Ilustraciones y caracolas que marcaron la historia de las mujeres en la ciencia

A finales del siglo XVII, el conocido médico y naturalista británico Martin Lister publicó un importante estudio sobre moluscos. El trabajo destacaba por múltiples motivos: era el primero que se hacía de forma completa sobre este ámbito y destacaba por su método de observación empírica. Además, contenía más de un centenar de meticulosas ilustraciones que multiplicaban su valor científico. Las autoras de estas ilustraciones fueron sus hijas, en una época en la que se excluía a las mujeres de las actividades científicas.

Susanna y Anna Lister ayudaron a su padre en un proceso que duró más de una década, convirtiéndose en unas de las primeras mujeres en realizar trabajos científicos de esta envergadura. Varios siglos después, la historiadora Anna Marie Roos ha buceado entre cartas, diarios y documentos para rescatar el nombre de las hermanas Lister y resaltar el papel que tuvieron en los famosos estudios de su padre.

Pioneras en el uso del microscopio

El trabajo de Susanna y Anna no se limitaba a la simple ilustración. Motivado por su propia curiosidad y con el objetivo de realizar una obra lo más completa posible, su padre les enseñó a observar los animales desde una perspectiva científica. Aprendieron a clasificar los especímenes y las características de cada uno. Como ilustradoras científicas, debían centrarse en los detalles y conseguir enfocar la atención del espectador en lo esencial sin perder la escala y sus dimensiones.

Para observar más de cerca la anatomía de los moluscos las hermanas Lister tenían a su disposición un microscopio. Aunque en aquella época los microscopios sencillos estaban bastante extendidos entre las comunidades científicas, se cree que las hermanas Lister fueron de las primeras mujeres en utilizarlos. Así lo señala Anna Marie Ross en su estudio ‘The Art of science: a ‘Rediscovery’ of the Lister Copperplates’.

Las ilustraciones de Susanne y Anne Lister incluían minuciosas explicaciones

Martin Lister les enseñó, además, a realizar trabajos de grabado químico y mecánico. En aquella época, para hacer grabados químicamente era necesario usar ácido nítrico para disolver el metal. El grabado mecánico requería fuerza física, ya que implicaba levantar, mover y cortar planchas de cobre. Ninguna de estas actividades se consideraba apta para una mujer. Y mucho menos para dos adolescentes (Susanna y Anna tenían tan solo 11 y 9 años cuando empezaron a ilustrar).

La evolución de su trabajo quedó reflejada en diarios, libretas de trabajo y en la correspondencia de Martin Lister. En una carta que envió a su mujer Hannah en 1681, se leía: “envié a casa una caja de colores en aceite para que Susan y Nancy [Anna] pintaran. En cuanto a los bolígrafos (…), que son para las descripciones, te pediría que los guardes cuidadosamente hasta que vuelva, porque aún no saben cómo usarlos”.

‘Historiae Conchyliorum’

El resultado final del trabajo de Martin, Susanna y Anna Lister es ‘Historiae Conchyliorum’. Incluye varios volúmenes y libros que se fueron completando a lo largo de estos años. Para realizarlo, recibieron de otros colegas especímenes de todo tipo (como conchas, babosas y moluscos). Contaron, incluso, con ejemplares traídos de viajes a Jamaica y a Barbados.

Susanne y Anne Lister realizaron cientos de ilustraciones

El trabajo se prolongó durante más de 10 años, en los cuales el trabajo de Susanna y Anna fue imprescindible. Martin Lister llegó a afirmar los grabados “no podrían haber sido realizados por otra persona por menos de 2000 libras esterlinas”. Una cantidad muy alta para la época.

Las ilustraciones de ‘Historiae Conchyliorum’ alcanzaron un nivel de detalle y rigurosidad que no volvió a lograrse hasta siglos después. La obra se adelantó también a su época por el estudio que realiza de babosas y caracoles vivos. Como indica Anna Marie Roos, en aquella época el estudio de los moluscos se centraba en la concha. Las hermanas Lister dieron un paso más. Una de ellas, Anna, realizó incluso también disecciones de los animales, una práctica que todavía no estaba muy difundida.

Cuando se presentó, el estudio fue muy bien recibido por la comunidad científica. Aunque las anotaciones y sus iniciales en la portada dejaban registro del trabajo de las hermanas, este fue pronto olvidado. Pronto todo el mérito paso a atribuirse únicamente a Martin Lister. Cuando más adelante las planchas de las ilustraciones fueron usadas de nuevo para otras obras, el trabajo se le atribuyó solamente a él.

Mujeres, ciencia y naturalismo

A finales del siglo XVII y principios del XVIII, el registro de ilustraciones científicas por parte de mujeres es escaso. Por no decir prácticamente inexistente. El de la naturalista Maria Sibylla Merian es uno de los pocos ejemplos: esta entomóloga e ilustradora alemana pintó inspirándose en insectos vivos, cuando sus colegas todavía lo hacían a partir de ejemplares muertos. Con 52 años viajó a Surinam para documentar insectos de los bosques tropicales.

El trabajo de Maria Sibylla y las hermanas Lister supuso una excepción en un mundo claramente masculino. Hoy, del trabajo de Susanna y Anna Lister quedan algunos de los objetos originales. Dibujos, borradores y algunas de las placas de cobre. Junto a cartas, documentos y diarios, han servido a la historiadora Anna Marie Ross para recoger su historia en el libro ‘Martin Lister and his Remarkable Daughters: The Art of Science in the Seventeenth Century’.

Imágenes | Welcome Collection

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