La adopción también es para los bonobos

Marie tenía dos hijos cuando decidió adoptar a Flora. A pesar de las dificultades, tenía sitio para uno más en la familia. Otra conocida, Chio, también había decidido adoptar. Ella pasaba ya de los 50 y parecía que nunca más volvería a tener un hijo, pero luego apareció Ruby en su vida. Marie y Chio podrían parecer humanas, pero son solo nuestras primas cercanas. Son dos hembras de bonobo. Y es la primera vez que se observa una adopción aparentemente altruista entre grandes simios.

Los bonobos, junto a los chimpancés, son la especie de primates más cercana (genéticamente) a los seres humanos. Además, su comportamiento social, basado en alianzas, escasa violencia, mucha actividad sexual y una jerarquía poco marcada, ha llamado la atención de biólogos y antropólogos durante décadas. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Kioto ha observado que también son capaces de adoptar crías con las que no guardan relación alguna, pertenecientes a otros grupos sin conexión genética.

Pero ¿por qué? ¿Cuál puede ser el sentido, evolutivamente hablando, de cuidar de crías que no pasarán nuestra herencia genética a las futuras generaciones? A pesar de que lo pueda parecer, la adopción es un comportamiento observado en muchas especies diferentes. Las razones para hacerlo son también diversas.

La adopción entre animales

adopción de Marie

Entre abril de 2019 y marzo de 2020, cuando la pandemia interrumpió la investigación, los científicos de la Universidad de Kioto observaron un comportamiento inusual en dos de los grupos de bonobos que estaban siguiendo en la Reserva Científica Luo, en la República Democrática del Congo. Su estudio acaba de ser publicado en la revista ‘Nature’.

Tras una semana en la que no tuvieron contacto con los bonobos, dos grupos reaparecieron en escena con una nueva cría cada uno. En uno de ellos, Marie, una hembra joven que estaba cuidando de dos crías biológicas, se hizo cargo de Flora, que los investigadores tenían identificada como hija de Fula, una hembra de otro grupo que no volvió a ser vista (aunque se desconoce la causa de la desaparición).

Marie llevaba consigo a Flora, la acicalaba, compartía comida con ella, la amamantaba y la dejaba dormir en su nido junto a sus propios retoños. Eso sí, los investigadores observaron que parecía ser más atenta con su descendencia biológica, pero en ningún momento llegó a descuidar a Flora. Además, las otras dos crías no se mostraron agresivas, aunque sí se observó algún episodio tenso.

En el otro grupo, Chio, una hembra de alrededor de 55 años, decidió hacer lo mismo con Ruby, una pequeña bonobo de tres años de origen desconocido. De acuerdo con los investigadores, en el momento de la adopción, Chio llevaba al menos 7 años sin tener descendencia. Aunque no tenía la posibilidad de amamantarla, Chio cuidó de Ruby con dedicación y la llevó siempre con ella, compartiendo también su comida.

A pesar de la interrupción de la investigación, observadores locales avistaron ambas crías adoptivas en junio y octubre de 2020. Además, se llevaron a cabo pruebas genéticas, con el resultado de que ninguna de las crías adoptivas compartía haplotipos de ADN mitocondrial con su nueva madre ni con ninguna hembra del grupo.

¿Adopciones altruistas?

un gallo y una oveja

Las adopciones de crías con las que no se guarda descendencia genética son poco frecuentes, pero han sido observadas en múltiples especies. Se sabe, por ejemplo, que los gorilas se hacen cargo de crías de su propio grupo si la madre biológica muere. Pero también hay especies que van más allá y se responsabilizan de crías que no tienen nada que ver con ellos.

En 2019, por ejemplo, se describió cómo un grupo de delfines mulares había criado a un ejemplar joven de delfín de cabeza de melón. En las aves también ha sido observado, sobre todo, en cautividad, que las hembras pueden incubar los huevos de otra especie y cuidar de las crías durante su desarrollo. Las razones para todos estos comportamientos son diferentes y se encuentran en el terreno de la hipótesis.

Asumir la crianza de una cría del propio grupo, como en el caso de los gorilas, tiene más sentido evolutivo. Es probable lleve un porcentaje de la herencia genética de la madre adoptiva. Sería como si, entre humanos, un tío lejano se hace cargo de un sobrino. Tal como explican las zoólogas de la Universidad de Bangor, Isabelle Winder y Viven Shaw, en este artículo, los otros comportamientos tienen menos sentido.

En un contexto doméstico, la adopción podría explicarse porque, al no haber escasez de alimento ni amenazas, a las madres adoptivas no les supone un gran esfuerzo cuidar de las crías. En otros casos (en particular, entre aves), podría deberse a que las hembras están programadas para cuidar de los polluelos, pero no son muy buenas diferenciando entre ejemplares jóvenes de especies diferentes. Es decir, se debería simplemente a un error.

Sin embargo, no es el caso de los bonobos. Se sabe que tienen buena memoria y que mantienen el control de los individuos que conforman cada grupo social. No confunden sus crías con otras. Además, en los dos casos observados (sobre todo, en el de Marie), los costes energéticos de cuidar a las crías adoptivas eran elevados, tal como describen los investigadores.

Aunque los bonobos tienden a moverse entre grupos, ninguna de las dos crías compartía genes con las madres ni con otros miembros del grupo. Y otra de las hipótesis que se maneja para los casos de adopción (madres jóvenes que se hacen cargo de otras crías a modo de práctica) tampoco se cumplía en estos casos. Entonces, ¿por qué?

Adopciones estratégicas

la adopción de Chio

Los bonobos son muy sociables. Su estructura de grupo está basada en una especie de matriarcado en el que las relaciones entre hembras marcan los ritmos. Es aquí donde los investigadores han encontrado las explicaciones más plausibles para las adopciones de Marie y Chio.

Las dos bonobos adoptadas eran hembras. Por lo tanto, es posible que las madres cuidasen de ellas con vistas a alianzas futuras, tanto si estas se quedan en el mismo grupo como si emigran a otros de la zona. Es decir, la adopción funcionaría como una forma de asegurar una relación amistosa con otras hembras adultas.

Asimismo, de acuerdo con la investigación, existe la posibilidad de que las crías mejoren el estatus social de las madres. Está documentado que los cachorros atraen a otras hembras jóvenes de bonobo, por lo que una adopción podría servir para reforzar los lazos sociales en el grupo y mejorar la posición de las madres adoptivas.

Tampoco se puede descartar que, como sucede con sus primos Homo sapiens, la adopción entre bonobos esté motivada por las emociones, la empatía y el altruismo. Al igual que los gorilas guardan luto o los monos capuchinos pasan el conocimiento del manejo de herramientas entre generaciones, los bonobos podrían adoptar porque sienten pena por los pequeños huérfanos. No en vano, ya hace tiempo que sabemos que las reacciones humanas no son exclusivas de nuestra especie.

 

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Imágenes | Pixabay, Nature, Richard Burlton