Una ruta sin completar, una isla desierta y la expedición para encontrar a Amelia Earhart

Cuando el mundo recibió la noticia del hundimiento del Titanic en 1912, pocos podrían imaginar que décadas después la tecnología permitiría encontrarlo. El pecio llevaba 73 años a 3821 metros de profundidad cuando una expedición lo localizó gracias a equipos sumergibles y cámaras capaces de grabar en la oscuridad.

El año pasado, el equipo que localizó el Titanic partió hacia el Pacífico Central en busca de los restos de otro accidente: el de Amelia Earhart, la piloto que se propuso ser la primera mujer en dar la vuelta al mundo a bordo de un avión.

Una vida de récords

Amelia Earhart nació en julio de 1898 en Atchison, Kansas, y desde muy pequeña se mostró interesada por alcanzar logros que parecían reservados a los hombres. De niña, comenzó una colección de recortes de periódico con noticias de mujeres sobresalientes en campos como el derecho, la ingeniería y el cine. Cuando tenía poco más de 20 años ya había decidido que quería volar, y recibió clases de otra pionera de la aviación, Neta Snook.

A partir de ese momento, comenzó a batir récords: fue la primera mujer en volar a 4.267 metros de altura, en sobrevolar sola los Estados Unidos y en cruzar sola el Atlántico, entre otros logros. Se convirtió en una celebridad y utilizó su fama para promover la incorporación de mujeres a la aviación, una profesión que cobraba protagonismo en las primeras décadas del siglo XX.

Amelia Earhart llevó a cabo numerosas iniciativas para facilitar el papel de la mujer en la aviación.

En 1935, se convirtió también en la primera persona en volar sola a través del Pacífico. Ese mismo año, comenzó a planear un viaje para alcanzar uno de los pocos logros que aún se le escapaban: dar la vuelta al mundo. Tras un primer intento fallido, despegó de Florida el 21 de mayo de 1937, con rumbo este. El avión elegido fue un Lockheed Electra 10E y la tripulación la formaban tan solo la propia Earhart y el navegante Fred Noonan.

Sin embargo, Amelia nunca lograría finalizar este viaje. El 2 de julio el avión partió de Lae (una ciudad de Papúa Nueva Guinea) con combustible suficiente para volar unas 20 horas, pero poco después se perdió el contacto con la nave.

La búsqueda del Electra

La desaparición de Amelia Earhart y Fred Noonan en 1937 dio paso a una investigación y a numerosas expediciones de búsqueda. Nunca se encontraron los restos, y se concluyó que habían fallecido al caer en el océano.

Sin embargo, varias décadas después se encontró una fotografía sacada en 1937 mientras se buscaba un carguero británico naufragado en el pacífico. En ella se ven lo que parecen marcas de aterrizaje de un Lockheed Electra L-10 en un atolón de la República de Kiribati. En concreto, en Nikumaroro, una isla que tiene una forma triangular y una laguna en el medio.

La isla se encuentra en la ruta de navegación planeada por Earhart en los años 30. De hecho, cuando se organizaron las primeras tareas de búsqueda se planteó la posibilidad de que el avión hubiese terminado en la zona e incluso en la isla (deshabitada por aquel entonces, al igual que en la actualidad).

La fotografía permitió volver a seguir la pista de la piloto, y en 2019 una expedición salió de nuevo en su búsqueda. Aunque, esta vez, con tecnología mucho más precisa y un destino claro: Nikumaroro.

Explorando las profundidades con el Nautilus

La búsqueda de Earhart estuvo financiada por National Geographic y liderada por Robert Ballard, presidente de Ocean Exploration Trust. El mismo explorador que participó en el descubrimiento del Titanic y que encontró el buque de guerra nazi Bismark, entre otros muchos pecios.

El objetivo del equipo era encontrar los restos del avión bajo el agua o sobre la superficie de la isla. Para ello contaron con la embarcación Nautilus, un buque de exploración submarino equipado con cámaras de alta definición y un sistema de mapeo tridimensional. Tenían además dos vehículos submarinos de operación remota (ROV), bautizados como Hércules y Argus. Ambos tienen la capacidad de sumergirse hasta 6.000 metros de profundidad.

Uno de los vehículos submarinos de operación remota que participaron en la expedición.

En tierra, un grupo de arqueólogos buscó los restos realizando excavaciones. Además, estaban equipados con equipos para tomar y analizar muestras de ADN.

A pesar de todo el despliegue tecnológico y los esfuerzos del equipo, en esta ocasión tampoco fue posible encontrar los rastros de Amelia Earhart y Fred Noonan. El final de su viaje sigue siendo un misterio, y deja un interrogante en la vida de una mujer que marcó la historia de la aviación y el feminismo.

Los exploradores, sin embargo, no volvieron con las manos vacías. Durante su viaje a Kiribati se rodó el documental ‘En búsqueda de Amelia’, que repasa la vida de la piloto y los esfuerzos realizados para encontrar sus restos.

Imágenes | Wikimedia Commons/NASA, Wikimedia Commons/Library of Congress, Nautilus Live