El destino del hielo se escribe en la nieve (y cuanto más blanca, mejor)

Todo empezó con las emisiones por la quema de combustibles. Después llegaron la deforestación y las actividades agrícolas y ganaderas. Y poco a poco se han ido sumando multitud de factores que lo refuerzan y lo moderan: la vegetación marina, el color de la superficie terrestre, el movimiento del eje terrestre, la relación entre los océanos y la atmósfera… El cambio climático es un fenómeno complejo. Y la nieve ha llegado para enrevesarlo un poco más.

Investigadores de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, han descubierto la importancia de la nieve en el derretimiento del hielo polar. Un factor que, hasta ahora, había sido ignorado sistemáticamente en los modelos que predecían el futuro del agua congelada de Groenlandia. Cuanto más nieve y más blanca, más protegido está el hielo gracias al albedo. En cuanto se retira el manto blanco, el deshielo se acelera.

nieve y deshielo

La importancia de la nieve

El de Brown no es el primer estudio que señala la importancia de la nieve en el compendio de factores que retroalimentan el cambio climático. Aunque sí es el primero en estudiar el fenómeno a gran escala en Groenlandia. La relación entre nieve y hielo ya se había analizado en varias ocasiones en los glaciares de alta montaña. Sobre todo, en los Alpes y en el Himalaya. Como en casi todo lo que rodea al clima, el equilibrio energético es delicado.

Las zonas polares son más frías por varias razones. Principalmente, porque reciben menos radiación solar que los trópicos. Pero también porque, cuando el sol aparece sobre el horizonte durante el verano, las superficies nevadas y blancas reflejan buena parte de esta radiación. Es lo que se conoce como el efecto albedo.

A medida que sube la temperatura y cambia el clima, las precipitaciones en forma de nieve tienden a reducirse. El hielo continental, más oscuro, absorbe más radiación en forma de calor, lo que acelera su derretimiento. Esto significa más agua líquida que va a parar a ríos y océanos y, a su vez, una reducción en la masa helada capaz de reflejar el calor hacia fuera de la atmósfera. Es decir, más calor en la Tierra y un cambio climático que se retroalimenta.

Nieve y deshielo: modelos cada vez más complejos

La relación entre nieve, hielo y calentamiento global no es algo que se tenga en cuenta en la mayoría de modelos climáticos. Al menos, no se le da la importancia que, según el estudio de Brown, debería tener. El motivo es que, hasta ahora, la tecnología no nos había permitido medir con precisión su impacto.

nieve y deshielo foto con drones

“Nos dimos cuenta de que los modelos no reproducen muy bien las líneas de nieve [la frontera entre la superficie cubierta y la no cubierta por la nieve]. Esto agrega incertidumbre a las proyecciones futuras”, señala Jonathan C. Ryan, investigador en Brown y autor principal del estudio. “Pero ahora que hemos demostrado lo importancia de la línea de nieve esperamos poder mejorar estos modelos en el futuro”.

Los modelos climáticos son cada vez más complejos y también más precisos. Cuantos más factores puedan tenerse en cuenta, mejor podremos anticiparnos a los efectos del cambio climático. Los resultados del estudio ‘Greenland Ice Sheet surface melt amplified by snowline migration and bare ice exposure’, publicado en ‘Science Advances’, podrían tener implicaciones significativas para predecir el aumento futuro del nivel del mar. Y es que parece que la nieve es mucho más importante de lo que se creía hasta ahora.

Drones y satélites al servicio de las matemáticas

Para poder medir algo hacen falta dos cosas: instrumentos y patrones o magnitudes con las que comprar los datos recopilados. También, claro, saber qué es lo que se quiere medir. La primera vez que los investigadores de la Universidad de Brown se dieron cuenta de lo importante que podía ser el movimiento de la línea de nieve no fue por casualidad. Estaban midiendo la posición de esta línea con drones en Groenlandia. Durante varios días de verano, no pudieron hacerlo por culpa del fuerte viento. Cuando volvieron a buscar la línea de nieve, esta se había ido.

“En un par de días, se había alejado unos 30 kilómetros y estaba fuera del alcance de nuestros drones”, señala Ryan. A partir de ahí, dejaron de lado las aeronaves no tripuladas y se pasaron a herramientas más potentes. Gracias al espectrorradiómetro MODIS, instalado en el satélite Terra de la NASA, recopilaron datos sobre la posición de la nieve entre 2001 y 2017 y la capacidad de reflejar la energía del hilo y la nieve durante ese periodo.

nieve y deshielo

Las imágenes no mentían: la línea de nieve se movía mucho a lo largo de los años. Los datos, tampoco. La nieve era capaz de reflejar, de media, un 79% de la radiación. Cuanto más blanca, mayor albedo. El hielo, en función de su color, reflejaba entre el 45% y el 57%. Observada a lo largo del tiempo, esta diferencia señalaba que la nieve era responsable directa del 53% de variabilidad de la radiación reflejada por Groenlandia de un año a otro. De repente, la nieve pasó a ser uno de los factores con mayor impacto en el derretimiento de los polos.

Los principales modelos matemáticos predictivos, utilizados para intuir los efectos y las consecuencias del cambio climático en el futuro, no tenían en cuenta el factor nieve en su justa medida. Situaban las líneas de nieve en posiciones promedio poco precisas, ignorando el impacto del manto blanco en el deshielo. “Estamos colaborando con los modeladores, facilitándoles nuestras observaciones. Eso les ha dado una serie de datos reales a los que agarrarse para ajustar los modelos”, concluye Ryan.

Ahora que conocemos la importancia de la nieve, podemos saber un poco mejor qué es lo que va a pasar. Y prepararnos en consecuencia. Porque el cambio climático es real y sus efectos ya se dejan ver entre nosotros. Mientras una parte de la ciencia se centra en frenar el calentamiento global, otra trabaja ya para paliar sus consecuencias.

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Imágenes | Universidad de Brown, NASA, Unsplash/Tina Rolf, Pexels/Richard Fletcher