El Sahara es la pila que necesita el planeta: ¿por qué seguimos retrasando la construcción de granjas solares?

Cruzando las montañas del Atlas, 200 kilómetros al sur de Marrakech, se alzan las puertas del desierto. Este es uno de los muchos nombres que recibe Uarzazat. Tantos como usos ha tenido la ciudad. En sus alrededores se dejaron ver Lawrence de Arabia y Daenerys Targaryen. Por sus calles pasearon mercaderes africanos camino de Europa y hoy lo hacen miles de turistas. Pero, en los últimos años, Uarzazat ha visto levantarse otra industria, más allá de la de los viajes al desierto y los decorados cinematográficos.

A sus afueras se construye, desde 2014, el Proyecto de Energía Solar Concentrada Noor. Desde allí discurren autopistas de cables dirección norte. Como los mercaderes del pasado, camino de Europa. No es el único proyecto similar en marcha. Si el Sahara estuviese cubierto de paneles solares, podría producir 7.000 veces la energía que necesita Europa con prácticamente cero emisiones. Pero no es tan fácil como parece.

La energía que se pierde en el Sahara

De Uarzazat hacia el sur, casi todo es desierto. El inmenso Sahara se extiende hacia el ecuador, de este a oeste, ocupando 9,2 millones de kilómetros cuadrados de territorio africano. Si fuese un país, sería el quinto más grande del mundo. Cada metro cuadrado de arena recibe entre 2.000 y 3.000 kilovatios hora de energía solar, según la NASA. De hecho, el Sahara es uno de los lugares del planeta que mayor potencial tiene para la explotación fotovoltaica junto al desierto de Atacama.

producción fotovoltaica en el Atacama

Europa consumió, en 2016, 3.100 millones de gigawatios hora. Una planta que ocupase todo el Sahara produciría entre 7.000 y 8.000 veces más. Esto es impensable por muchas razones. Sin embargo, a menor escala, los países del norte del Mediterráneo y, sobre todo, Marruecos, han soñado con convertir el Sahara en la pila de Europa. No solo por su potencial, sino por la cercanía de ambos continentes (lo que facilitaría la integración de la producción de energía con la red eléctrica europea).

Los retos de captarla

¿Por qué se está desperdiciando entonces el potencial energético del Sahara? Las razones son políticas y tecnológicas. Tal como señala el paper ‘The transition towards a sustainable energy system in Europe’, publicado recientemente por investigadores argelinos, alemanes y británicos, la Unión Europea ha centrado sus esfuerzos en renovables en la energía eólica. El motivo es lograr la autosuficiencia energética, ganar en independencia política y crear empleos a nivel local. Construir plantas solares en el norte de África iría contra estos objetivos.

Sin embargo, concluye el estudio, apostar por la energía solar en el Sahara contribuiría al desarrollo del norte de África y a su estabilidad, incrementando la transferencia tecnológica y reduciendo la huella de carbono de Europa y los países del Mediterráneo.

Por otro lado, existen una serie de barreras tecnológicas. Hoy por hoy, existen dos tecnologías para generar energía a partir del sol de forma eficiente: energía termosolar de concentración (CSP, por sus siglas en inglés) y energía fotovoltaica. Cada una con sus ventajas e inconvenientes para el Sahara, según señalan investigadores de la Universidad de Nottingham (Reino Unido) y de Benghazi (Libia) en el paper ‘Towards exporting renewable energy from MENA region to Europe’.

energía solar en el Sahara

La energía termosolar de concentración utiliza lentes y espejos para concentrar el sol en un punto donde se calienta agua para generar energía a través de turbinas de vapor. Cuanto más luz directa y calor, mejor funciona, lo que la convierte en una alternativa muy eficiente para el Sahara. El problema es que sus necesidades de agua son elevadas. Y en el desierto el agua es escasa.

Los paneles fotovoltaicos necesitan mucha menos agua (solo la que consume su limpieza). Además, funcionan a pesar de que esté nublado. Sin embargo, es una tecnología que no soporta bien el calor. A mayor temperatura, menor eficiencia. En el Sahara, las máximas oscilan, de media, alrededor de los 40 °C, con picos que se acercan a los 50 °C.

Los grandes proyectos en marcha

Lo bueno de la tecnología es que evoluciona, mejora y se abaratan sus costes. Para superar las barreras políticas, hacen falta otro tipo de esfuerzos. La Unión Europea lleva más de una década debatiendo si apostar fuerte por la energía solar en el Sahara o no. Y estos son los proyectos que ya están en marcha.

Desertec

La tecnología de Desertec se centra, en realidad, en la red de transmisión de alta tensión. Pero el nombre de la fundación que la auspicia se usa para referirse a la construcción de una gran planta solar en Marruecos. Se presentó en 2009 como la gran alternativa energética para Europa y recibió un fuerte apoyo de inversores. Sin embargo, a día de hoy, todavía no se ha concretado el proyecto y buena parte de los inversores han retirado su financiación.

TuNur

Esta propuesta es más reciente y, sin embargo, más avanzada que la anterior. El objetivo es suministrar, desde el desierto de Túnez, energía para cubrir las necesidades de dos millones de hogares europeos. La planta termosolar y los cables de alta tensión están en construcción. La última noticia oficial al respecto (de 2017) fue la solicitud de autorización del gobierno de Túnez para exportar energía.

planta solar de Uarzazat

Noor Complex

Con sus 330 días de sol al año y una primera fase de la planta ya en funcionamiento, Noor Complex, el proyecto de Uarzazat que abría este artículo, es el más avanzado. Según la hoja de ruta que maneja el Banco Mundial debería estar terminado el 31 de diciembre de 2022. De momento, esta planta termosolar, que funciona como un girasol gigante que concentra el calor en su interior, genera energía para el mercado interno.

Marruecos quiere que, cuando esté a pleno funcionamiento, la electricidad solar llegue también a Europa. No en vano, un 60% de los más de 2.500 millones de dólares comprometidos en la construcción de Noor llegaron de inversores europeos. Allí, a las puertas del desierto, se levanta la que quizá sea la primera de muchas pilas solares que necesita el planeta.

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Imágenes | Unsplash/Nicolas Jehly, Antonio Garcia, Red Morley Hewitt, Wikimedia Commons/ Marc Lacoste