¿Es la soledad una nueva enfermedad a nivel mundial?

La soledad no deseada es un tema grave de salud pública. El aislamiento social se relaciona con cardiopatías, cáncer, depresión, diabetes e incluso suicidio. Pero, ¿es lo mismo estar socialmente aislado que sentir soledad? Hay quien achacan la soledad al uso indiscriminado de la tecnología. ¿Hay relación? ¿Cuál?

Vivimos en un mundo hiperconectado. Nunca hemos tenido tantas posibilidades a la hora de hablar con el otro lado del mundo y, sin embargo, se habla incluso de “epidemia de soledad” a nivel institucional. En Inglaterra incluso tienen un Ministerio de Soledad. ¿Es la soledad una enfermedad tecnológica?

Estar solo no es lo mismo que sentirse solo

La soledad es una sensación. Una persona arropada por su familia en mitad de una fiesta puede sentirse sola a pesar de estar acompañada. Por supuesto, hay relación entre estos dos fenómenos. Las personas que pasan más tiempo en soledad suelen sentirse más aislados y solos, por ejemplo.

En España, 4,6 millones de personas admiten sentirse solas de forma habitual. En el mencionado Reino Unido esta cifra llega al 13,7% de la población, más de nueve millones de personas. Hubo literatura científica que afirmaba que la cifra está creciendo. Sin embargo, revisiones posteriores demostraron que la sensación de soledad ha sido estable en el tiempo, aunque puede haber cambiado su origen.

¿Tecnología para aislarnos del resto de la población?

Cuando éramos pequeños —y aquí hablo por los que no nacimos con la WWW— el círculo de amistades era local. Tus amigos eran los amigos de clase, de actividad extraescolar, del barrio… Estaban cerca, y los gustos eran compartidos. Había cierta identidad de grupo (local).

Ahora, la identidad transciende esa barrera física y nos une a personas de todo el mundo. Esta unión es virtual pero real: no estamos en contacto directo, pero estamos en contacto. A diferencia del pasado, no necesitamos adaptarnos a la idiosincrasia de un grupo local para encajar. Podemos escapar de nuestro entorno.

multitud aislada soledad

Hacemos uso de herramientas digitales de comunicación para, por ejemplo, encontrar nuestra media naranja o darnos cuenta de que no necesitamos una. La presión por encajar es un fenómeno de grupo (local) que está desapareciendo porque ahora podemos encontrar personas afines más lejos.

Tecnología para acercanos entre nosotros

Esto no significa que la presión haya dejado de existir. Las mismas redes sociales que favorecen el intercambio de ideas a su vez parecen generar cierta polarización. De lo que no cabe duda es de que nos es más fácil evitar a aquellas personas con las que no guardamos relación.

O con las que no queremos relacionarnos. El problema es que estas pueden ser nuestra familia, los amigos de la infancia o los vecinos. Y nos aislamos mutuamente por nuestras diferencias, a menudo ligeras o puntuales.

Pero también nos acercamos, no siempre de forma virtual, a quienes comparten intereses o afinidad con nosotros. Nunca antes hemos tenido tan fácil debatir sobre un asunto público o reunirnos para montar, por ejemplo, una asociación. Organizar quedadas, asistir a cursos, encontrar respaldo social. La red y la tecnología en la que se apoya ha creado, por tanto, fenómenos de exilio social y de cercanía, a la vez.

¿Cómo se mide la soledad, ese sentimiento tan útil?

el sentimiento de soledad es necesario

Como matizó hace muchos años el conocido psicólogo John T. Cacioppo, llamarlo “epidemia de soledad” podría ir en contra del fenómeno de aislamiento que buscamos combatir. Si es que lo buscamos.

Como la soledad es un sentimiento subjetivo, no hay ningún parámetro tangible capaz de medirlo externamente. No tenemos un dispositivo que determine que sentimos soledad, al menos no de momento. Lo que tenemos son encuestas cuyos resultados han de ser continuamente revisados.

Por ejemplo, las estadísticas suelen contar a todas las personas que se sienten o han sentido solas en un mismo conjunto. Si te has sentido excluido, aislado o falto de compañía, incluso durante un tiempo reducido, se determina que sientes soledad y pasas a engrosar las listas de esta “epidemia”.

No es una buena métrica, no tiene calidad como dato, y no tiene en cuenta que la soledad es un sentimiento biológico saludable. Tendemos a señalar la soledad como un mal endémico y, sin embargo, los psicólogos lo tratan desde el punto de vista de otros sentimientos físicos como el hambre o la sed.

La soledad es el mecanismo psicológico que nos alerta de que necesitamos establecer vínculos sociales más fuertes. Es, biológicamente hablando, un mecanismo de defensa porque pertenecer a un grupo aporta beneficios a la hora de sobrevivir.

Si tratamos la soledad como una epidemia podríamos caer en la trampa de crear recetas para no sentirla. Quien no siente sed deja de beber agua, y quien no se siente solo puede llegar a aislarse socialmente. Necesitamos sentirnos solos para mejorar nuestras redes sociales, entendiendo estas en sentido amplio.

Creamos la soledad a nuestro paso, sin saberlo

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El Centro de Investigaciones Sociológicas publicó en 2012 una encuesta interesante. El 81% de los españoles creía entonces que internet ayudaba a aislar a la gente. Se hablaba mucho de brecha digital y generacional, y es indudable que hay una separación creciente entre quien usa tecnología y quien no.

Sin embargo, salimos a la calle y nos ponemos los auriculares, otro tipo de tecnología, de forma que nos aislamos del resto de forma deliberada. Consumimos streaming en lugar de ir al cine con esos otros humanos con los que incluso compartimos gustos, y preferimos hacer cursos a distancia porque así no tenemos que salir de casa o podemos aprovechar mejor el tiempo.

Nos hemos vuelto una sociedad centrada en nosotros mismos, y por tanto aislados de los demás, pero tendemos a culpar a la tecnología en lugar de apagar la televisión y bajar a preguntarle al vecino si necesita algo. Quizá se sienta solo y nuestra presencia resulte reconfortante.

 

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