Leslie no fue el primer huracán ni será el último: la barrera europea contra el cambio climático se derrumba

Feith, Gordon, Vince, Katia, Ophelia y Leslie. Puede que también Debbie, aunque la comunidad científica no se pone de acuerdo. Estos son los nombres de los huracanes que han llegado a tocar tierra en Europa en plena forma. A pesar de lo que decían los titulares el pasado mes de octubre, Leslie no fue el primero. Pero sí es cierto que no son un fenómeno meteorológico habitual en las costas del Atlántico europeo.

Si tenemos en cuenta los restos de huracanes que llegan a Europa, el número se incrementa ligeramente. Una treintena desde principios de siglo. Aun así, está lejos de las cifras que se manejan en el Caribe o la costa este de Estados Unidos. Sin embargo, las últimas predicciones del Instituto Meteorológico de los Países Bajos (KNMI), señalan que esto está cambiando.

Según su paper ‘More hurricanes to hit western Europe due to global warming’, las probabilidades de que Europa sufra más huracanes y tormentas tropicales se multiplicarán por cinco antes de final de siglo. Y por 25 si tenemos solo en cuenta el golfo de Vizcaya. La muralla europea contra alguna de las consecuencias del cambio climático se está derrumbando.

huracanes en Europa

Desde el Sáhara hasta el Caribe

Reciben el nombre de tifones, huracanes o ciclones en función del lugar del planeta en el que se produzcan. Pero todos son lo mismo. El nombre técnico es ciclón tropical, ya que su movimiento es ciclónico y se genera en los trópicos. En función de su fuerza, se dividen en cinco niveles (así define la llamada escala de Saffir-Simpson la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos o NOAA).

La historia de los ciclones tropicales en el Atlántico es también la historia de todo lo que nos falta por conocer del clima y de la multitud de factores que entran en juego en la meteorología del planeta. Estos se forman como cualquier otra tormenta. A grandes rasgos, el aire húmedo y caliente sobre la superficie del océano tiende a ascender y genera una zona de bajas presiones. El aire que sube se va enfriando y el vapor de agua se condensa, dando lugar a las nubes. Todo esto da lugar a un movimiento continuo de aire y nubes que se desplazan a la vez que giran.

En el caso de los huracanes atlánticos, como explican desde la NOAA, este proceso inicial se da en las costas occidentales de África y tiene mucho que ver con un lugar poco sospechoso de ser lluvioso: el desierto del Sáhara. Los vientos del este que se generan entre esta enorme superficie cálida y las costas más frescas y húmedas del golfo de Guinea generan megacúmulos tormentosos.

Así, las aguas atlánticas en las cercanías de Cabo Verde son un auténtico vivero de tormentas. Algunas se desplazan hacia el este, cruzando las aguas cálidas del trópico, impulsadas por los vientos alisios. Estos soplan, de forma más o menos constante, de este a oeste en el hemisferio norte. En este recorrido, la tormenta sigue cargándose de humedad, ganando fuerza y alcanzando la categoría de huracán. Hasta que llega a la costa este del continente americano.

La barrera europea contra los huracanes

Siguiendo la ruta que marca la corriente del Golfo, los huracanes y las tormentas tropicales suelen desviarse hacia el norte a lo largo de la costa de Estados Unidos. Esta misma corriente lo lleva de camino a Europa, pero a través de aguas mucho más frías. Habitualmente, estas no son capaces de alimentar los mismos procesos que mantienen la fuerza del huracán, lo que provoca que el ciclón tropical se debilite y llegue al Viejo Continente en forma de tormenta.

Europa no es ajena a los efectos del cambio climático. Temperaturas más extremas, sequías prolongadas, inundaciones y el ascenso del nivel del mar están entre los efectos más notables que contempla la Comisión Europea. Sin embargo, hasta ahora, se había mantenido relativamente al margen de los eventos meteorológicos más extremos y violentos. Pero eso podría estar cambiando.

El Atlántico Norte era, hasta ahora, una especie de barrera natural frente a los huracanes. Pero las aguas de todo el planeta se están calentando rápidamente. Tal como señalan desde el KNMI, esto provoca, por un lado, la formación de ciclones más fuertes y resistentes en los trópicos. Y, por otro, un entorno más cálido en las (antes) frías aguas del Atlántico Norte.

No solo eso, sino que, además, los huracanes podrían empezar a formarse en otras zonas del océano. Mientras Feith, Gordon o Leslie venían de vuelta desde el Caribe, Vince fue, en 2005, diferente. Este huracán se formó en Madeira y se dirigió directamente hacia la península Ibérica. Tocó tierra en Huelva y perdió fuerza rápidamente, aunque dejó importantes daños en el sur de Portugal y Andalucía. Un caso único que puede volver a repetirse en el futuro, según las previsiones del KNMI.

huracanes en Europa

Matemáticas, tecnología y clima

Pero, ¿hasta qué punto pueden ser reales estas predicciones? Los modelos matemáticos han ido perfeccionándose en los últimos años y la potencia de cálculo de los ordenadores se ha disparado. Los científicos del instituto neerlandés usaron el modelo del European Centre of Medium Range Weather Forecast, que logró, ya en 2012, predecir sin apenas errores la evolución del huracán Sandy.

Sus previsiones para finales del siglo XXI son duras y, a la vez, esperanzadoras. Si la temperatura del planeta aumenta entre dos y tres grados Celsius, el número de huracanes en las costas europeas se disparará. Pero si logramos frenar la escalada de la temperatura en 1,5 grados, las consecuencias serán mucho menos tormentosas.

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Imágenes | ECMWF, NASA

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