En China tienen un remedio drástico contra las olas de calor: aires acondicionados para barrios enteros

Cuando hablamos de cambio climático y las medidas para aminorar su crecimiento, solemos ignorar el hecho de que es una circunstancia con la que debemos vivir. Sobrevivir al antropoceno -el impacto del ser humano en la Tierra- no es una simple cuestión de cambio de hábitos o ajustes que nos llevarán incluso a la geoingeniería, sino un tema de convivencia. Después de todo, es un nuevo medio en el que debemos habitar, y para ello tendremos que encontrar soluciones potencialmente radicales.

Una de estas propuestas acaba de ponerse en funcionamiento en la moderna ciudad china de Shenzhen, que ha estrenado un aire acondicionado con capacidad para enfriar casi tres kilómetros cuadrados de edificios. Si bien la idea de refrigerar el equivalente a un barrio entero puede sonar descacharrante, tiene mucha lógica, puesto que supone un ahorro energético enorme frente a utilizar cientos o miles de aparatos para conseguir el mismo efecto.

El problema de las olas de calor en una ciudad

Las olas de calor son responsables de la muerte de miles de personas en todo el mundo. Y en China, estos sucesos van en alza. Un estudio de la Universidad de Reading (Reino Unido) calculó que eventos meteorológicos de ese tipo como el sufrido en 2018, que provocó numerosas muertes y hospitalizaciones, han pasado de suceder una vez cada 500 años a ser acontecimientos que tendrían lugar cada 60 años. Dicho de otra forma, hay muchas posibilidades que una generación experimente dos olas de calor de gran intensidad a lo largo de su vida.

El problema fundamental es que estas altas temperaturas no solo se producen cuando el sol está en alto, sino que se mantienen por las noches debido al efecto ‘isla de calor’. La creación de calles y grandes edificios construidos con materiales como hormigón y granito, la abundancia de asfalto y la disposición del urbanismo evita que el calor se disipe adecuadamente, creando un efecto invernadero que dura las 24 horas al concentrarse en las paredes exteriores al tiempo que evita la correcta circulación del aire.

Como consecuencia, esto puede incrementar las temperaturas urbanas 2 ºC por encima de los valores máximos normales. Durante una ola de calor, eso puede suponer que una ciudad puede tener máximas continuadas de más de 42 ºC y, más peligrosamente, mínimas nocturnas superiores a los 20 ºC e incluso próximas a los 30 ºC.

Alcanzar estas cifras puede tener consecuencias letales, como muestra un estudio de la Universidade de Santiago de Compostela, que indica un aumento de la mortalidad del 26 % en Madrid debido al estrés térmico prolongado y a la imposibilidad de que el cuerpo se relaje por las noches. Personas frágiles como enfermos y ancianos se encuentran en mayor riesgo.

La respuesta china: Shenzhen instala un sistema de aire acondicionado gigante

La solución de esta ciudad ha sido pensar a lo grande. El denominado como Distrito de Refrigeración Central (DCS por sus siglas en inglés) activó el pasado mes de julio su estación de enfriamiento número cinco, proporcionando aire fresco a más de 2.75 km cuadrados de edificios públicos en la zona de libre comercio de Qianhai.

Según la Shenzhen Qianhai Energy Technology Development Company, responsable de su construcción, las características de los edificios residenciales hacen que sea poco recomendable su refrigeración con el DCS, puesto que precisan un uso menos constante y más aleatorio que los grandes bloques de oficinas, con sus características arquitectónicas bien definidas y unos horarios de uso fáciles de predecir. Dicho de otra forma, el DCS no refrigera hogares. Al menos todavía.

Instalado cuatro plantas bajo el suelo, el DCS es «como una fábrica con una producción industrializada de agua fría para aire acondicionado», asegura uno de sus responsables. En estas instalaciones subterráneas se obra todo un milagro tecnológico, conectando un complejo sistema de recogida de agua, separadores y refrigeradores que enfrían y bombean el líquido elemento mediante tuberías a edificios gubernamentales, oficinas e incluso un hospital.

Cuando el DCS de Shenzhen esté finalizado, constará de 10 estaciones a un coste de 4000 millones de yuanes, equivalentes a unos 537 millones de euros. Actualmente hay tres estaciones en uso y se espera que el resto se complete durante los próximos años.

Consumar esta obra de ingeniería no será barato, pero proporcionará un ahorro sustancial en consumo eléctrico y también en emisiones de dióxido de carbono, puesto que China todavía obtiene gran parte de su energía a través de centrales térmicas altamente contaminantes. Los datos oficiales indican que el sistema activado en Qianhai puede reservar 130 millones de kilovatios al año y evitar la emisión de 130 000 toneladas de CO2.

¿Son los sistemas DCS la solución a las olas de calor?

Utilizar un sistema centralizado también tiene ventajas desde el punto de vista de la eficiencia, al requerir un menor número de máquinas. Pero esto es la teoría. Como señala el diario South China Morning Post, intentos anteriores de instalar sistemas DCS en otras ciudades del país han terminado en agua de borrajas debido a problemas en la cobertura real del servicio y al hecho de que la factura final era incluso más costosa que la del aire acondicionado convencional.

Además, los DCS como el de Shenzhen plantean obstáculos de escalabilidad, puesto que para lograr la máxima eficiencia no pueden ser ni muy grandes ni muy pequeños. ¿Qué sucederá si se mantiene el fuerte crecimiento de la ciudad? Las obras de ampliación subterráneas no serán baratas, e incluso puede que la geología y arquitectura del entorno las haga inviables.

¿Son obras de ingeniería como esta la solución al cambio climático? Obviamente no, pero pueden facilitar la vida de los habitantes de las grandes urbes.

La cuestión es que el aire acondicionado, a pesar de su impacto ecológico, salva vidas, y existen iniciativas más localizadas que pueden ser más sencillas de implementar en otros lugares. Por ejemplo, la ciudad de Helsinki, en Finlandia, utiliza el calor desprendido durante la generación de energía para alimentar refrigeradores de absorción, mientras que en Toronto (Canadá) algunos edificios son enfriados usando las heladas aguas del lago Ontario.

Una planificación urbanística inteligente debería tener en cuenta los recursos naturales y técnicos disponibles, y a partir de ahí, buscar las soluciones más adecuadas para las características de cada ciudad. Lo que parece claro es que tener un split en cada oficina no es una solución especialmente respetuosa con el medioambiente, y hay soluciones prácticas que permiten obtener el mismo resultado de forma más ecológica.

Fotos | Robert Bye, Shenzhen Qianhai Energy Technology Development Company, Arto Marttinen

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