Cuando los diseñadores hacen la vista gorda a que pirateen sus servicios

La piratería es muy difícil de erradicar, especialmente la digital. De hecho, si comparamos la antigua piratería de barcos y espadas (que aún se da) con la informática, esta última copa cualquier listado. Aunque, en general, ha bajado.

El bajo coste de la cultura (libros, películas, programas, estudios) ha cambiado el modelo de piratería en los últimos años. Pero, ¿por qué se sigue pirateando? Y lo que podría resultar aún más paradójico: ¿por qué hay marcas que siguen permitiendo que sus productos se pirateen con asiduidad?

El pirateo de Microsoft Office

Según la Software & Information Industry Association (SIIA) americana esta es la lista con los diez programas más pirateados*:

  1. Symantec Norton Anti-Virus
  2. Adobe Acrobat
  3. Symantec PC Anywhere
  4. Adobe PhotoShop
  5. Autodesk AutoCAD
  6. Adobe DreamWeaver
  7. Roxio Easy CD/DVD Creator
  8. Roxio Toast Titanium
  9. Ipswitch WS_FTP
  10. Nero Ultra Edition

El asterisco hace referencia a que *Microsoft no forma parte de esta agencia. El paquete Office de Microsoft es probablemente sea el programa más pirateado de la historia, y tiene un por qué.

¿Cómo puede ser que uno de los mayores diseños a nivel mundial cuente en todas las ediciones con una vulnerabilidad que permite, mediante un código alfanumérico, anular la copia legal? La respuesta es porque alguien la puso ahí. Cada versión de Office viene acompañada a los pocos días de un programa que evita el sistema de validación. Lo ponen demasiado fácil.

La estrategia de Microsoft ante la piratería fue, por decirlo de algún modo, laxa, y ocurre con cada nuevo programa. Durante décadas permitió que su software fuera pirateado y copiado hasta la saciedad, y aquello formó parte de su estrategia de expansión. Esto no significa que no persiga aquellas copias ilegales que hacen negocio de esta vulnerabilidad (aquí y aquí dos ejemplos).

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Este software se copió con tanto ímpetu que hasta 2010 monopolizaba casi el total de la cuota de mercado, legal o no. Cuando hacia 2012 llegó Google Docs y la gente perdió interés en el paquete de Office, Microsoft empezó a ofrecer una versión web gratuita y un pack “premium” diferenciado llamado Office 365 que funcionaba por suscripción. Había conseguido controlar la “piratería”.

Y algo similar ha ocurrido con su SO. Windows 10 ya tiene una cuota de mercado mundial del 39,22%, y si sumamos el resto de SO Windows nos da un resultado del 81,54%. Dejando que se copie han logrado una prevalencia absoluta.

Los piratas, curiosamente los que más pagan

La piratería es un fenómeno tremendamente complejo. Durante años se pensó que el dinero ahorrado era lo que movía al pirata, que quería ahorrarse unos cuartos. Sin embargo, un estudio realizado por MUSO descubrió que solo un 35,3% están movidos por el motivo económico y “no se lo pueden permitir”.

El principal motivo de la piratería es que el contenido no esté disponible de algún modo (69,6%). Como muestra, el 91% de los que se declaran piratas cuentan con suscripciones en plataformas de streaming.

De hecho, estas plataformas han supuesto un importante freno a la piratería. Según el Ministerio de Cultura, en 2018 se ha reducido en un 30% la audiencia de webs piratas. La Coalición de Creadores e Industrias de Contenido confirmó que el acceso ilegal a contenidos bajó un 6% en un año.

El caso de Netflix (y el de Canal+)

Pero los piratas también pueden hacer bastante daño. Hace unos años algunos disponíamos de un decodificador en casa capaz de traducir la señal de Canal+ (ahora #0). Esta señal estaba encriptada y requería de una tarjeta codificada para poder ver los canales. También valía una copia pirateada.

Ahora, streamings como Netflix, HBO, Prime Video funcionan de un modo similar. Y por ello son altamente “pirateados”, claro. En este caso el pirateo es más burdo y de andar por casa. Simplemente, alguien paga una cuenta y comparte las claves con más personas.

Según un estudio de Comparitech, el 75,6% de la generación postmilenial dijeron que era ético compartir las contraseñas (¿Por qué si no aparecen varios usuarios al acceder al servicio?) frente al 63,4% de los milenial o el 34% de las generaciones X y Baby Boomers. Esto hace que el 45% de los usuarios comparta sus datos con amigos y familiares.

pirateria estrategia netflix

Esto tiene un lado bueno para la emisora, la amplia difusión de su contenido y el copar el mercado (si pirateas Netflix no tienes tiempo de pagar HBO); pero también un lado malo: no estás pagando ninguno de los dos, y los gastos corren para ambas marcas.

Aunque según datos de la consultora Gfk hay poco motivo de alarma. La gente “piratea por vicio” más que por robo. La mayoría de las veces este público se descarga contenido que no hubiese pagado de ninguna otra forma, y esto pesa a favor de las emisoras de streaming, que en hacen la vista gorda con asiduidad.

Luchar contra la piratería, pero poquito

Esta vista gorda resulta evidente en streamings como Netflix con los datos presentados arriba. Porque Netflix sabe perfectamente quién y cuándo se conecta a su canal. La IP, el GPS o el código IMEI del dispositivo, así como la identidad de su usuario, quedan registrados en la plataforma. Lo saben, pero deciden no hacer nada.

Cuando le pasas la contraseña de este streaming a más de tres usuarios, Netflix lo sabe pero, por algún motivo, no hace nada. Donde sí lucha, y mucho, es en aquellos escenarios en los que hay ciberdelincuencia: cuando alguien copia un contenido y lo sube a su web para ganar tráfico; o vende su acceso.

Netflix forma parte de la Alliance for Creativity and Entertainment (ACE), el mayor proyecto antipiratería del mundo, y en 2018 tuvieron que tomar cartas en Tailandia, el país del pirateo de streaming por excelencia.

Allí ha desplegado un sistema que permite cerrar cuentas piratas en pocos días, y se sospecha que Tailandia es solo el campo de pruebas. De hecho, Netflix está trabajando en una inteligencia artificial similar a Lumière, la IA española usada por el Ministerio de Cultura, e incluso ha cambiado su estrategia comercial.

‘Minecraft: Story Mode’ (2018), ‘Bandersnatch’ (2018) o ‘You vs Wild’ (2019) son series interactivas de Netflix en las que el jugador toma el control. Al requerir de interacción por parte del espectador, resultan muy complejas de piratear. Ya innovaron con el binge-watching y las adicciones, y por ahí van los tiros.

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