Así es Greenpeg, el proyecto que busca nuevos metales para la tecnología renovable

Debido al crecimiento de la demanda de ciertos componentes necesarios para la tecnología renovable y baja en emisiones de carbono, se vuelve inevitable buscar nuevos metales que minimicen el impacto global de esta tecnología necesaria. Y es que toda actividad humana afecta al medioambiente, y la tecnología renovable no está exenta.

Con este objetivo nace el proyecto europeo Greenpeg, impulsado por ocho países europeos y representado en España por un equipo de la facultad de Ciencia de la Universidad del País Vasco (UPV). Su actividad consiste en localizar, muestrear y analizar minerales desarrollando técnicas no invasivas que cumplan todas las condiciones ambientales de Europa, con foco en pegmatitas.

Qué son las pegmatitas y por qué son importantes

La pegmatita es un tipo de roca ígnea particularmente interesante para la industria renovable debido a la alta probabilidad de hallar en su interior metales muy usados dentro en la tecnología. Por ejemplo, las pegmatitas ricas en litio como las de tipo LCT (litio, cesio, tantalio) se demandan cada vez con más intensidad en la creciente industria del automóvil eléctrico.

Las pegmatitas de tipo NYF, ricas en niobio, itrio y flúor, son interesantes por la aplicación de estos elementos en superconductores presentes en los escáneres de resonancia magnética, así como en un enorme abanico de aleaciones metálicas con acero para tuberías de gas, material para aeronaves, en la industria nuclear y en todo tipo de aplicaciones ópticas.

Por qué Europa quiere localizar pegmatitas

Buena parte de la tecnología renovable depende de este tipo de metales y otros de composiciones muy variadas, pero igual de escasos. Imanes de neodimio, indio, praseodimio o disprosio son algunos de los materiales de los que dependen elementos como las baterías eléctricas, las células fotovoltaicas, los generadores eólicos o los superconductores, junto a otros elementos quizá más conocidos como el cobalto, el galio o el platino.

El problema es que prácticamente la totalidad de las minas de estos y otros materiales aún menos frecuentes están fuera de Europa, lo que la hace depender de países asiáticos como China. De hecho, según un informe publicado en 2018 por el Ministerio de Infraestructura y Gestión del Agua de los Países Bajos, el 90 % de la importación europea de estos metales proviene de China.

La necesidad del proyecto Greenpeg

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Con el objetivo principal de “ubicar los yacimientos de forma rápida y confiable”, nace el proyecto Greenpeg. Aunque este programa tiene más de un propósito: además de localizar futuras minas de metales valiosos en Europa, quiere hacerlo de forma que se reduzca el riesgo de elegir ubicaciones de perforación poco rentables, disminuyendo los costes de perforación y reduciendo la huella ambiental de perforar.

La minería de metales raros es, probablemente, la parte más contaminante de la industria renovable. Es por ello que los estudios de impacto ambiental (EsIA) de minería a nivel europeo son particularmente rígidos. No solo exigen que el impacto sea mínimo durante la prospección y explotación, sino que el proyecto venga acompañado de una restauración de terrenos viable a posteriori.

Tradicionalmente, la exploración de rocas en busca de metales se ha realizado con una metodología invasiva que resulta inadmisible en la actualidad. Por ejemplo, es frecuente que se realicen calicatas, una técnica de prospección que consiste en una zanja de poca profundidad usando una retroexcavadora. Aunque es muy fiable, deja el terreno repleto de agujeros, y suelen requerir una justificación ambiental que, por lo general, se deniega por motivos evidentes.

Así es la (necesaria) burocracia europea que protege el medioambiente

Con el objetivo de mostrar la enorme complejidad burocrática a la que se enfrenta la minería en Europa, a continuación se listan las directivas europeas más relevantes en este proyecto. Esta lista no incluye las leyes nacionales o las diversas normativas regionales.

  • Directiva 89/391
  • Directiva 92/91/EEC
  • Directiva 92/104/EEC
  • Directiva de Viabilidad Medioambiental 2004/35/EC
  • Directiva de Emisiones Industriales 2010/75/EU
  • Directiva sobre los Restos derivados de la Minería 2006/21/EC
  • Directiva Ambiental 2011/92/EU
  • Directiva sobre Aves 2009/147/EC
  • Regulación sobre Drones 2018/1139/EU
  • Directiva sobre Hábitats 92/43/EC
  • Directiva Marco del Agua 2006/118/EC
  • Directiva con CE sobre Seguridad 2013/59/Euratom

Todas estas barreras burocráticas son necesarias para conservar la calidad ecológica de los terrenos europeos, y solo se levantarán cuando las condiciones para la perforación sean óptimas. Rentables desde el punto de vista económico, de maximización de recursos extraídos desde el punto de vista ético y ambientalmente aceptables cuando se atiende al medioambiente.

La innovación tras el proyecto Greenpeg

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Desarrollar nuevos métodos de exploración de terrenos en busca de materias primas sin perforaciones ni voladuras es todo un reto. Debido a ello, el proyecto Greenpeg ha recibido más de ocho millones de euros e involucra a ocho países de la Unión Europea y trece socios entre los que se encuentran unas cuantas universidades, con la Universidad de Oslo encabezando el proyecto.

Para lograr esta innovación, el plan hará uso de tres tecnologías experimentales:

  • sensores piezoeléctricos desde tierra, enarbolados por un equipo de campo que viaje a pie por la zona a investigar;
  • magnetómetros montados sobre helicópteros adaptados que iluminen sobre la geología estructural del terreno;
  • y un sistema de imágenes hiperespectrales de alta definición tomadas desde drones.

Se espera que una combinación de estas tres herramientas sea suficiente para desvelar qué minerales se encuentran bajo tierra antes de perforar. Asimismo, como con estos métodos no será necesario realizar sondeos ni excavaciones prospectivas, el ahorro de tiempo y costes económicos justifican la inversión inicial, que no es tan elevada como pudiera parecer.

Es probable que dentro de unos años, cuando el proyecto Greenpeg se dé por finalizado, Europa cuente en su haber con una tecnología que permita localizar futuras minas con el mínimo impacto ambiental. Algo que hace mucha falta.

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Imágenes | iStock/bombermoon, iStock/xeni4ka, iStock/Vadym Terelyuk

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