¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos equivocamos?

Not yet”. Así cuenta la psicóloga Carol Dweck que califica un instituto de Chicago a los alumnos que no alcanzan un aprobado. Ni con un suspenso ni con un “NM” (necesita mejorar), sino con un “todavía no”. La psicóloga aplaude este método que parece presentar a los alumnos una escalera porque la que tienen que seguir subiendo para mejorar.

Numerosos estudios señalan que nuestras capacidades no dependen solo de nuestra inteligencia, sino también de nuestro esfuerzo y de nuestra actitud ante el aprendizaje. Y ante el error. Un estudio de la Michigan State University comprobó cómo la actividad neuronal es diferente dependiendo de la actitud con la que se encajen las equivocaciones.

Así se mueven las neuronas

Para realizar el estudio, Jason S. Moser y sus colegas de la universidad de Michigan reunieron a un grupo de 25 jóvenes de unos 20 años de edad. La actividad consistía, básicamente, en hacerles cometer un error tras otro. Pudieron comprobar como no todos los estudiantes reaccionaban al proceso de la misma manera: algunos presentaban gran cantidad de movimiento neuronal mientras que otros apenas presentaban cambio alguno.

La motivación tenía mucho que ver. Aquellos estudiantes que veían el ejercicio como un desafío del que aprender buscaban las causas del error y las formas de evitarlo en el futuro. Su cerebro se activaba y las neuronas entraban en movimiento. Sin embargo, aquellos que se frustraban ante los errores tendían a justificarse y a buscar razones para excusarse. En estos casos, la actividad neuronal relacionada con el aprendizaje quedaba más inmóvil.

Cometer errores reacciona nuestro cerebro y despierta la actividad neuronal

Dos tipos de mentalidad

Este estudio corrobora las teorías de Carol Dweck, psicóloga de la Universidad de Stanford, quien señala que existen personas con “mentalidad en crecimiento” y otras con “mentalidad fija”. Las personas con “mentalidad en crecimiento” aceptan los retos con motivación. Ven las dificultades como una oportunidad para mejorar y seguir aprendiendo. Sin embargo, aquellas con “mentalidad fija” huyen del error. Prefieren limitarse a realizar las acciones que se les dan bien y en las que se encuentran cómodos. Algo así como no querer salir de la zona de confort.

Según Carol Dweck, más o menos el 40% de la población tiene “mentalidad en crecimiento”. Otro 40% tiene “mentalidad fija”, quedando un 20% restante que se divide entre uno y otro grupo dependiendo de la situación.

Para analizar la reacción ante el error, Carol Dweck reunió a un grupo de niños de diez años y les presentó una serie de ejercicios ligeramente por encima de su nivel. Algunos reaccionaron de forma positiva ante los desafíos. Animados por la idea de que sus habilidades se pueden desarrollar, se involucraron con el ejercicio e intentaron aprender de sus errores.

Sin embargo, otros alumnos vieron sus errores como una tragedia. Según la psicóloga, “no supieron ver las posibilidades del yet y se quedaron con las limitaciones del now”. Señala además que esta frustración puede llevarles a intentar copiar en las siguientes pruebas o a centrarse en otros compañeros que lo han hecho peor para sentirse mejor consigo mismos. A acostumbrarse, en definitiva, a huir de las dificultades.

Desafíos para la enseñanza

La conclusión final de Dweck es que la educación tiene mucho más que decir que la genética en este caso. Al señalar a los estudiantes que sus éxitos dependían de su esfuerzo, estos se animaban a seguir aceptando desafíos. Veían la dificultad como algo ajeno, algo a lo que se tenían que enfrentar. Sin embargo, aquellos niños a los que se les felicitaba al conseguirlo por ser muy listos preferían no seguir intentándolo. Temían que llegase un momento en que su inteligencia no fuese suficiente para solucionar ejercicios cada vez más difíciles.  

La idea de que la capacidad neuronal de aprender puede ser desarrollada de tal manera abre la puerta a nuevas formas de afrontar la educación. Formas que se basan en dar herramientas para mejorar los procesos. Que animen a los estudiantes a descubrir sus propios métodos, enfoques y estrategias.

Cometer errores puede favorecer el aprendizaje

Dweck pone como ejemplo los juegos de matemáticas. La mayoría de estos juegos basan sus resultados en la capacidad (o incapacidad) de dar con el resultado correcto. ¿Qué pasaría si premiasen, en su lugar, la estrategia y la perseverancia? ¿Las soluciones y los métodos que el alumno ha ideado para resolver el problema? Este juego estaría, en definitiva, premiando el esfuerzo. Dando herramientas para encontrar soluciones a las dificultades.

No solo para los más pequeños

Aunque tanto el experimento de Dweck como el estudio de la actividad neuronal de la Michigan State University se centraban en estudiantes, el planteamiento no se limita a personas de una edad en concreto. Aunque la mayor capacidad de retención y aprendizaje se da en los primeros años de edad, el ser humano sigue aprendiendo durante toda su vida.

Al fin y al cabo, la teoría del “no yet puede aplicarse en cualquier ámbito. Desde mejorar las relaciones sociales a rendir más en el trabajo. Pasando por hobbies, deportes o  cualquier meta que tengamos en mente.

Imágenes | iStock/francescoch, iStock/MissTuniUnsplash/Kevin Jarret

 

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