Un barco fantasma, un flotador sobre el hielo y el descubrimiento de las corrientes polares

En el siglo XIX, cuando poco se sabía del Polo Norte, Fridtjof Nansen ideó un navío que, en lugar de sucumbir aplastado bajo los grandes hielos, lograba resbalar y posarse sobre ellos. Su idea era aprovecharse del movimiento natural de la corriente oceánica polar, un fenómeno hoy muy estudiado, pero entonces desconocido. El explorador noruego, sin embargo, tenía una teoría gracias a los restos de un barco fantasma que había aparecido unos años antes.

El viaje del Jeannette y las corrientes polares

Durante siglos, la historia de la exploración polar ha estado llena de aventureros y buscadores de fortuna. Su labor se alejaba bastante de lo que hoy consideramos ciencia, pero sus datos y sus observaciones allanaron el camino a la exploración científica que llegaría en la segunda mitad del siglo XIX. Incluso los accidentes y las desdichas de los primeros aventureros sirvieron para algo, como demuestra la historia del USS Jeannette.

La de este navío polar fue una de las muchas expediciones financiadas por Gordon Bennet, un periodista y editor convencido de que la noticia había que ir a buscarla allá donde hiciese falta. De hecho, fue él quien financió las aventuras de Stanley en busca del doctor Livingston (supongo) a través de África. Animado por el éxito de esta expedición, Bennet puso su mirada en el Ártico. Solo que esta vez no tuvo suerte.

Tal como recoge Javier Peláez en ‘500 años de frío’, la expedición del USS Jeannette partió de San Francisco el 8 de julio de 1879. Dos meses más tarde, y tras adentrarse en las aguas árticas en busca de un paso hacia el Atlántico bordeando la costa de Siberia, el barco quedaba atrapado para siempre entre la banquisa polar. Allí se quedó hasta junio de 1881, cuando el casco cedió a la presión y la tripulación tuvo que abandonar el navío.

Lo intentaron, pero nadie logró sobrevivir. Sin embargo, la expedición pasó a la historia. El barco atrapado en el hielo se había desplazado con la banquisa. Sus restos aparecieron años más tarde frente a las costas de Groenlandia, a miles de kilómetros del lugar del naufragio. Y Bennet tuvo su libro: ‘El viaje del Jeannette’.

el naugrafio del USS Jeannette

El barco de Fridtjof Nansen, capaz de flotar sobre el hielo

Fridtjof Nansen sigue siendo, a día de hoy, uno de los héroes de la historia noruega. No tanto por su exploración polar (que también), sino por haber recibido el premio Nóbel de la Paz en 1922 tras su labor humanitaria en la I Guerra Mundial. Pero esa es otra historia. Nacido en lo que hoy es Oslo en 1861, con 19 años se embarcó en su primera misión polar. A su regreso, mientras trabajaba en el museo de Bergen, empezó a darle vueltas a su segunda aventura: cruzar Groenlandia a pie, solo con la ayuda de unos esquís.

Está claro que lo consiguió. No solo cruzó la isla helada, sino que pasó seis meses a refugio con los esquimales, una experiencia que sería fundamental para su tercera aventura, una que implica también a un barco capaz de flotar sobre el hielo. Una idea extravagante de la que consiguió convencer a un buen número de personas.

Teniendo en cuenta la experiencia del USS Jeannette y la hipótesis de que la banquisa de hielo se desplazaba siempre de la misma manera, siguiendo una corriente marina constante, Nansen se puso manos a la obra. Construyó un barco pequeño y resistente para dejarse atrapar por el hielo como tantos otros navíos polares. Solo que, esta vez, no soportaría mucha presión.

Gracias a un casco redondeando, el barco iba a ser capaz de resbalar lentamente hasta posarse sobre la banquisa. Allí esperarían hasta el verano, dejándose arrastrar por el movimiento natural del hielo. La idea se materializó en el Fram, que significa adelante en noruego. El barco logró su objetivo y regresó en perfectas condiciones a Oslo. Tanto, que a día de hoy sigue expuesto en la capital noruega.

el Fram flotando en el hielo

Ciencia para pasar el tiempo

El Fram partió de Oslo en 1893 y pronto se dejó atrapar por el hielo. La idea era quedarse allí el máximo tiempo posible, así que Nansen había diseñado una completa rutina diaria para que la tripulación estuviese entretenida. Además de representar una obra de teatro cada noche, todos tenían muchas tareas científicas que llevar a cabo. Tres inviernos pasaron a bordo y los 13 integrantes de la expedición sobrevivieron.

Los datos que recopilaron siguen utilizándose hoy en día y su trabajo dio para varios hitos para la historia de la ciencia. El descubrimiento de que el océano que rodea al Polo es muy profundo. La constatación de la deriva de las banquisas en parte por la existencia de una corriente polar, pero sobre todo por el viento y el efecto Coriolis. El hallazgo de que el océano polar tenía capas de diferentes temperaturas y salinidad, incluso algunas más calientes a mayor profundidad.

Nansen también dejó hueco para cumplir con la carrera por llegar al Polo Norte. En marzo de 1895, el barco dejó de moverse a 650 kilómetros del Polo. Junto al esquiador Fredrik Hjalmar Johansen, Nansen se lanzó a cubrir esa distancia a pie. No completaron su misión, pero avanzaron más de 200 kilómetros, batiendo el récord en aquel entonces. Y lograron sobrevivir por los pelos durante más de 12 meses en el hielo.

“¿No eres Nansen?”, le preguntó la primera persona que se lo encontró, agotado, el 17 de junio de 1896. Se trataba de Frederick Jackson, un explorador inglés al que Nansen había rechazado a bordo del Fram (solo quería tripulantes noruegos). ¿Y qué hacía Jackson allí? Exploraba el Polo en una misión financiada de nuevo por Gordon Bennett, que sin quererlo había logrado recrear el famoso “Doctor Livingston, supongo” en versión polar.

Imágenes | Unsplash/Alexander Hafemann, Wikimedia Commons/Vallejo Gallery, Nansen