Christensenella minuta: una bacteria para luchar contra la depresión

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha patentado la bacteria intestinal Christensenella minuta. ¿Cuál es su relevancia? Tiene propiedades terapéuticas para el tratamiento de trastornos de ánimo, como la depresión o la ansiedad.

La macrobiota juega un papel crucial en la salud humana. Estudios como el de Martin J. Blaser han evidenciado que “la composición del microbioma y sus actividades están involucradas en la mayoría, sino en todos, los procesos biológicos que constituyen la salud y la enfermedad humanas”.

Nuestro microbioma intestinal funciona en simbiosis con nuestro cuerpo. Nuestra vida moderna —caracterizada por una dieta poco saludable, contaminación, estrés y exposición química— puede deteriorar esta simbiosis. Así, cuidar nuestra salud intestinal es fundamental. El equipo del CSIC ha descubierto que la bacteria intestinal Christensenella minuta tiene propiedades terapéuticas para el tratamiento de trastornos de ánimo.

¿Qué es un trastorno del estado de ánimo?

Como el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders en su quinta edición (DSM-5) afirma, “los trastornos del estado de ánimo son trastornos de la salud mental caracterizados por la existencia de alteraciones emocionales”. Estos episodios consisten en periodos prolongados de tristeza excesiva (depresión), de exaltación o euforia excesivas (manía), o de ambos. La depresión y la manía representan los dos polos o extremos de los trastornos del estado de ánimo.

Trastornos depresivos

Los trastornos del estado de ánimo son un conjunto heterogéneo de patologías que abarcan desde las formas polares maníacas y depresivas, hasta sus formas clínicas mixtas —como el trastorno bipolar—. Entre los trastornos que establece el DSM-V podemos encontrar los siguientes:

  • Depresivo mayor.
  • Depresivo persistente.
  • Disfórico premenstrual.
  • Trastorno bipolar I y II.
  • Ciclotímico.
  • Otros trastornos depresivos no especificados, y los relacionados con el consumo de sustancias.

Su etiología se desconoce, pero los estudios le dan un 50 % de carga genética, hereditaria. Además, la depresión afecta a un mayor número de mujeres que de hombres, mientras que obtenemos números inversos en los trastornos bipolares. Ambos trastornos pueden presentarse a cualquier edad.

La OMS calcula que, a nivel mundial, unos 300 millones de personas padecen depresión. Clínicamente hablando, hasta el 30 % de los pacientes refieren síntomas depresivos en los centros de atención primaria. Solo menos del 10 % tendrá una depresión mayor y, de estos, el 15 % de las patologías no tratadas derivan en suicidio.

Ansiedad y trastornos relacionados con el estrés

La ansiedad aparece en una amplia variedad de trastornos físicos y mentales, y es el síntoma predominante en varios de ellos. Los trastornos por ansiedad son más frecuentes que cualquier otra clase de trastorno psiquiátrico. También pueden ser ocasionados por enfermedades físicas —hipertiroidismo, feocromocitoma, insuficiencia cardíaca, arritmias, asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica, entre otras—.

Entre los trastornos de ansiedad y aquellos relacionados con el estrés se encuentran los siguientes:

  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
  • Crisis de angustia y trastorno de angustia.
  • Fobia social.
  • Trastornos fóbicos específicos.
  • Trastorno por estrés agudo.
  • Trastornos de adaptación.
  • Trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Cerca del 20 % de la población padece algún trastorno de ansiedad a lo largo del año. Destacando las fobias simples en casi un 9 % de la población, seguido del TAG con una incidencia del 8 %.

Estos trastornos, en general, no tienen una etiología conocida. Salvo el TEPT, que se observa sobre todo en víctimas de violación y/o abusos sexuales —en un 94 % de las víctimas—; de accidentes de tráfico y en militares y víctimas de guerra y/o atentados terroristas.

En general, la incidencia es mayor en mujeres. Salvo el TOC que el porcentaje es del 50 %.

