Tristán da Cunha: el remoto archipiélago que acaba de proteger un trozo de océano mayor que España

La Tierra no es plana. Pero, aun así, hay lugares del planeta en los que sentimos que estamos cerca del borde. Así lo cuentan, al menos, aquellos que han llegado a poner pie en Tristán da Cunha, uno de los archipiélagos más remotos del mundo y, desde finales del año pasado, uno de los mayores santuarios marinos del globo.

Los 270 habitantes humanos de Tristán da Cunha están a siete días en barco de Sudáfrica, el punto continental más cercano. No hay aeropuerto. La costa de Sudamérica se encuentra a más de 3.000 kilómetros de distancia. Desde la isla principal, la única habitada, subiendo al Pico de la Reina María (un volcán de más de 2.000 metros de altitud) se pueden observar las otras dos islas que conforman el archipiélago: Nightingale y la Inaccesible.

Por exótico que pueda sonarnos, lo que sucede en el reino de los humanos no es lo más interesante. El verdadero tesoro de Tristán da Cunha está en las aguas del Atlántico Sur. Hogar del tiburón vaca o gatopardo, único punto de cría conocido del albatros pico fino y escondite del pingüino Rockhopper, el único de su tipo con cresta, el archipiélago es un punto caliente de la biodiversidad global.

Ahora, el Gobierno británico (soberano en las islas) ha decidido proteger 687.000 kilómetros cuadrados de sus aguas, un área bastante mayor que la de España. La zona pasará a formar parte del Blue Belt Programme, mediante el cual Reino Unido ha protegido ya más de cuatro millones de kilómetros cuadrados de superficie oceánica.

pingüino Rockhopper

Edimburgo de los Siete Mares y la fuga de Napoleón

Cuando en 1506 Tristão da Cunha divisó los acantilados de aquella inmensa roca volcánica en medio del océano, no lo dudó ni un instante. Allí tenía que dejar escrito su nombre para la posteridad. El navegante portugués no pudo desembarcar en su isla debido al mal estado del mar. Pero su historia quedaría ligada para siempre a la del archipiélago.

Las islas tardarían mucho en ser habitadas de forma permanente, pero con el paso del tiempo se convirtieron en un punto en el que atracar para recargar agua, recolectar vegetales y cazar algún animal desprevenido. Tal como cuenta Edmund Rassnueel en ’Embassy to the Eastern Courts of Cochin-China, Siam, and Muscat’, el primer asentamiento llegaría en 1811 por motivos políticos y estratégicos.

El primer habitante oficial de la isla, Jonathan Lambert, moriría ahogado al poco tiempo intentando llegar a la Inaccesible. En los años siguientes, la corona británica reforzó su presencia en el archipiélago. A ‘solo’ 2.173 kilómetros al norte se encontraba la isla de Santa Elena, en donde Napoleón I pasó, exiliado, sus últimos años de vida. Ante el miedo de que Francia ocupase Tristán da Cunha para organizar un rescate del emperador, Reino Unido constituyó un asentamiento permanente en la isla.

Desde entonces, las cosas no han cambiado mucho por allí. Hoy en día, el pueblo, bautizado como Edimburgo de los Siete Mares en honor a la visita del Príncipe Alfredo, Duque de Edimburgo, en 1867, durante su vuelta al mundo, tiene 270 habitantes. La Inaccesible y el resto de las islas, siguen vacías. Y el punto habitado más cercano sigue siendo Santa Elena.

isla principal de Tristán da Cunha

Un santuario del que está prohibido extraer

Con la inclusión en el Blue Belt Programme, el 90 % de las aguas de Tristán da Cunha quedan protegidas. Está prohibida casi cualquier actividad pesquera, salvo las capturas locales fuera de la reserva, y el resto de actividades extractivas, incluyendo la minería marina y el dragado de áridos. A partir de ahora, Tristán da Cunha queda definido como un santuario del Atlántico del que no se puede extraer nada.

Las aguas que rodean estas islas remotas son uno de los puntos de mayor biodiversidad del planeta. La lista de especies únicas que crían y se alimentan en este punto del Atlántico Sur es larga. Muchas aves y mamíferos en peligro de extinción eligen estas rocas aisladas para sobrevivir.

“Vamos a proteger uno de los entornos marinos más prístinos del planeta, hogar de decenas de millones de aves marinas, tiburones amenazados, especies de ballenas poco conocidas y poblaciones de focas en crecimiento”, explica Beccy Speight, presidente de la Royal Society for the Protection of Birds, la entidad que lideró la investigación científica que ha sentado las bases para la protección del archipiélago.

Bajo la cima del volcán casi siempre nevada, las escarpadas laderas de la isla sirven de punto de encuentro de tres especies de albatros que solo tienen una población estable en este punto perdido del planeta. También allí se para a descansar la pardela capirotada en su vuelta alrededor del mundo y crían los charranes. En total, Tristán da Cunha da cobijo a 25 especies de aves que no procrean en ningún otro lugar del mundo.

La parte baja de la isla es territorio para pingüinos y focas, tal como describe Andy Isaacson, de National Geographic. Y más allá de la costa se extienden inmensos bosques submarinos de kelp. Allí florece la vida microscópica gracias a los nutrientes de las frías aguas atlánticas; y alimenta toda la pirámide, desde pequeños peces, crustáceos y pulpos hasta los tiburones vaca y todas las especies de cetáceos que se dejan caer por las islas, como orcas, jorobadas o ballenas francas australes.

Desde finales de 2020, Tristán da Cunha pasa a formar parte del Blue Belt. Se suma a otros territorios británicos de ultramar, como la isla Ascensión, el Territorio Antártico Británico, las Islas Georgias del Sur, las Islas Pitcairn o Santa Elena. En total, las áreas marinas protegidas suman 17 veces el tamaño del Reino Unido; algo más del 1% de toda la superficie oceánica de la Tierra.

Imágenes | Wikimedia Commons/NOAA, Neil T, Yagerq