Otro clavo en el ataúd de la unicidad del ser humano: los gorilas lloran a sus muertos

El ser humano es especial. Nos basta un vistazo a nuestro alrededor para comprobarlo. Hemos conseguido lo que ninguna otra especie ha logrado nunca. Sentimos, queremos y sufrimos. Pensamos y razonamos como ningún otro ser vivo. Somos la especie más desarrollada sobre la faz de la Tierra. Somos únicos. ¿O quizá no? Ahora resulta que los gorilas también lloran a sus muertos.

No está del todo claro cuándo surgió el pensamiento simbólico. Sapiens y neandertales lo compartimos hace decenas de miles de años. Desde que lo tenemos, los seres humanos empezamos a creer en lo divino. Llegó incluso a haber épocas en las que la vida de los dioses era más importante que la nuestra. También hubo otras (como en la que nos encontramos) en las que el ser humano ocupó un papel más relevante.

Durante los últimos siglos, la ciencia y la tecnología se han encargado de desplazar a dioses y humanos del centro del universo. Sin embargo, la creencia de que el Homo sapiens reina sobre el resto de animales sigue bastante extendida. Puede que el ser humano sea único en algunos aspectos. Pero cada vez está más claro que es una especie bastante parecida al resto. Volvamos a los gorilas.

funeral de los gorilas

El luto de los gorilas de montaña

Cuando Titus murió, tenía 35 años. Eran mediados de septiembre de 2009 cuando los exploradores del centro de investigación Karisoke, en Ruanda, encontraron su cadáver. Titus era uno de los machos de lomo plateado que habían acompañado el trabajo de la bióloga Dian Fossey desde sus inicios. De ahí la significancia de su muerte. Pero no solo los investigadores del centro mostraron pena por su fallecimiento.

Cuando los investigadores llegaron al lugar de la muerte, observaron que uno de los jóvenes de la manada, Ihimure, no se separaba del cuerpo de Titus. Un grupo numeroso de individuos se encontraba a unos 100 metros del cadáver, visiblemente agitados. Al cabo de un rato, la mayoría de los gorilas se acercó al cuerpo de Titus. Se sentaron a su alrededor (algunos incluso le tocaban) y se quedaron durante horas sin apenas moverse.

La de Titus fue la primera muerte en la cual se observó este comportamiento. Pero no fue la única. Un año más tarde, el fallecimiento de la hembra Tuck (de 38 años) tuvo una respuesta similar por parte del grupo. Su hijo más joven no se separó del cuerpo, mientras otro más mayor (Urwibutso) mostraba su nerviosismo y tocaba con insistencia el cuerpo de su madre. Otros tres machos de la manada se mantuvieron durante horas a su lado.

Más recientemente, en 2016, durante la anterior crisis del Ébola, los investigadores describieron un comportamiento similar en un grupo de gorilas orientales de llanura en la República Democrática del Congo. Y eso que, en este caso, el fallecido era un individuo extraño, ajeno al grupo.

funeral de los gorilas

¿Estaban tristes los gorilas?

Tras presenciar y estudiar estos tres eventos, los investigadores han publicado sus conclusiones en el paper ‘Behavioral responses around conspecific corpses in adult eastern gorillas’. Los gorilas estaban claramente contrariados por la muerte, mostrando un comportamiento poco habitual. Y sus gestos nerviosos y cariñosos recuerdan a los que mostramos los humanos. Pero no se puede saber qué estaban pensando.

“Si bien no tenemos forma de saber a ciencia cierta qué estaban pensando los animales, en el caso de la hembra adulta Tuck, tenemos pruebas convincentes de que su hijo pequeño estaba afligido”, señala la doctora Amy Porter. “Del mismo modo, en el caso de Titus, Ihumure, que compartía una relación social cercana con él, permaneció todo el tiempo cerca del cadáver e incluso se durmió con él. En el caso del macho extraño al grupo, es probable que la respuesta de los demás fuese fruto de la curiosidad”.

Además, las observaciones no son concluyentes. Desde 2004, el equipo ha registrado 42 muertes de gorilas. En la mitad de los casos, el cuerpo fue dejado atrás sin aparentes miramientos. En los otros 17, no se pudo registrar. Solo en los tres casos descritos antes se pudo registrar un comportamiento especial.

“Entre los primates, y especialmente los grandes simios, existe evidencia convincente por las respuestas conductuales y fisiológicas de que sí lloran la muerte”, concluye el paper. “Por ejemplo, se sabe que los chimpancés comparten circuitos neuroendocrinológicos que se activan durante estados emocionales, como el dolor, con los humanos”.

las respuestas humanas de los elefantes

Las respuestas humanas de los animales

Los funerales de los gorilas de África son solo una señal más. Llevamos décadas recopilando pruebas de que no somos tan únicos como pensábamos. Muchas de estas pruebas tienen que ver, precisamente, con el comportamiento alrededor de la muerte. Los insectos sociales (como las hormigas y las termitas) entierran a sus muertos. Y algunas especies de pájaros responden a la muerte agrupándose y poniéndose en alerta.

Los elefantes son conscientes de la muerte y muestran curiosidad y compasión cuando otro individuo está en apuros (aunque no sea de su misma manada). Algo parecido sucede con gran cantidad de especies de cetáceos y muchos de los primates. Pero existen más repuestas compartidas con los animales que antes considerábamos exclusivas.

Está demostrado que multitud de animales, sobre todo mamíferos, poseen y comparten una cultura propia, adaptada a las necesidades locales del grupo y que se transmiten de generación en generación. En algunos casos, como los de las orcas, se ha incluso probado que la cultura ha evolucionado en el tiempo.

También existen pruebas numerosas de que los animales utilizan herramientas. Algunos, como los monos capuchinos de Brasil, incluso podrían haber sido copiados por los primeros humanos en la zona. Quizá, después de todo, no seamos tan únicos como pensábamos. Y mientras seguimos dándole vueltas al asunto, la ciencia seguirá desplazándonos, poco a poco, del centro del universo.

Imágenes | Unsplash/Alexander Cooke, Hu Chen, The Dian Fossey Gorilla Fund