Terraformar Marte es ciencia ficción, pero enviar humanos a Venus…

“Volveremos (a la Luna) para estar tres, seis meses… Y viviremos y trabajaremos en Marte. Es muy probable que colonicemos Marte. Lo podríamos hacer perfectamente. ¿Qué hay imposible hoy? […] No voy a ser el último que la pise… En 2015, 2018 o 2025, eso es lo de menos. Lo importante es que ocurrirá”. Los pronósticos de Eugene Cernan, el último astronauta en pisar nuestro satélite, en esta entrevista al diario ABC, todavía no se han cumplido. Pero estamos en ello.

En diciembre de 1972, Cernan y su compañero Jack Schmitt se pasaron casi tres días en la superficie lunar. Ronald E. Evans orbitaba el satélite a bordo del módulo de mando. Los tres formaban la misión del Apolo 17, la última que puso a un ser humano en otro cuerpo celeste. Ha pasado casi medio siglo y ningún otro ser vivo se ha vuelto a alejar tanto de la estratosfera de la Tierra. Ha pasado demasiado tiempo y las agencias espaciales terrestres ya fantasean con retomar la conquista del espacio.

¿Terraformar Marte?

Hace miles de millones de años, la Tierra y Marte eran planetas parecidos. Con su atmósfera primitiva y su agua líquida. Quizá, incluso, algunos seres vivos corretearon por las laderas del monte Olimpo marciano. Hoy, el segundo planeta más cercano al nuestro es un desierto árido, envuelto en los restos de su atmósfera original, incapaz de albergar vida tal como la conocemos.

Sin embargo, Marte alimenta nuestra imaginación como ningún otro cuerpo celeste. Uno de los sueños de la ciencia (y, sobre todo, la ficción) es llegar a devolverle su aspecto original. Es decir, terraformarlo. Existen varias teorías sobre cómo devolverle al planeta rojo una atmósfera estable, resistente y cargada de humedad. Algunas hablan de crear un campo magnético artificial que proteja Marte de los vientos solares. Otras, de liberar grandes cantidades de CO2 (atrapado en la superficie) y crear un efecto invernadero artificial que calentase el planeta.

misión havoc a Venus

Todas ellas, a día de hoy, imposibles. Al menos con la tecnología actual, tal como señala el último estudio publicado al respecto por Bruce Jakosky, de la universidad de Colorado, en la revista Nature. Pero seguimos soñando con colonizar el sistema solar. Quizá la respuesta no esté en Marte, sino en otro planeta más cercano. Uno que no está frío como Marte, pero que tampoco tiene una temperatura agradable. Venus.

HAVOC, destino a la atmósfera venusiana

“A pesar de que su geología es similar a la terrestre, su superficie es lo suficientemente caliente como para fundir el plomo y está cubierta de cráteres, volcanes y llanuras de lava”. Así presenta la NASA el apetecible entorno de Venus. Poner pie (humano) en una tierra que alcanza los 462 grados celsius se antoja complicado. Pero su atmósfera es mucho más amigable.

“Está compuesta principalmente por dióxido de carbono y gruesas nubes de ácido sulfúrico que cubren el planeta por completo. La atmósfera atrapa energía solar y el calor que emana del propio planeta”, continúa la NASA. A 50 kilómetros de altura, la temperatura es, como máximo, de 75 grados. Y la presión y la gravedad rondan valores similares a los de la Tierra. Es esta atmósfera donde han puesto su mirada los científicos del proyecto HAVOC.

El High Altitude Venus Operational Concept (HAVOC) es la hoja de ruta de la agencia espacial estadounidense para enviar misiones tripuladas a Venus. De momento, no se manejan plazos concretos. Pero desde la NASA aseguran que es una misión mucho más factible, económica y sostenible que llevar humanos a Marte.

Un mes a bordo de un dirigible

Enviar vehículos ligeros que floten en la densa atmósfera venusiana es posible con la tecnología actual. Además, la presión existente y la temperatura, que en algunos momentos del día se sitúa en los 30 grados, harían posible llevar a cabo salidas de exploración sin necesidad de aparatosos trajes. Y, como es una atmósfera con todas las de la ley, no como la marciana, los astronautas estarían protegidos de la radiación solar.

Por increíble que pueda parecer, la atmósfera de Venus es el mejor lugar para continuar la exploración humana del sistema solar. HAVOC, por el momento, cuenta con una hoja de ruta en cinco fases. La primera, de exploración robótica, daría paso a una misión orbital tripulada de 30 días y, después, a una misión tripulada que se pasase un mes a bordo de una especie de dirigible futurista surcando las densas nubes de Venus.

misión havoc a Venus

La cuarta fase sería similar a la tercera, pero de un año de duración. Y la quinta establecería presencia humana permanente en la atmósfera de nuestro vecino. ¿Ciencia ficción? Todo esto podría parecer el argumento de una novela de Julio Verne. Pero la misión tripulada a Venus toma forma como experimento real para dar un paso más en la exploración humana del espacio. Un paso previo a la conquista de Marte, tal como le hubiese gustado ver a Eugene Cernan.

Imágenes | NASA, Pixabay/Wikilmages

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