3.200 millones de pollos muertos al año en el mundo tienen una solución para sobrevivir. Y es impresionante

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El pollo es, probablemente, la única carne de animal (junto al pescado) admitida mundialmente por todas las religiones y culturas. Además, resulta muy barata de producir, lo que probablemente ayude a su consumo en todas las partes del mundo.

La que has liado, pollito

Sin embargo, la industria pollera también se enfrenta a determinados desafíos. Así, por cada gallina dedicada a la puesta de huevos un gallo de la misma especie muere. ¿Por qué? Por un lado, porque el gallo no pone huevos, lo que le resta “rentabilidad”. Por otro, porque su fisionomía hace que no tenga tanta carne como las hembras, lo que provoca que tampoco resulte rentable desde el punto de vista de cría y engorde.

Esto hace que, cada año, mueran cerca de 3.200 millones de pollos en el mundo, según datos de Project In Ovo, una iniciativa con la que se pretende llegar a encontrar una solución a este problema. Para ello, están trabajando de la mano de biotecnólogos, biólogos y bioquímicos para desarrollar un sistema que evite estas cifras.

Además, los responsables de Project In Ovo aseguran que el proyecto que están desarrollando “demostrará que el bienestar animal y la eficiencia van de la mano”.

Cuestión de sexo

También desde Alemania se ha llevado a cabo un estudio cuyo objetivo era encontrar métodos económicamente viables para la determinación del sexo en las primeras etapas del desarrollo del pollo.

El conocimiento de la localización del disco germinal (una especie de membrana que se encuentra sobre la yema siempre que el huevo esté fertilizado) es crucial para determinar si los huevos sin incubar darán lugar a un gallo o a una gallina. Para poder establecer el lugar preciso en el que está el disco germinal, se escanea el huevo usando luces especiales y se determina dónde está el cenit de la cáscara. Con un láser de CO2, se hace un pequeño orificio en la cubierta y se emplea la tomografía de coherencia óptica (OCT) para localizar dónde está el disco germinal. Tras aplicar distintas técnicas y tecnologías, se determina el sexo, analizando una muy pequeña cantidad de células blastoderm.

Project In Ovo es una biotecnológica holandesa que ha conseguido desarrollar esta solución para identificar el sexo de los pollos y hacerlo a gran escala, de forma rápida (en cuestión de segundos, asegura) y barata, lo que permite, según sus promotores, que pueda ser aplicado mecánicamente en plantas de incubación. Algo que, hasta ahora, no era posible.

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Según este proyecto, gracias a esta tecnología se evitará la muerte masiva de pollos machos. Wouter Bruins y Wil Stutterheim son los fundadores de Project in Ovo (corría el año 2013) y responsables, por tanto, de saber, al día 9 de incubación, cuál es el sexo de cada huevo.

La técnica ha sido probada en un criadero holandés, donde la compañía fue separando los huevos por género (gallos y gallinas) en varias ocasiones y comprobando que su sistema funcionaba. Además, aseguran que el método desarrollado también es lo suficientemente rápido para separar grandes cantidades de huevos de forma automática. Actualmente se está desarrollando el primer prototipo de este dispositivo de clasificación.

Además de mejorar la producción de huevos y prevenir una gran cantidad de sufrimiento animal, los promotores aseguran que hay otros beneficios adicionales, como un menor consumo de energía y emisión de CO2.

No estás solo. Empresas y gobierno te apoyan

El desarrollo de esta técnica cuenta, además, con apoyo del sector público y privado. Así, la financiación ha corrido a cargo, entre otros, de la Universidad de Leiden y el Ministerio de Economía holandés.

La biotecnología puesta en marcha fue capaz de desarrollar la técnica con la ayuda del Ministerio de Asuntos Económicos, Universidad de Leiden, la Sociedad Holandesa para la Protección de los Animales (Dierenbescherming), los criaderos holandeses (COBK) y la División Norte de la holandesa Agricultura Organización y Horticultura (LTO Holanda). Es decir, que cuenta con el apoyo y el respaldo de la sociedad civil y económica en esta aventura.