La bacteria intestinal contra la depresión y la ansiedad

Numerosos estudios han establecido recientemente los fuertes vínculos entre un desequilibrio del microbioma y el desarrollo de enfermedades crónicas —uno de cada tres adultos padece algún tipo de enfermedad crónica—. El microbioma intestinal controla nuestra salud. Los cien billones de bacterias que habitan en nuestros intestinos desempeñan un papel central en una multitud de funciones básicas de nuestro cuerpo —metabolismo, digestión o funciones inmunológicas y neurológicas—. En este contexto, la mejor manera de abordar las causas fundamentales de la enfermedad es tratando este desequilibrio.

Para tratar la ruptura de la simbiosis microbiótica, en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA-CSIC), el equipo de Yolanda Sanz ha investigado el “sistema de comunicación bidireccional a través del eje intestino-cerebro”. ¿En qué consiste? Veámoslo con detenimiento.

La relación intestino-cerebro

¿Qué relación puede tener nuestra flora intestinal con nuestra salud mental? “Se ha demostrado que el intestino afecta al cerebro, y viceversa, a través de rutas inmunológicas, endocrinas y neurales”, señala Yolanda Sanz. Entre el intestino y el cerebro hay una vía de comunicación, el eje intestino-cerebro. Nos encontramos con una vía bidireccional, por un lado, los nervios simpáticos y parasimpáticos comunican cerebro e intestino. Por otro lado, estos mismos nervios conectan a la vez el sistema hormonal y el sistema inmunitario.

“Numerosos estudios están sugiriendo que la microbiota intestinal participa en la regulación de este eje», añade Sanz. Esta relación podría ejercer una función importante en trastornos que afectan al cerebro —como las enfermedades neurodegenerativas y psiquiátricas, incluyendo las alteraciones del estado de ánimo—. “Esta evidencia ofrece nuevos y prometedores enfoques terapéuticos para fomentar la salud mental«, augura la experta.

Basándose en esta teoría, el equipo del IATA ha patentado la bacteria intestinal Christensenella minuta, una bacteria capaz de intervenir en situaciones de depresión o ansiedad. La investigadora asegura que “la bacteria patentada es la que producía más cantidades de neurotransmisores, específicamente, la serotonina. Una sustancia deficitaria en sujetos con depresión”. Es decir, lo que comemos influye en nuestro microbioma, donde se forman el 90 % de las bacterias Christensenella minuta que tenemos en el organismo. Estas bacterias influyen enormemente en nuestro bienestar.

La investigación del CSIC

La investigación de Yolanda Sanz radicó en someter a ratones a situaciones de estrés crónico (generador este de la mayoría de las depresiones). Así, el equipo del CSIC pudo observar cómo el organismo producía más corticosteroides (hormonas del estrés) —quedando ese nivel elevado de forma permanente—. También se desregulaba el sistema inmune y se desarrollaban comportamientos depresivos.

“Probamos en estos modelos animales que la administración de la bacteria restablecía la respuesta al estrés», explica Sanz. La Christensenella minuta actúa “reduciendo la producción excesiva de corticosterona y atenuando las alteraciones en la síntesis de serotonina». Esto se traducía en que «también regulaba algunos de los aspectos del comportamiento depresivo, junto a otros relacionados con la ansiedad”.

Tras los estudios con animales, toca pasar a los ensayos en humanos. Hasta ahora, la efectividad de la Christensenella minuta solo se había explotado por su potencial en el tratamiento de la obesidad. Sanz estima que en un par años la empresa que ha licenciado la patente LNC Therapjeutics podría desarrollar el nuevo fármaco. Fármacos mucho más seguros y con muchos menos efectos secundarios que con los que contamos actualmente para el tratamiento de la depresión y de la ansiedad.

Con todo, no podemos olvidar que la psicoterapia sigue siendo la herramienta para abordar ambas familias patológicas.

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