¿Y si 2020 se despide con una gran erupción? Todas las miradas están puestas en el Grímsvötn islandés

Puede ser en una semana o dentro de unos meses, pero cada vez hay menos dudas: el Grímsvötn entrará en erupción tarde o temprano. El volcán, el más activo de todos los que tiene Islandia, está dando claras señales de actividad y ha encendido varias alarmas en los últimos meses. Con el recuerdo del Eyjafjallajökull, que paralizó el tráfico aéreo durante semanas, todavía fresco, la pregunta es clara: ¿se despedirá 2020 con una gran erupción?

Predecir el día exacto en el que un volcán empezará a expulsar lava, cenizas y otros materiales piroclásticos es, hoy por hoy, imposible. Eso no significa que los vulcanólogos no sepan reconocer los rasgos de la personalidad de cada volcán; las señales que indican que, en ese punto concreto de la corteza terrestre, está a punto de pasar algo. Y en las entrañas del Grímsvötn se están moviendo las cosas.

Un volcán de hielo y fuego

erupción del Grímsvötn

Decir que Islandia es un país de contrastes no es repetir palabras vacías. Aunque es un estado europeo, su territorio se encuentra a medio camino entre el Viejo y el Nuevo Mundo, situado sobre la inmensa grieta en la que nace el océano Atlántico: la dorsal mesoatlántica. Es ella también una de las causas de que Islandia tenga una actividad volcánica inusual. Aunque la isla está cubierta de hielo y nieve en su mayor parte, el calor del magma fluye en su interior.

Varios centenares de volcanes, géiseres y pozos de agua caliente comparten territorio con lagos de icebergs, cascadas heladas e imponentes glaciares. El Vatnajökull, el segundo mayor glaciar de Europa y el tercero del mundo, es quizá el mejor ejemplo de los extremos de Islandia. Con 8.000 kilómetros cuadrados de superficie, ocupa casi el 10% del territorio islandés. En algunos puntos, el hielo supera el kilómetro de espesor. Y allí debajo, en medio de lo que los islandeses llaman las Tierras Altas, el Grímsvötn espera su momento.

El Grímsvötn es, en realidad, un sistema de lagos y volcanes cubierto de hielo. Se extiende a través de unos 100 kilómetros de largo y 15 de ancho. Bajo el manto del glaciar, pequeñas erupciones se producen constantemente. Erupciones que derriten el hielo; pero, en la mayor parte de los casos no llegan a abrirse paso hasta la superficie del glaciar, aunque sí forman un lago líquido permanente. Eso sí, la presión puede elevar la masa de hielo, haciendo parecer que el Vatnajökull respira.

Estas características convierten al Grímsvötn en el volcán más activo de Islandia. Combina su actividad constante con pequeñas erupciones, lo que le hace ser el conjunto volcánico más y mejor monitorizado del país. Los riesgos de una gran erupción, así como las riadas que pueden causar las masas de hielo derretidas hacen que el país esté siempre atento a las pequeñas señales. Y estas son cada vez más frecuentes.

Una erupción esperada

volcán helado en Islandia

El pasado 30 de septiembre, la Oficina Islandesa de Meteorología daba oficialmente la voz de alarma. El nivel de riesgo del Grímsvötn se colocaba en el color amarillo, según el sistema de códigos de la Organización de Aviación Civil Internacional. Esto significa que todas las señales que se detectan indican que el volcán está siendo más activo de lo normal y las probabilidades de erupción se multiplican.

En ese momento, el organismo islandés subrayaba que la actividad sísmica se había mantenido por encima de lo normal durante el último mes, la actividad geotermal había sido elevada durante varios meses consecutivos, la superficie del glaciar se había deformado hasta niveles similares los de la última gran erupción (en 2011) y se habían detectado emisiones de gases magmáticos. Además, el lago bajo el glaciar había alcanzado niveles similares a los de las últimas dos grandes riadas, en 2010 y 2004.

Las señales no significaban necesariamente una erupción inminente, pero conociendo el historial del volcán, las probabilidades son elevadas. Desde entonces, se ha mantenido el nivel amarillo de alerta. Los pequeños temblores han sido constantes y ninguno de los indicadores parece señalar que el volcán haya relajado su actividad. ¿Qué puede pasar?

Por un lado, si se acumula demasiada agua y sube la temperatura bajo el glaciar, se podría acabar generando un gran torrente subterráneo que brotase a decenas de kilómetros del volcán, más allá del frente glaciar, generando importantes riadas y arrasando las infraestructuras de Islandia (la única carretera principal que siempre está transitable da la vuelta a la isla, esquivando las Tierras Altas).

De otro lado, si el agua que se acumula en la caldera del volcán se vacía de repente y la presión baja de golpe, esto podría causar una gran explosión. Tal como explica el vulcanólogo Dave McGarvie, de la Universidad de Lancaster, sería como levantar de repente la tapa de una olla a presión. Por último, no hay que descartar una gran erupción, aunque estas se dan con menor frecuencia.

Los recuerdos de 2010 y 2011

la isla cambió tras el evento de Laki

La historia de Islandia está llena de erupciones míticas. La llamada erupción de Laki, a finales del siglo XVIII, es una de las más significativas. Sus cicatrices todavía son visibles en la actualidad, tal como muestra la imagen sobre estas líneas. Durante ocho meses, en el entorno del Grímsvötn se abrió una fisura de 27 kilómetros de longitud que expulsó lava y cenizas en tal cantidad que 9.000 islandeses y la mitad del ganado de la isla perdieron la vida. La nube de ceniza fue tan grande que oscureció el planeta y dio lugar a tres años de malas cosechas y hambruna en el mundo.

Pero hay recuerdos más recientes. La última gran erupción del Grímsvötn se registró en el año 2011. La nube de cenizas alcanzó los 20 kilómetros de altura y obligó a cancelar 900 vuelos comerciales. Su impacto no llegó a ser tan elevado como el del Eyjafjallajökull, cuya erupción obligó a cancelar 100.000 vuelos en 2010.

¿Volverá a repetirse algo similar en el horizonte cercano? Es imposible saberlo con antelación. Las señales indican que la erupción es probable, pero no se sabe ni cuándo ni cómo será. Todo podría terminar con una pequeña erupción dentro de meses o con una gran explosión en las próximas semanas. Por ahora, la complejidad de los sistemas volcánicos (y, en particular, los volcanes helados islandeses) se sigue escapando de nuestro control.

Imágenes | Oficina Islandesa de Meteorología/Ólafur Sigurjónsson, Oddur Sigurðsson, Þórdís Högnadóttir, Eric Reiter