Lorena Fernández, ingeniera informática: «El sector tiene que escucharnos, no solo abrazar la diversidad»

Tener que entrar en el baño de los hombres para arreglar el armario de red de una empresa porque lo habían colocado allí y nunca pensaron que una mujer tuviera alguna vez que arreglarlo. La anécdota relatada por Lorena Fernández, ingeniera informática de profesión y directora de Identidad Digital de la Universidad de Deusto, es un buen ejemplo de los problemas que puede acarrear no tener integrada la diversidad en las organizaciones.

Esta y otras vivencias personales llevaron a Fernández a poner en marcha Inspira STEAM, un proyecto para evitar que los sesgos y estereotipos reduzcan las vocaciones científicas y tecnológicas en las niñas. Implicada en la eliminación de esas barreras, Fernández habla de techos y pasillos de cristal, de la ley del unicornio, de los problemas de no incorporar la diversidad y de qué podemos hacer todos y cada uno de nosotros en esta situación.

Porque, pese al postulado de Darwin, de adaptarse o morir, ella prefiere no adaptarse y generar el cambio.

El Blog de Lenovo: Eres ingeniera informática de profesión y directora de Identidad Digital en la Universidad de Deusto. ¿A qué te dedicas exactamente?

Lorena Fernández: Mi función principal es definir, implementar y medir la estrategia de comunicación digital de la universidad, una tarea que me ha permitido unir dos de mis pasiones: la tecnología y la comunicación. Porque, como siempre cuento, la idea de poder trabajar con máquinas deterministas (que a iguales entradas devuelven invariablemente las mismas salidas) me hizo ingeniera. Pero acabada la carrera descubrí que, tras toda máquina, hay una persona impredecible… y que eso era lo que me entusiasmaba.

En la inteligencia artificial se cuelan sesgos y estereotipos a través de los datos con consecuencias cada vez más graves (y difícilmente detectables)

De manera paralela, formo parte del grupo experto del proyecto Gendered Innovations de la Comisión Europea para analizar el impacto de no incorporar la perspectiva de género en la inteligencia artificial y también del proyecto Inspira STEAM, que busca que las niñas elijan en libertad qué quieren ser de mayores sin que descarten carreras STEAM por la acción de sesgos y estereotipos. Me suelo autodefinir como un culo inquieto al que le gusta estar en muchas “salsas”.

EBL: Gran parte de tu actividad está relacionada con analizar el impacto de no incorporar la perspectiva de género en las tecnologías y promover las vocaciones técnicas y tecnológicas entre las niñas. ¿Cómo empezó todo?

LF: Creo que me puse las gafas moradas cuando entré a formar parte del colectivo Doce Miradas, un proyecto que nació hace siete años y en el que nuestra frase motora es que no nos van los techos de cristal porque somos más de cielo abierto. Desde ahí, reclamamos un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado.


Foto de la exposición WomenBI. Fotógrafo: Enrique Moreno Esquibel.

Hasta ese momento, no era muy consciente de las desigualdades. Había vivido situaciones a las que no les había dado importancia o no había sabido encontrar las causas profundas de las que bebían. Por ejemplo, cuando empecé mi carrera profesional, me incliné por la Administración de Sistemas, una de las áreas de la Ingeniería Informática más masculinizada. Tanto es así que en mi primer trabajo, era la única (y primera) mujer en ese puesto. De hecho, así lo corroboré un día que había que revisar las tomas de un armario de red, tarea que ya había hecho en numerosas ocasiones. Pero en ésta, la ubicación del armario de red fue lo que me dejó perpleja: alguien lo había colocado dentro del cuarto de baño de caballeros de la empresa, pensando que jamás le iba a tocar la tarea a una mujer. Con un compañero de avanzadilla comprobando que estaba vacío, pude finalmente hacer mi labor. Ahora bien, no os explicaré la cara de mi familia al contar qué había hecho ese día. Creo que “he pasado la mañana con mi compañero en el baño de los chicos” no era la respuesta que esperaban.

Esto activó todas mis alarmas y empecé a interesarme por la situación de las mujeres en ámbitos de ciencia y tecnología. Al tirar del hilo y los datos, me di cuenta de que, como yo, había muchas más siendo la “única mujer en la habitación”. O aún peor, que estábamos perdiendo a nuestras niñas y jóvenes a través de la tubería que gotea (la famosa “leaky pipeline”) y directamente descartan estas carreras por la acción de sesgos y estereotipos.

EBL: ¿Cuáles son esos riesgos que se corren si no se incorporan las perspectivas de género?

LF: El desequilibrio resulta caro socialmente, porque la trayectoria vital de las mujeres no se incorpora a las innovaciones que están moldeando la sociedad del futuro (y de la actualidad).

