Si dejamos de contaminar, en 2050 habremos recuperado la vida marina

Se dice que en 2050 habrá más plástico que peces en los océanos. Pero aún estamos a tiempo de cambiar esta tendencia. Si dejamos de contaminar, en 2050 habremos recuperado la vida marina que ya hemos arrasado con plásticos o con aumentos de temperatura derivados de combustibles fósiles, tal y como demuestra ‘Rebuilding marine life’, un estudio publicado en Nature.

La naturaleza tiene una resiliencia encomiable. Apenas un par de días después del encierro derivado de la pandemia por COVID-19 se vieron todo tipo de animales recuperando las ciudades. Se veían pumas en Chile, osos en Asturias, delfines nadando en las costas de Cagliari o zorros por Londres. ¿Y si dejamos de contaminar? Todo parece indicar que la naturaleza se recupera ella sola.

¿Por qué se nos da tan bien erosionar la vida marina?

Hasta mediados del siglo XIX no había ni humanos ni tecnología suficiente como para esquilmar las aguas. Pero empezamos a colocar motores a los barcos de pesca y a aventurarnos más lejos en el océano, llevando ruido y carburante por todo el globo. En apenas tres décadas, en 1883, empezó a debatirse sobre la sobrepesca debido al enorme problema generado.

Aunque esta se encuentra parcialmente regulada y ha habido grandes avances en conservación ambiental (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1958 o Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques de 1973), lo cierto es que nos hemos vuelto creativos a la hora de contaminar el medio ambiente.

Los hidrocarburos derivados del petróleo que terminan en el mar son cada vez mayores en volumen. La contaminación por fertilizante, plásticos o químicos sintéticos no ha dejado de aumentar. Además, la temperatura del océano sigue subiendo a causa del calentamiento global, con consecuencias graves.

Durante la firma del Acuerdo de París de 2016, ya se tenía en cuenta que buena parte del área coralina había sido ‘blanqueada’ o decolorada. Es un fenómeno provocado por el estrés térmico. La Gran Barrera de Coral (Australia) tiene serios problemas desde hace décadas, y en Maldivas, Sri Lanka, Kenia, Tanzania y Seychelles ya se detectó antes de 2004 la muerte de más del 90% del coral. Incluso una isla del Pacífico podría ser devorada por el mar a causa del cambio climático.

La actividad humana tiende a deteriorar los entornos acuáticos, que son particularmente vulnerables a los cambios bruscos de ruido, contaminantes o temperatura. Llegados a este punto, ¿hay esperanza? Lo cierto es que sí.

Una nueva conciencia social: esperanza en el horizonte

Hacia 1980 se alcanzó el pico de las presiones para evitar contaminar el océano. Luego, se relajaron en favor del reciclaje. En aquella época llamaba mucho la atención la pesca furtiva e industrial, la caza de ballenas o los vertidos químicos. Actualmente, una nueva ola de conciencia medioambiental, probablemente asociada al ya inevitable cambio climático, está en auge.

La preocupación por evitar plásticos y químicos sintéticos que acaben en el océano es cada vez mayor. Se están reforzando los procesos de reciclaje, pero sobre todo se están prohibiendo las bolsas, las pajitas y el plástico de un solo uso. También se está experimentando con la falta de envasado y cada vez somos más sensibles al problema de los microplásticos.

A pesar de que los niveles de contaminación siguen aumentando año tras año, es cada vez mayor la movilización social y las voces prociencia que analizan y señalan el daño en los ecosistemas. Si el primer paso es ser conscientes del problema, avanzamos en buena dirección. ¿Lo más difícil? El cambio de hábitos que requiere dejar de contaminar.

El encierro por COVID-19, resultados de un respiro para el planeta

La crisis COVID-19 ha convertido nuestro planeta en un experimento natural (experimento no planificado) que ha demostrado lo que ocurre cuando los seres humanos detenemos parcialmente nuestra actividad. China fue el primer epicentro del coronavirus y la ESA, con su satélite Sentinel-5P, pudo comprobar cómo bajaban dramáticamente los niveles de dióxido de nitrógeno.

Algo muy similar ocurrió unos meses después en Europa. Pero también hemos visto todo tipo de comportamientos interesantes en fauna y flora. Hacia el 20 de marzo, los canales de Venecia quedaron limpios al no haber turismo, barcos, carga y descarga, etc. El resultado fue que uno podía contemplar delfines por los canales.

No es el único caso. Por todo el globo se han visto casos similares que relacionan disminución de la actividad humana con aumento de la fauna marina. En Lima se han observado migraciones de aves que antes no se detenían en la ciudad. También ha sucedido con la fauna de ríos interiores, como en el Manzanares de Madrid.

Durante los primeros 30 días de encierro, Madrid, Milán y Roma experimentaron una bajada del 45% en la contaminación ambiental. París llegó hasta el 54%. LAs consecuencias de ello, en ciudades como Madrid, han sido el retorno del búho real, pájaros carpinteros, los pitos reales, el halcón o las cotorras argentinas.

Hace unos años nos preguntábamos qué pasaría con el planeta si los humanos nos fuéramos de viaje a otro mundo. Estos meses hemos tenido un simulacro y las respuestas son evidentes: la naturaleza se recupera. Pero ¿cuánto tiempo haría falta para una recuperación oceánica?

Cómo recuperar la vida marina en mares y océanos

“Las tasas de recuperación de los estudios sugieren que se podría lograr una recuperación sustancial de la abundancia, estructura y función de la vida marina para 2050 si se mitigan las principales presiones, incluido el cambio climático”. Las palabras son del ecólogo acuático Carlos M. Duarte et al. en el trabajo recién publicado ‘Rebuilding marine life’.

Resulta evidente que las especies extintas no volverán, pero los nichos ecológicos sí podrían ser ocupados con otras especies. Pero para eso habría que cambiar buena parte de nuestros hábitos como individuos y sociedad. Empezando por potenciar áreas de recuperación ambiental y siguiendo con una disminución drástica de todo tipo de contaminantes, de hidrocarburos a plásticos.

2050 está a la vuelta de la esquina. Tres décadas. Durante este tiempo podemos seguir perdiendo coral y todo tipo de ecosistemas, doblando la cantidad de plásticos y microplásticos que acaban en las aguas; o podemos tomar cartas en el asunto y materializar un futuro en que la próxima generación encuentre una vida marina recuperada. Está en nuestras manos.

 

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Imágenes | Uriel Soberanes