La dama de la lámpara y las matemáticas de la enfermedad

Las epidemias se enfrentan con las matemáticas en la mano. Desde la importancia de saber leer una curva logarítmica o entender qué es el número de reproducción hasta el modelado estadístico de la propagación de la enfermedad, la pandemia de COVID-19 ha vuelto a destacar el papel fundamental de las matemáticas en la epidemiología. Pero esto no siempre ha sido así.

Es más, si observamos la historia, la mayor parte de la lucha del ser humano contra las enfermedades se hizo a oscuras. Hasta que hace justo ahora dos siglos nacía la dama de la lámpara. La persona que arrojaría luz al laberinto matemático de las enfermedades.

Se trata de Florence Nightingale, enfermera, pionera de la aplicación de la estadística y la visualización de datos al estudio de las enfermedades, impulsora de la Cruz Roja y primera mujer aceptada en la Royal Statistical Society de Reino Unido. Hoy, su historia está más de actualidad que nunca.

Una guerra y una lámpara

“¡Mirad! En aquella casa de aflicción, veo una dama con una lámpara. Pasa a través de las vacilantes tinieblas y se desliza de sala en sala”. Henry Wadsworth publicaba esta estrofa en las páginas de The Atlantic en 1857. La revista acababa de ser fundada. Y uno de los primeros poemas impresos iba destinado a ensalzar la labor de una de las heroínas inesperadas de la Guerra de Crimea.

Nacida en una familia noble en mayo de 1820, hace ahora 200 años, Florence Nightingale tenía todas las cartas para pasar su vida sin trabajar. Entre palacios, salones de té y fiestas de la alta sociedad. Sin embargo, contra todo pronóstico, y contra el deseo de su familia y todas las normas sociales de la época, decidió formarse y ejercer como enfermera. Para cuando fue enviada al frente en Crimea (hoy parte Ucrania), contaba ya con una década de experiencia.

durante la Guerra de Crimea

En 1854, su amigo Sidney Herbert, secretario de Guerra de Reino Unido, decidió enviar a Nightingale a la zona de conflicto junto a un equipo de 38 enfermeras. Los problemas sanitarios se habían convertido en un auténtico problema para el ejército de ingleses y franceses. Más de 4.000 soldados habían muerto en el primer verano en Crimea. Se estima que fallecieron diez veces más soldados a causa del tifus, la fiebre tifoidea y el cólera que de heridas en el campo de batalla.

Nightingale se encontró allí barracones abarrotados y en condiciones higiénicas deplorables. Sin embargo, como firme defensora de la teoría de los cuatro humores, que en aquellos años empezaba a competir con la teoría microbiana de la enfermedad (la aceptación plena de esta no llegaría hasta finales del siglo XIX), la dama de la lámpara no contribuyó de inmediato a mejorar la situación higiénica de los soldados enfermos.

Aun así, la labor de Nightingale y su equipo en la Guerra de Crimea les valió el reconocimiento del Gobierno británico. Su costumbre de realizar rondas nocturnas con una lámpara para atender a sus pacientes le hizo ganarse el sobrenombre que la acompañaría el resto de su vida. Pero su gran contribución a la epidemiología estaba todavía por llegar.

El poder de un diagrama

A su regreso a Reino Unido, tras la guerra, Nightingale empezó a estudiar los datos que había recopilado en Crimea. Poco a poco reunió pruebas que sustentaban que los soldados perecían por culpa de las malas condiciones de vida en los hospitales de campaña. Ante sí tenía el reto no solo de argumentar bien su postura, sino de hacérsela entender a los miembros de la Comisión Real para la Salud en el Ejército.

Para ello, se apoyó en una herramienta muy poco habitual en aquel entonces: los gráficos. Nightingale fue una auténtica pionera de la representación visual de los datos. Gracias a su diagrama de rosa, hoy conocido como diagrama de área polar, logró ilustrar de manera clara cuáles habían sido las principales causas de la mortalidad de los soldados en el hospital militar en el que había trabajado en Crimea.

diagrama de Florence Nightingale

Sus informes y su estudio de las matemáticas de las enfermedades no fueron suficientes para cambiar el pasado y mejorar la situación de los soldados en Crimea. Pero tuvieron un gran impacto en el futuro. Nightingale partió de su trabajo en la guerra para elaborar un exhaustivo informe estadístico sobre las condiciones sanitarias de algunas zonas de la India. Con él, logró que se mejorase la salud pública del país, entonces colonia del Imperio británico.

Además, sus publicaciones sobre enfermería y la creación de la Florence Nightingale School of Nursing and Midwifery, hoy parte del King’s College de Londres, impulsaron una nueva práctica de la enfermería, centrada en la higiene, la prevención y la mejora de la situación de los enfermos. Sus estudiantes llevaron sus enseñanzas por el mundo y cambiaron, en particular, las condiciones de los hospitales de campaña en muchas guerras posteriores.

De hecho, su trabajo, así como su defensa del sistema de salud y del principio de neutralidad (las víctimas deben ser atendidas sin entrar en controversias de orden político, racial, religioso e ideológico) fueron fundamentales para inspirar la creación de la Cruz Roja de Reino Unido en 1870. Como avanzábamos, unos años antes, en 1859, Nightingale fue la primera mujer en ser aceptada en la Royal Statistical Society.

Antes de morir, en 1910, se convirtió en la primera mujer en recibir la Orden de Mérito del Reino Unido y las llaves de la ciudad de Londres. A día de hoy, muchos recién graduados en enfermería pronuncian el juramento Florence Nightingale en su honor. Y sus diagramas siguen siendo un ejemplo actual de la importancia de las matemáticas para hacer frente a las enfermedades.

Imágenes | Unsplash/Bernard Tuck, National Library of Medicine, Wikimedia Commons/Nightingale