El planeta se desgasta: todo lo que tienes que saber sobre la desertificación

El planeta no para de lanzarnos señales: es fundamental lograr un equilibrio entre lo que los ecosistemas pueden proporcionar y nuestra demanda. Una de las consecuencias de no lograrlo es la desertificación, que acaba con 24.000 millones de toneladas de suelo fértil cada año. 

Hacer frente a la desertificación de nuestros suelos es fundamental para frenar el cambio climático y satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento. Te contamos en qué consiste la desertificación, qué consecuencias tiene para nuestro planeta y qué opciones se estudian para frenarla. 

Un uso inapropiado del suelo

El concepto “desertificación” puede llevar a confusión debido a su nombre. A pesar de lo que se podría pensar, no se refiere a la expansión de los desiertos, sino a la degradación de la tierra como resultado, principalmente, de actividades humanas y variaciones climáticas. La sobreexplotación y el uso inapropiado del suelo con actividades como el pastoreo excesivo o la deforestación pueden socavar la productividad de la tierra.

Es un fenómeno que se da, sobre todo, en áreas de tierra seca (zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas), que suponen un 41% de la superficie terrestre. Algunas de las zonas más vulnerables a la desertificación son la región subsahariana y el centro de Asia, aunque el fenómeno se da en todos los continentes salvo la Antártida. 

Según datos de la ONU, la degradación de zonas áridas provoca la desertificación de 3.600 millones de hectáreas cada año. Es decir, lo equivalente a unos 3.600 campos de fútbol. Algo que acarrea grandes consecuencias medioambientales, sociales y económicas que afectan a la vida de millones de personas.

Las consecuencias de la desertificación

El impacto medioambiental: la desertificación y la deforestación son a la vez causa y resultado del cambio climático. Los bosques absorben y almacenan CO2, mitigando los efectos de este gas en la atmósfera. Sin embargo, al talarse o deteriorarse lo liberan, contribuyendo al calentamiento del planeta.

Según la ONU, al restaurar las tierras degradadas podría conseguirse almacenar hasta tres millones de toneladas de carbono al año. Una mejora de la gestión de la tierra podría cerrar la brecha de emisiones hasta en un 25%.

Consecuencias económicas: uno de los principales problemas de la desertificación es la pérdida de tierras productivas, que se vuelven estériles. Según cálculos de la ONU, cada año se pierde la oportunidad de producir 20 millones de toneladas de grano. Al perderse zonas fértiles se limita, también, el acceso a otras fuentes de riqueza como la madera.

La desertificación puede acabar con áreas dedicadas al cultivo de cereal y otros granos.

El lado social: se estima en en 2025 (tan solo dentro de seis años) dos tercios de la población del planeta sufrirá “estrés hídrico” y que en 30 la demanda de agua habrá aumentado un 50%, dejando cada vez a más personas sin acceso a fuentes potables. Algo que llevará al desplazamiento de unos 135 millones de personas en 2045. 

Según la Convención para combatir la desertificación de la ONU, la sequía causa más muertes y desplaza a más personas que cualquier otro desastre natural. 

The Green Wall Initiative, IoT y otras soluciones 

El número 15 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados por la Organización de Naciones Unidas (ONU) es gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad. 

196 países de todo el mundo han suscrito acciones coordinadas para la gestión sostenible de la tierra y frenar la desertificación. Una de las propuestas es la ‘Green Wall Initiative’, una iniciativa africana para restaurar los paisajes degradados del Sahel (una de las regiones más pobres del mundo). 

Su objetivo es construir un muro verde de 8000 kilómetros a lo ancho de todo el continente, con el que se restaurarán 100 millones de hectáreas de tierra degradada y se crearán empleos y fuentes de alimento para millones de personas. Hasta hoy, se han restaurado zonas de Etiopía, Senegal y Nigeria, entre otros países. 

Montañas de Etiopía, país en el que la desertificación acarrea graves consecuencias.

En Níger, el Instituto Savory (AleJAB) y Acción Contra el Hambre han desarrollado un programa piloto que consiste en dejar que las vacas se alimenten en terrenos fértiles y defequen y orinen después en terrenos dañados. Estos se dejan descansar para que la hierba vuelva a crecer en ellos, pudiendo absorber el agua de la lluvia y ser fértiles de nuevo. Supone una solución a la ganadería permanente, una de las causas de la desertificación en la región. 

Mientras tanto, en otras zonas del mundo se opta por la tecnología para entender mejor la necesidad de la tierra. Sensores de internet de las cosas permiten tener una aproximación más concreta a las características de cada terreno y las predicciones atmosféricas, facilitando la toma de decisiones. Unidas a herramientas de big data e inteligencia artificial, ofrecen soluciones de un modo más rápido y ágil que nunca.

Imágenes | Unsplash/Sebastien Gabriel, Nikita Spyko, Trevor Cole

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