¿Te preocupa que tus hijos vean contenido para adultos en los dispositivos?

No cabe duda de que Internet es uno de los mayores inventos de la humanidad. Nos ha dado el acceso a gran cantidad de contenidos maravillosos, como Wikipedia. Pero también puede exponer a los más pequeños de la casa a contenidos para adultos nada recomendables para su edad.

Si antes los niños nacían “con una barra de pan bajo el brazo” ahora lo hacen con un móvil. Pasan horas navegando en la red y accediendo a contenido. Eventualmente se topan con vídeos para adultos. ¿Bloqueamos o educamos? ¿Prohibimos o enseñamos a usar la red de un modo responsable?

El acceso al contenido no recomendable, a un clic

Los más pequeños de la casa no saben lo que es el contenido para adultos. Las tres equis o los dos rombos. Han nacido en una sociedad en la que el acceso a la red es lo normal y en la que para encontrar a Peppa Pig hay que navegar.

De tanto en tanto es más que probable que caigan en páginas web no recomendables. O que las busquen ellos mismos. Por ejemplo, una serie catalogada para más de 13 años en la que se digan palabrotas.

El acceso al contenido no recomendable se encuentra a un clic, y no siempre podemos estar junto a ellos para controlar dónde entran. Cuando son muy pequeños los filtros paternos funcionan muy bien. Pero a medida que crecen se dan cuenta de la barrera impuesta, y puede causar cierto conflicto.

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Para cuando llegan a una edad como para interactuar solos con la red, además buscan la privacidad de su cuarto. En ese momento, como padres, perdemos cierto control sobre lo que buscan. ¿Y si buscan contenidos para adultos?

Los contenidos subidos de tono (por decir algo) no están considerados aptos para los menores de edad. Pero eso no significa que no tengan acceso. Incluso cuando activamos filtros y controles parentales.

Por qué los filtros eventualmente fallan

Según un estudio de 2011 de BitDefender, los niños consultan páginas para adultos desde los 11 años. Además, el 95% de los padres ha descubierto a sus hijos accediendo a páginas web que consideran inapropiadas para su edad.

Es más, según Jocelyn Otero Ovalle, directora de marketing de BitDefender para España, Portugal y Latinoamérica, “los niños siempre encuentran la manera de acceder a contenido para adultos”. Según el estudio, el 12% de los niños encuestados consigue quitar el veto, siendo los más mayores del conjunto los que más éxito han tenido en la labor. A más edad, más éxito.

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Esto tiene importantes connotaciones sobre el uso de la tecnología a la hora de bloquear ciertas páginas. En primer lugar, llegado a una edad no parece funcionar ningún tipo de barrera. Que lo diga la misma compañía que vende el filtro es importante porque son ellos mismos los que indican que hay que buscar alternativas a su software. Todo un ejemplo de ética en la tecnología.

En segundo lugar parece haber una curiosidad innata ante ciertas prohibiciones y contenidos. Hay más. Aunque podamos controlar las webs a las que accede nuestro hijo todavía podrá recibir correos o mensajes de WhatsApp con fotos y vídeos.

No podemos controlar lo que hace en el recreo, por ejemplo, o lo que le enseña un compañero de clase en su terminal. En otras palabras, prohibir suele ser poco o nada efectivo, y los filtros eventualmente fallan. En esta fase, y otras anteriores, es cuando entra de lleno la educación.

Educar a nuestros hijos para que elijan con sabiduría

Quizá debido a nuestra cultura las conversaciones sobre ciertos tabúes suelen ser complicadas. Especialmente con nuestra familia. De ahí que sea más fácil prohibir cierto acceso que meditar conjuntamente sobre su contenido.

Curiosamente, se ha demostrado que las búsquedas de contenido para adultos –tanto por parte de adultos como de menores– es mucho mayor en aquellos lugares en los que por cultura no se habla de ciertas cosas.

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Arriba podemos ver un mapa de los estados más conservadores de norteamérica, y abajo la búsqueda de la palabra “porno” en Google. La correlación es muy alta porque “si no tengo respuestas a mis inquietudes, las voy a buscar [en otros lugares]”, como dice Carmen Virginia Rodríguez, psicóloga clínica especializada en niños y adolescentes.

Ese otro lugar donde buscar hoy día es Internet, y adolescentes curiosos pueden salir confusos de la experiencia. La violencia, la pornografía e incluso las palabras malsonantes se encuentran en todo tipo de formatos (libros, cine…). Pero además lo hacen en escenografías poco realistas.

Si un niño accede a una página para adultos quizá no comprenda que lo que está viendo son actores. Corre el riesgo de que confunda las escenas explícitas con la vida real, donde no se dan con frecuencia este tipo de comportamientos, o que los interprete como la normalidad.

Como ocurre con las las películas de Hollywood, en el contenido para adultos no reina el realismo o las situaciones cotidianas. Esto hace que los niños tengan un concepto muy sesgado de la sexualidad. E incluso machista debido a cómo está orientado la industria para varones.

 

Hablar con los más pequeños de la casa sobre este tipo de contenidos puede darnos mucha vergüenza. La mayoría de las veces no tenemos ni idea de cómo enfrentarnos a la situación si les pillamos accediendo a según qué páginas. ¿Qué le digo? ¿Cómo le explico qué está viendo o por qué debería esperar?

Sin embargo, tratar estos temas y fomentar la educación es clave para que puedan elegir libremente y de forma segura. Si acceden a estas webs lo harán con conocimientos previos que les blindarán cierta seguridad, y no serán estos vídeos los que enseñen a nuestros hijos.

 

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Imágenes | iStock/familylifestyle, iStock/JackF, iStock/klebercordeiro

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