Siempre pongo el ejemplo de los dummies que se utilizan para estudiar las consecuencias de los accidentes de coches. El primero data de 1949, diseñado por un equipo íntegramente masculino. En ese momento y con esa mirada, a nadie se le ocurrió que detrás de un volante podría estar una mujer embarazada. De hecho, el primer dummie embarazado apareció en 1996. Y, según un estudio de la Universidad de Virginia, aún en 2020 no hay un modelo que represente el tamaño y anatomía promedio del cuerpo femenino, lo que hace que las mujeres que usan el cinturón de seguridad tenga un 73% más de probabilidades que los hombres de sufrir una lesión grave en un choque frontal. Esto mismo está pasando, por ejemplo, con la inteligencia artificial, donde sesgos y estereotipos se cuelan a través de los datos, con consecuencias cada vez más graves (y difícilmente detectables).

EBL: ¿Por qué las niñas se sienten tan poco atraídas por carreras técnicas y tecnológicas? ¿Qué influye?

LF: Mientras que las mujeres sufrimos muchas veces en el ámbito profesional de los denominados techos de cristal (a veces de hormigón armado), nuestras niñas se enfrentan a pasillos de cristal que las encaminan a cursar determinados estudios bajo la falsa premisa de libertad de elección. Esos pasillos de cristal tienen formas muy diversas, dado que estamos hablando de un problema multicausal. Siguiendo con el símil que usaba al inicio de la tubería que gotea y por la que perdemos ese talento femenino desde edades muy tempranas, podemos identificar agujeros muy grandes: la autoeficacia percibida de niñas y jóvenes que les hace sentir que están menos preparadas en áreas como las matemáticas, los estereotipos asociados a carreras científico-tecnológicas, la falta de referentes femeninos (en la historia y cercanos), los juguetes, la representación en películas y series de televisión, el entorno cercano…

EBL: ¿Cómo se puede solucionar este problema?

LF: Tenemos que trabajar en tantos parches como agujeros hay: visibilizar el trabajo de las mujeres en la ciencia y tecnología de la historia y de la actualidad creando referentes cercanos en los que se puedan mirar, trabajar la confianza de nuestras niñas desde que son pequeñas (que jueguen y exploren sin miedo a equivocarse para fomentar su curiosidad), explicar mejor en qué consisten los estudios STEAM mostrando la utilidad social de la ciencia, vincular el contenido científico con su vida cotidiana, incorporar a las familias en la ecuación y no solo pensar que esto es un problema de la educación formal… Hay muchos frentes que abordar, ahí radica la complejidad de este problema.

EBL: Estás poniendo tu granito de arena al promover Inspira STEAM. ¿Qué es exactamente este programa?

LF: Inspira STEAM es un proyecto que persigue varios objetivos: que las niñas no descarten las carreras cientifico-tecnológicas por factores externos y que tanto niñas como niños tengan referentes femeninos cercanos que les expliquen de primera mano en qué consiste su trabajo y les ayuden a despejar dudas o romper con estereotipos. Me encanta una frase de la gran Jocelyn Bell Burnell que resume muy bien nuestro programa: “Además de referentes como Marie Curie, la sociedad necesita modelos normales, cotidianos, para generar vocaciones científicas en las niñas”.

A veces nos obcecamos en mostrarles grandes mujeres con grandes logros y eso puede contribuir a que vean el éxito femenino como algo extraordinario. Hay que buscar referentes cercanos

Todo esto lo hacemos en centros escolares con estudiantes de 6º de Primaria a través del mentoring grupal. Por tanto, el corazón de nuestro proyecto son las mentoras, que de manera voluntaria, acercan su día a día a esas niñas y niños a través de seis sesiones de trabajo en horario lectivo. Todas ellas son científicas y tecnólogas que desarrollan su actividad profesional en diferentes ámbitos: académico, empresarial, investigación, gestión, etc. Durante las sesiones de trabajo, se abordan temas como los estereotipos que nos rodean, se analizan los diferentes trabajos o se presentan mujeres relevantes a lo largo de la historia. Con estos encuentros queremos ayudar a disipar dudas y objeciones sobre las profesiones en ciencia y tecnología, a clarificar sus motivaciones y a afianzar su autoestima para iniciar dicho camino profesional si así lo desean.

EBL: ¿Cuándo podrían verse los primeros resultados?

LF: Arrancamos con Inspira STEAM en Euskadi hace 5 años, así que pronto podremos valorar si esas niñas han optado por ese tipo de formación. Lo que sí hemos ido viendo ha sido el poso del programa en ellas porque, al finalizar cada edición, pasamos cuestionarios entre ellas para investigar cómo ha ido cambiando su autoeficacia percibida. En la primera edición, en uno de esos cuestionarios, una de las niñas nos dijo que lo que más le había gustado de Inspira STEAM era que había descubierto que podía hacer lo mismo que los chicos. En una primera lectura rápida nos animó mucho ese feedback, pero luego nos dimos cuenta de que con 11 años ya pensaba que no era así… Por tanto, aún queda mucho por cambiar.

