¿Eres adicto a Netflix? Netflix lo sabe, y lo esconde

En verano de 2018 estalló una polémica en EEUU cuando el actor Guy Pearce (Memento) habló de cómo Netflix prohíbe a los actores el uso de la expresión binge-watching. En español la traducimos como “darse un atracón” o “hacer una maratón”. En cualquier caso, ver muchos capítulos seguidos de una serie.

Es algo que Netflix lleva años fomentando y, aunque esta polémica no cambia la calidad de las series de la plataforma, sí alerta sobre su modelo de negocio. ¿Somos yonkis de Netflix? ¿Netflix lo sabe? ¿Es Netflix nuestro camello de información? Es probable. ¿Por qué a Netflix no le gusta binge-watching?

‘Binge-watching’, una conducta compulsiva

Hace tiempo que se sabe que no todas las adicciones implican sustancias como la comida o el alcohol. Las adicciones al comportamiento existen, y el psicólogo Adam Alter se dedica a retratarlas. Pulsar el botón “Me gusta” de Facebook, por ejemplo, puede derivar hacia una adicción por su recompensa social. La adicción a los videojuegos es otro ejemplo.

Otro más es la adicción al smartphones. Marc Masip, psicólogo y experto en adicción a las nuevas tecnologías y director del Instituto Psicológico Desconecta, habla sobre ellas en su libro, ‘Desconecta’ (2018).

En él se trata esta última adicción como cualquier otra adicción a sustancias, más conocidas, y se argumenta que las consecuencias son tan perjudiciales como el exceso de alcohol o comida. De hecho, en inglés existen las expresiones binge-drinking y binge-eating para referirse a las conductas compulsivas de ingerir alcohol o comida.

“Compulsivas”. Precisamente ahí está la clave. Si los binge-drinking y binge-eating son conductas fruto de nuestra adicción, ¿es el binge-watching también una conducta compulsiva? Si lo es, buena parte de nosotros somos adictos, y es lógico que desde Netflix no quieran que tomemos consciencia.

Tras analizar la reproducción continua de Netflix, a Adam Alter no le queda ninguna duda de que la respuesta es positiva. De hecho, el sistema está diseñado para mantenernos dentro de la plataforma. Alter, en su libro ‘Irresistible’ (2018), incluso ha ideado un “método” para evitar caer en el atracón de capítulos.

¿Se puede salir del ‘binge-watching’?

No hay ninguna adicción de la que uno no pueda escapar, pero su grado de dificultad varía.  Adam Alter analiza el modo de reproducción continua y se da cuenta de que los capítulos de Netflix y otras plataformas de streaming siguen un mismo patrón basado en el clásico suspense que presentan los capítulos de las series, reforzado con el hecho de que Netflix suele subir todos los capítulos de golpe.

Al final del capítulo 1, por ejemplo, se introducía un suspense, al que Alter llama “suspense 1”. Por ejemplo, ¿quién es el asesino? Este se resuelve al inicio del capítulo 2, pero a final del mismo se introduce el “suspense 2”. Por ejemplo, ¿por qué había empezado a matar?

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Esto no es nuevo, y Netflix lo sabe desde octubre de 2015, cuando hizo un estudio sobre el comportamiento de sus usuarios en la plataforma. Esta cadena de eventos nos deja en un estado de dependencia constante, y Adam tiene dos soluciones, que curiosamente toma de Patrick Allan en 2014, tiempo antes de que Netflix activase su reproducción automática:

  1. ver el capítulo y cerrarlo al final, cuando el suspense aceche;
  2. ver solo los cinco o diez primeros minutos del capítulo, cuando el suspense anterior esté resuelto.

¿Cómo afecta el ‘binge-watching’ en la salud?

Los efectos del binge-drinking y binge-eating resultan evidentes: alcoholismo y obesidad como partida. Pero, ¿qué causa el binge-watching? Como todas las adicciones basadas en la conducta, el mayor problema de los maratones de series constantes es el dejar de hacer otras actividades.

Este tipo de actos suelen tener lugar de noche, cuando dejamos atrás las labores del día. En un tiempo destinado a dormir, consumimos mucha televisión. Esto hace que nos acostemos tarde, mientras que la hora de entrada al trabajo no avanza durante el día de acuerdo al número de capítulos visualizados.

En otras palabras, rendimos menos durante el día y descansamos mal. Pero hay más: el binge-watching fomenta un sedentarismo que no necesitamos. Hace tiempo que se sabe que glúteos y hombros, dos de los motores de fuerza principales del cuerpo, se desactivan al sentarnos.

Dormir menos y moverse menos no son actividades recomendadas. Es lógico que Netflix busque eliminar el concepto binge y proponga otros diferentes con connotaciones menos negativas. Por ello ha dado la orden a sus colaboradores de no usar esa palabra. ¿Dónde está la ética de la plataforma?

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La ética tras Netflix

No es la primera vez que hablamos sobre el uso responsable de la tecnología, o de la ética necesaria para que esta resulte buena para nosotros. Hace ya mucho nos preguntamos en Lenovo si los niños que juegan con pantallas se aíslan y vuelven adictivos a ellas, y resolvimos que la mesura es una virtud.

Las pantallas no son malas. El sistema de Netflix, como plataforma, tampoco. Ni los videojuegos. El problema aparece cuando un acto (ver un capítulo, leer en el móvil) surge por una compulsión. Cuando no podemos elegir cuándo apagar el televisor o dejar de jugar a un videojuego. Y el binge-watching fomenta este descontrol.

Por fortuna, aunque Netflix trate de ocultar el término y su relación con la conducta adictiva, como usuarios de la plataforma podemos desactivar la reproducción automática. Algo es algo. Basta con acceder a las opciones de cuentas y buscar por “Configuración de reproducción”.

La tecnología requiere ética detrás y, una vez demostrado que el binge-watching es tan pernicioso para nosotros como los otros “binges”, y hecho público que la plataforma dio orden de acallar esta relación, se espera que recule y fomente un uso del streaming más responsable.

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