¿Por qué hay países que son más innovadores que otros? La clave es el STEM

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Según el ranking elaborado por Boston Consulting Group (BCG) sobre las 50 empresas más innovadoras del mundo en 2015, la mayoría de ellas se encuentran en Estados Unidos. La Unión Europea tiene casi una cuarta parte de esas empresas.

Pero el dato más llamativo es que, a medida que transcurre el tiempo, cada vez son más las empresas de los países emergentes que se sitúan en esta lista. De hecho, la empresa más innovadora del mundo que encontramos en el puesto 50 es ya china: Lenovo. En España no encontramos ninguna de las 50 empresas más innovadoras.

Lo que pone en evidencia este cambio gradual es que los países innovadores pueden tener una ventaja histórica, pero es la conformación de un ecosistema propicio para la innovación lo que propicia que nazcan empresas de este tipo. La lista de los diez primeros es la siguiente:

  1. Apple (EEUU)
  2. Google (EEUU)
  3. Tesla Motors (EEUU)
  4. Microsoft (EEUU)
  5. Samsung (Corea del Sur)
  6. Toyota (Japón)
  7. BMW (Alemania)
  8. Gilead Sciences (EEUU)
  9. Amazon (EEUU)
  10. Daimler (Alemania)

El ecosistema que favorece la innovación tiene una configuración exacta desconocida, pero se caracteriza, sobre todo, por favorecer el STEM en todas sus manifestaciones, es decir, la Ciencia, la Tecnología, la Ingeniería y las Matemáticas.

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Raíces de crecimiento

La mayoría del crecimiento de la renta de Estados Unidos e Inglaterra desde 1870 se debe, fundamentalmente, a la innovación tecnológica. Los países que antes se urbanizaron, más comunicaciones e intercambios comerciales establecieron con otros países y, finalmente, mayor inversión realizaron en STEM, más han crecido históricamente.

En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, el 30% de la fuerza laboral del país hace un siglo estaba empleada en granjas y fábricas. Pero actualmente solo lo está un 3%. Por cada cien estudiantes que reciben un grado de ciencia o ingeniería en Estados Unidos, el país gana 62 nuevas patentes tecnológicas, según un estudio de Keith Markus, de la Universidad de Colorado.

Estados Unidos también favorece la entrada de cerebros con iniciativas como el programa H-1B, que invita a trabajar a graduados en ciencia o tecnología (responsables del incremento de un 25% del PIB entre 1990 y 2010).

Muchos de estos cerebros que han enriquecido a Estados Unidos, porque ofrecían grandes oportunidades en clusters creativos o conglomerados tecnológicos, como Silicon Valley, eran de procedencia china o india. Muchos de estos emprendedores extranjeros optaron por regresar a sus países e invertir en ellos. Así hoy existen 75 ciudades que se caracterizan por su grado de innovación en el mundo, y entre ellas encontramos Bangalore, por ejemplo, o Shangai.

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El caso español

A pesar de que el STEM, y su efecto colateral, la innovación tecnológica, produce riqueza a los países (y que el 80% de los trabajos de la próxima década precisarán de conocimientos tecnológicos), solo el 16% de los graduados estadounidenses se especializa en STEM. Por ello Estados Unidos favorece la importación de graduados de otros países.

En España, sin embargo, solo se gradúa el 9%, y en vez de importar graduados, los exportamos. Tal y como explica Juan Scaliter en su libro Exploradores del futuro:

La educación en ciencia resulta fundamental para conseguir trabajo: en 2011, en Estados Unidos, el desempleo pasó del 4,8 al 10 por ciento, pero en STEM, la tasa de ocupación aumentó del 1,8 por ciento al 5,3 por ciento.

España, al igual que muchos otros países europeos, no es capaz de ofrecer productos de alto valor añadido ni productos muy baratos: se ha quedado en el medio. El nivel de nuestros salarios y la incapacidad por innovar o crear productos diferenciales empujan a España a salir perdiendo cuando se enfrenta a los mercados globales. Según el Índice Regional de Competitividad del Centro de Investigación Conjunta de la Comisión Europea, los países del norte de Europa suelen ser más innovadores que los del sur y el este, en términos generales.

Estas diferencias de competitividad marcan las diferencias de la prosperidad económica y social de cada región. España se encuentra en la zona de baja competitividad, excluyendo Madrid y País Vasco. Cambiar ese estado de las cosas es difícil si no se ataja con medidas agresivas, como una fuerte inversión en I+D+I y una mejora del sistema educativo, en el que debe prevalecer el conocimiento en ciencia.

Imágenes | Pixabay

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