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De hecho, después de estar activo en el sector avícola holandés por un tiempo, In Ovo obtuvo el apoyo de otros jugadores de la industria.

La luz de una vela puede tener la llave

También en Norteamérica se está avanzando en el desarrollo de técnicas que permitan conocer, en un estadio primario, el sexo de los huevos. Así, los agricultores de Ontario (al frente de cuya asociación está Harry Pelissero) han estado trabajando con Michael Ngadi, profesor de ingeniería en la Universidad McGill, para desarrollar una máquina que selecciona los huevos femeninos.

Según explican, la técnica empleada es similar a la que se usa desde antaño para saber si un huevo ha sido fertilizado o no. Desde hace décadas se sitúa el huevo a la luz de una vela (o lámpara) para buscar vasos sanguíneos, señal de que el huevo puede dar lugar a un pollito. Ahora, se utiliza también una luz para sentenciar si va a dar lugar a un gallo o gallina.

A través de esta técnica (llamada imagen hiperespectral), los huevos se examinan casi tan pronto como se ponen. Al parecer, cuando se ven los huevos con luz infrarroja, se puede comprobar que los embriones masculinos y femeninos tienen una distribución diferente de las células.

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Según Pelissero, esto permite incluso identificar el sexo de un óvulo fertilizado antes de entrar en la incubadora, lo que permitirá que esos huevos machos retirados de los criaderos pueden acabar en el supermercado.

La técnica de Ngadi fue desarrollada originalmente hace cuatro o cinco años para distinguir los huevos no fertilizados y fertilizados. Los agricultores de huevo de Ontario le preguntaron si podría ampliarse para incluir la selección del sexo, y resultó ser posible.

Ahora se trabaja para conseguir que la tecnología se pueda desarrollar para que sea capaz de identificar y ordenar los huevos a un ritmo de entre 3.000 y 6.000 por hora, con el fin de que sea comercialmente viable.

Un trato humano para todos (pollos incluidos)

El objetivo, pues, es evitar que nazcan muchos pollitos que han de ser inmediatamente sacrificados por no ser rentables. Aunque muchos de estos animales desechados son utilizados como alimento en zoológicos, se busca evitar este sacrificio tan alto.

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¿Cómo se desechan estos animales? El Model Code of Practice for the Welfare of Animals: Domestic Poultry establece que todos los vaciados o excedentes de los pollitos recién nacidos que están destinados a su eliminación deben ser tratados lo más humanamente posible, igual que los que serán retenidos o vendidos. Es decir, deben ser destruidos inmediatamente por un método recomendado como la gasificación de dióxido de carbono o maceración rápida. Además, se deben examinar todos los polluelos cuidadosamente para asegurar que están todos muertos.

La maceración rápida asegura que el pollito se mata en un segundo y, si se lleva a cabo de manera eficaz y competente, este método puede ser considerado más humano que la gasificación con altas concentraciones de dióxido de carbono. El rociar con gas puede hacer que los pollos terminen jadeando y sacudiendo la cabeza y, dependiendo de la mezcla de gases utilizada, puede tardar hasta dos minutos hasta que el polluelo muere.

Por eso, son muchos los que siguen instando a la industria del huevo a invertir en alternativas que eviten el dolor y el sufrimiento con los métodos de matanza de pollitos machos actuales. Por ejemplo, la investigación de alternativas para permitir conocer el sexo del polluelo, que se determinará en la fase de incubación del huevo temprano.

En Estados Unidos, la United Egg Producers, que representa casi la totalidad de las granjas avícolas del país, ha anunciado recientemente que dejará de sacrificar pollos machos en 2020. Para ello, va a estudiar los métodos de alta tecnología que pueden determinar el sexto de un huevo apenas unos días después de que se formen.

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