociedad. Y allí, sobre todo, están creciendo los ciudadanos del futuro. Twitter funciona como herramienta educativa y estas dos experiencias lo están demostrando.

Twitter en los colegios

Twitter al rescate de la ortografía

Que en las redes sociales se maltratan la ortografía y la gramática no es ningún secreto. Pero, desde hace poco menos de un año, un equipo de detectives merodea por Twitter llamando la atención a todo aquel que ponga mal una coma. Buscando las tildes perdidas y salvando las haches de caer en el olvido. Son @ESO_detectives. Lo hacen con educación y respeto, aunque no todo el mundo se lo toma bien.

“El principal reto de este proyecto viene de los riesgos propios de las redes sociales. Mucha gente no se toma bien que les corrijan las faltas de ortografía. Hemos tenido casos de gente que nos ha escrito de malas maneras. No quería exponer a los chicos a esto. El mayor reto fue dejarles claro a los alumnos que se tenían que quedar solo con los mensajes positivos y olvidar el troleo, ser siempre elegantes”, explica Alejandro Galán, profesor de geografía e historia del instituto Cuatro Villas de Berlanga, Badajoz, e impulsor de la iniciativa.

La idea llegó del otro lado del Atlántico. Un colegio brasileño había estado usando Twitter para aprender inglés. “Corregían faltas de ortografía y gramática a famosos. Me gustó la idea y pensé que por qué no hacíamos algo parecido, pero con nuestra propia lengua”, añade el profesor. En noviembre de 2018 se abrieron el perfil. Hoy tienen cerca de 14.000 seguidores.

El proyecto nació con dos objetivos. El primero, el más concreto, era reducir las faltas de ortografía de los alumnos de un grupo de 3º de ESO del instituto. El segundo era un poco más utópico. “Al hacerlo de forma pública en las redes sociales, pensamos en potenciar el debate sobre cómo escribimos. A ver si la gente empieza a prestar más atención a la forma en que escriben los mensajes”, señala Alejandro Galán.

Tras 11 meses como policía ortográfica de Twitter e Instagram, los resultados han sido buenos. “Aquellos que se han implicado más y han participado mucho se nota que han mejorado su ortografía y su redacción”, explica su profesor. “Los primeros meses tenía que estar muy pendiente de lo que publicaban, porque solía haber errores en sus propios mensajes mensaje. Pero, después de hacerlo tantas veces, apenas cometen errores”.

Durante los meses de verano, Twitter volvió a llenarse de faltas. Pero llegó septiembre, las aulas se abrieron y los detectives volvieron a la acción.

Twitter y el ágora

“La mayoría de los discursos disponibles en internet van directamente a la amígdala, a las emociones. Y, sobre todo, a dos muy primarias: el miedo y el odio. Cuando actuamos movidos por ellas dejamos de pensar, actuamos de forma automática. La única solución a esto es la filosofía y el pensamiento racional”. Y Eduardo Infante, profesor de filosofía del centro de enseñanza secundaria San Eutiquio de Gijón, decidió llevar su reflexión a lo más parecido al ágora de las ciudades-estado griegas en el siglo XXI: Twitter.

Desde hace tres años lanza #FiloRetos a sus alumnos. Pequeños (que no sencillos) retos filosóficos para resolver en menos de 280 caracteres. La idea surgió tras un recreo en el que había estado debatiendo con un compañero sobre si los jóvenes se comunicaban lo suficiente o pasaban demasiado tiempo en las pantallas. “Cuando sonó el timbre del recreo pensé que era poco natural sacarlos de su mundo, de la pantalla, y meterlos en el aula de filosofía. Lo que podía intentar era meterles el aula de filosofía en la pantalla”, explica Eduardo.

Este profesor optó por Twitter por dos razones. La necesidad de síntesis de los tuits le permitía forzar a sus alumnos a reflexionar y resumir las ideas. “Además, Twitter también me permite orientar los discursos de la filosofía y la ciencia hacia el mundo real. El año pasado conseguimos, por ejemplo, contactar con dos físicos que trabajan en el CERN y nos dieron en directo una clase de cosmología. Fue una pasada”, señala el profesor de filosofía.

El objetivo de la iniciativa de los #FiloRetos es que los alumnos apliquen la filosofía a la vida. “Pensar la vida y vivir el pensamiento”, asegura Eduardo Infante. Y, de paso, reforzar la presencia de la filosofía y el pensamiento racional en la esfera de las redes sociales. “Si no, camparán a su anchas el relato, la propaganda, las fake news y los discursos puramente emocionales».

Los resultados han sido inmediatos. Conseguir que los alumnos entiendan que la filosofía es una herramienta útil en el día a día y, además, probar una experiencia educativa en un entorno conectado que, en realidad, es el mundo de la mayoría de los jóvenes. “La educación tiene que estar enfocada de forma que les sea útil a los alumnos para el mundo en el que les ha tocado vivir. Y ese mundo, hoy en día, es tecnológico”, añade el impulsor de #FiloRetos. “No quiero crear productores de mercancías, quiero crear ciudadanos libres y autónomos y esta metodología me está ayudando mucho”.

Educación con Twitter: ¿sí o no?

Entre dejar que la tecnología cope toda la educación y vetar las pantallas en los colegios hay, como siempre, un amplio abanico de grises. “Como docentes tenemos que tomar decisiones con base científica. Por ejemplo, hoy en día sabemos que hay determinadas áreas del cerebro que solo se desarrollan mediante la lectoescritura tradicional. Por lo tanto, es necesario que los alumnos cojan un lápiz y escriban a mano”, explica Eduardo Infante.

Para este profesor afincado en Gijón, aunque natural de Huelva, elegir entre enseñanza clásica o tecnológica es un falso dilema. “Creo que cuantas más herramientas tengamos, mejor podremos resolver los problemas a los que nos enfrentamos”.

“Twitter me ofreció la posibilidad de conseguir su atención plena desde el minuto uno. Se tomaban las cosas de otra manera”, añade Alejandro Galán. “Por otro lado, las redes sociales son algo muy presente en su día a día. Se trata de que las apliquen de un modo diferente, que vean que no solo valen para seguir a sus ídolos o entretenerse”.

“Google es la antigua biblioteca de Alejandría. Todo el conocimiento está ahí. Pero el conocimiento y la verdad conviven con la mentira, los bulos y la propaganda. La tarea del profesor también tiene que ser dotar a los alumnos de las herramientas necesarias para que sepan diferenciar la información verdadera de los mensajes manipulados”, reflexiona Eduardo Infante.

Las redes sociales son una herramienta potente. Las pantallas son parte esencial del mundo en el que vivimos. Negar la participación de estas tecnologías de la comunicación en una parte fundamental del desarrollo de los ciudadanos como es la educación es cerrarle la puerta del nuevo mundo a los docentes. “Si los docentes no estamos ahí, ya están otros. Aquellos que se dedican profesionalmente a manipular a nuestros alumnos”, concluye Eduardo.

Imágenes | Unsplash/Banter Snaps, ROBIN WORRALL