Muchas personas aún usan esto como arma arrojadiza, indicando que ese mérito o respeto es solo porque se trata de una mujer. ¿Y qué podemos hacer para contrarrestar esta ley del unicornio? Lo primero, que nos visibilicen con nombre y apellidos

EBL: ¿Qué hace diferente esta propuesta de otros modelos de mentorización e inspiración?

LF: Lo primero es la duración: no son charlas aisladas. Se articula en seis sesiones porque creemos que es clave generar un vínculo de confianza entre mentoras y niñas. Es gracias a esto que, a partir de la tercera sesión, más o menos, ellas empiezan a hacer preguntas personales que de otra manera no emergen y donde afloran todas esas barreras invisibles que estaban ocultas.

Otra de las claves es la parte de que sean referentes cercanos. A mí me ha tocado ser mentora en mi antiguo instituto y el hecho de que las niñas vean que tú has pasado por allí o que eres incluso de su mismo barrio, les ayuda a verse reflejadas. A veces nos obcecamos en mostrarles grandes mujeres con grandes logros y eso puede contribuir a que vean el éxito femenino como algo extraordinario.

EBL: ¿Qué puede hacer el sector tecnológico para romper estas barreras?

LF: El otro día encontré una frase en Twitter que me encantó: «Diversidad es tener un sitio en la mesa, inclusión es tener voz y pertenencia es que esa voz sea escuchada». El sector tiene que escucharnos, no solo abrazar la diversidad.

EBL: ¿Y cada uno de nosotros? ¿La sociedad en general?

LF: En Inspira STEAM siempre decimos que pienses en grande y actúes en pequeño: desde revisar cómo nos dirigimos a las niñas (ella es mandona vs él tiene dotes de liderazgo, qué guapa vs qué listo, qué trabajadora vs qué brillante) a formar parte de iniciativas que ya están en marcha (juegos, premios, formación, divulgación, becas, materiales…). Darwin decía aquello de que te adaptas o mueres. A mí me gusta más pensar que otra opción es no adaptarse y generar el cambio.

EBL: Has hablado también de la ley del unicornio. ¿Qué es y cómo podemos evitarla?

LF: La primera vez que yo tuve conocimiento de este particular principio pensé que vendría asociada a que en determinados ámbitos somos como animales mitológicos: ni estamos ni se nos espera. Pero no… tira más bien para otro lado. Fue formulada a través de un tuit por la tecnóloga Emma Jane Hogbin y dice lo siguiente:

Si eres una mujer en el mundo del software libre, es muy probable que impartas una charla sobre ser una mujer en el mundo del software libre.

Esto mismo lo vi más claro con el nombramiento de la nueva directora de la BBC: Rona Fairhead. Sí, porque tiene un nombre: Rona Fairhead. Y es que en la mayoría de medios se obvió esa parte (además de su espectacular currículum), quedando oculta bajo el titular de “Una mujer dirigirá por primera vez la BBC”. Por no hablar de los que optaron por definirla basándose en su descendencia: “Mother of three poised to lead the BBC”. No me imagino estos mismos titulares con hombres como protagonistas. Eso me hizo reflexionar sobre cómo la etiqueta mujer ha sido usada en nuestra contra a lo largo del tiempo. Antes como “mujer de…” para ocultarnos tras un hombre y ahora como “la primera mujer en… ” para ocultar nuestras capacidades. Porque de hecho, muchas personas aún usan esto como arma arrojadiza indicando que ese mérito o respeto es solo porque se trata de una mujer.

¿Y qué podemos hacer para contrarrestar esta ley del unicornio? Lo primero, que nos visibilicen con nombre y apellidos. Y lo segundo, dejar de hacer mesas en congresos que sean “Mujeres y [temática que se trate]” y dejar de preguntar a una mujer qué se siente al ser mujer en su desempeño laboral en vez de interesarse directamente por lo que hace y cómo lo hace.

EBL: ¿Quiénes han sido para ti tus referentes? 

LF: Han sido una combinación de realidad y ficción. Si me tengo que quedar con dos, por la parte de carne y hueso, recuerdo con especial cariño a mi profesora de química del instituto: Mariel. Ella me enseñó que podía ser lo que me propusiera, que dejara de castigarme con mi nivel de autoexigencia (aunque en aquella época aún no le pusiera nombre ni entendiera la repercusión de aquel consejo) y que la curiosidad era un valor que tenía que explotar a través de mi formación y posteriormente en mi vida profesional. Ella fue la que me animó a que cursara Ingeniería Informática.

Y en la parte del referente de ficción, me quedo con Carmen Sandiego, uno de los primeros videojuegos que probé en el ordenador durante mi juventud. Era una ladrona de guante blanco con gran astucia, aventurera, viajera… y que te animaba a usar el razonamiento lógico, tan importante en el mundo de la ingeniería. Más tarde descubrí que una de las diseñadoras de ese videojuego fue la inventora y desarrolladora de software, Janese Swanson. Precisamente, en 1995 lanzó la iniciativa Girl Tech para hacer juegos que animen a las niñas a usar la tecnología.

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