La injusticia social de no dejar pagar en efectivo

El dinero en efectivo parece destinado a desaparecer en pocos años. Ya hay algunos países en los que su uso es residual desde hace tiempo, y existen ideas sobre el dinero digital, las criptomonedas e incluso el dinero social. Pero surge un problema serio cuando, en cuestión de semanas, el cash desaparece y surge la injusticia social de no poder pagar en efectivo.

Debido al coronavirus, el número de establecimientos e incluso servicios públicos que no admiten efectivo ha ido creciendo. Cuando ocurre en algunas tiendas, la población recurre a otras, pero ¿qué sucede cuando la línea de autobuses públicos de tu ciudad veta el efectivo y tú careces de tarjeta? Poco a poco, los usuarios de dinero contante y sonante tienen menos alternativas.

¿Por qué es poco ético eliminar de golpe el dinero en efectivo?

A pesar de no haber evidencia científica de que el SARS-CoV-2 se transmita por contacto, y eso incluye el dinero, en marzo de 2020 la Autoridad Bancaria Europea (EBA), aconsejada por el Banco de Pagos Internacionales (BIS), aumentó hasta 50 euros la capacidad de pago de las tarjetas contactless con el fin de desterrar el dinero en efectivo en la medida de lo posible.

Al tiempo, un nutrido grupo de administraciones locales y empresas desterraban el dinero en efectivo de su sistema de cobro. En ocasiones, cerrando la ventanilla física y admitiendo únicamente pago telemático; en otras, prohibiendo de forma expresa el pago con dinero en efectivo, como fue el conocido caso de los autobuses de la red madrileña. Esto dejó fuera a muchas personas mayores poco habituadas al pago digital.

prohibicion dinero efectivo y pago con tarjeta

A mediados de 2019, el BBVA Research emitió un informe titulado ‘El uso del efectivo y sus determinantes’. Aunque el uso de efectivo lleva años en caída libre, especialmente en las ciudades y entre los más jóvenes, se observa cómo las personas de 45 años o más hacen un uso intensivo del mismo. Es más, las personas de más de 45 años evitan el pago con tarjeta y otros usos de dinero digitalizado.

En España, había cerca de 80 millones de tarjetas según el BCE. Sin embargo, el 87 % de los españoles realizaba en algún momento transacciones en metálico, con foco en las personas mayores. Estas personas no están acostumbradas a realizar pagos digitales. En muchas ocasiones ni siquiera los comprenden o saben siquiera de su existencia.

Muchas de ellas carecen de tarjetas bancarias y buena parte ni siquiera disponen de un smartphone con NFC. Ni sabrían usarlo. Para este grupo, la tecnología digital es una barrera, no una facilidad, y la prohibición del pago con efectivo supone la ampliación de una brecha social basada en la edad.

Mayores que no pueden subir al autobús

Uno de los casos más conocidos y polémicos en el ámbito público fue la decisión del Consorcio Regional de Transportes de Madrid de eliminar por completo el pago en efectivo en las líneas de autobús durante el estado de alarma. Dado que los billetes de autobús se compran en los estancos, en el metro o en otros espacios habilitados, pero no en el autobús (salvo los viajes sencillos), ocasionó situaciones complejas y de difícil solución.

autobus emt prohibido el pago con dinero efectivo

Muchos viajeros descubrían en la ventanilla del autobús que, si querían pagar con dinero en efectivo, debían buscar un establecimiento habilitado abierto donde poder comprar los billetes. Esto es fácil si se es joven y si se cuenta con un smartphone y una aplicación de mapas, pero no lo es si se tiene una edad avanzada, una conectividad nula y la incapacidad de buscar información.

El objetivo de “reducir al mínimo el contacto entre conductor y pasajeros” se logró a costa de ignorar a aquellos usuarios “despistados”, que tenían que quedarse en tierra o buscar transportes alternativos. Después de tres meses, en  junio de 2020, el consorcio tuvo que volver a admitir el pago en efectivo, aunque dejó abierta la puerta al pago con tarjeta.

Una administración que solo funciona en digital

La obligatoriedad de los pagos digitales también tuvo su presencia en otros elementos de la Administración, donde el cierre de ventanillas supuso una ampliación aún mayor de la brecha social. En una carta abierta en El País, Aurelio Arévalo Rodriguez comentaba que “ahora que tengo más de 70, y no domino en absoluto el tema informático, me hacen hacer todo por ordenador”.

La migración de todo el sistema público a la petición de cita previa mediante certificado digital, DNIe o sistema CL@VE hizo que muchas personas quedasen varadas a las puertas de un sistema que no solo no entendían, sino que eran incapaces de entender. Lo que Aurelio llama “la dictadura tecnológica”. Aún hay millones de personas que carecen de estos sistemas de identificación digital.

No poder sentarse en un restaurante

Durante el estado de alarma ha sido difícil localizar algún bar, restaurante o tienda minorista que obligase a sus clientes a pagar de forma digital. Sin embargo, debido a las distintas órdenes ministeriales de las respectivas fases del estado de alarma, muchos establecimientos solo pudieron trabajar con cita previa durante semanas enteras.

Pese a existir por orden ministerial un horario de atención preferente a mayores de 65 años, muchos se veían en la tesitura de no saber cómo contactar con el local antes de acudir al mismo, donde no encontraban mesa disponible, especialmente durante el desconfinamiento. Pensemos en personas que no usan smartphone y que su modo de vida es totalmente analógico.

La eliminación gradual de efectivo, como objetivo

El 43 % de las empresas cree que el dinero en efectivo desaparecerá en 2030. Sin embargo, en una encuesta realizada a 16.452 personas por La Vanguardia, el 72,52% de los usuarios votaron “no” ante la pregunta ‘¿Se debería suprimir el pago con billetes y monedas a raíz de la COVID-19?’.

Dar tiempo a los usuarios a adaptarse a los nuevos sistemas es un requisito indispensable para la integración social. Y eso incluye a nuestros mayores. Al respecto, en abril de 2020 se estableció una hoja de ruta para eliminar el efectivo en el largo plazo. Mientras que su supresión inmediata deja huérfanos a muchos usuarios, un baneo paulatino facilita la migración.

 

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Imágenes | iStock/Javier Conejero, BBVA Research, Diario de Madrid, iStock/fizkes

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