¿Qué pasó con la carrera espacial? Se privatizó

En 2014, las tecnologías móviles se convirtieron en uno de los principales motores de crecimiento económico, estimulando el gasto en I+D del sector privado y cambiando las rutinas productivas de otras industrias. Una especie de despedida oficial a la crisis financiera de 2008 con 3,3 billones en ingresos y 11 millones de puestos de trabajo generados. Un hito que transformó el PIB de países como China, Estados Unidos o Corea del Sur.

No cabe duda que entre 2005 y 2013 vivimos una revolución. Los costos de infraestructura en redes móviles (saltando del 2G al 3G), en tarifas de datos y en producción de los propios teléfonos se redujo drásticamente, al tiempo que su presencia en todas partes constataba cierta hegemonía tecnológica no vivida desde el asentamiento de la televisión o el frigorífico. Palabras como selfie, smile o storie pasaron a formar parte del debate público.

Y así hasta hoy, con 5.200 millones de teléfonos móviles operativosEl 67% de la población posee uno. Aquel teléfono móvil adquirió nueva nomenclatura, pasando a llamarse smartphone, esa multiherramienta que, además, permite hacer y recibir llamadas. ¿Y si te dijéramos que este progreso detuvo otro, el de la carrera espacial?

10 hitos de la carrera espacial (y otros muchos avances)

Pero antes de continuar, echemos una mirada al pasado. Porque los avances científicos y tecnológicos de la carrera espacial tuvieron un impacto poderoso en la sociedad.

Desde las placas solares, las prótesis ortopédicas, las aspiradoras sin cable, los extintores de espuma, la crema facial, la purificación del agua, la aerodinámica y metalurgia de los vehículos, la fruta deshidratada, los termómetros LED, los controles de calidad o los detectores de humos —presuntamente radioactivos—; todo esto se lo debemos a la exploración espacial.

Todo comienza el 4 de octubre de 1957, cuando se lanza el Sputnik 1, el primer satélite. 83 kg de metal y antenas. Ese mismo año viaja en la segunda nave del programa la perrita Laika, primer animal espacial. Al año siguiente, para el 18 de diciembre de 1958, se pone en órbita SCORE, primer satélite de comunicaciones. Y, apenas un año después, Luna 2 toca la Luna.

Hasta Luna 9 no se produjo el primer alunizaje controlado, pero el hito era digno de reconocer. Era también el año de Vanguard 2, primer satélite meteorológico en órbita. En 1961 debemos destacar al primer hombre en viajar al espacio, Yuri Gagarin. Dos años después lo hace la primera mujer, Valentina Tereshkova.

No mucho después tiene lugar la primera misión tripulada, Vosjod 2, con Pável Beliájev y Alekséi Leónov, quien realiza el primer paseo espacial al salir durante 12 minutos de la nave. Dos años más tarde llega a Venus la Venera 3, primer artilugio humano en alcanzar otro planeta. Y en 1968 comienza la hegemonía de EEUU: la misión Apolo 8 logra ver la cara oculta de la Luna, con tres figuras clave, Bill Anders, Jim Lovell y Frank Borman. Al año siguiente, Neil Armstrong pisa la Luna en la misión Apollo 11.

Un gran paso para la humanidad, dijeron. Y lo era. Aquel desafío transmitió ese adagio que reza «la humanidad unida puede hacer cualquier cosa que se proponga». Ahora miramos con la misma ilusión a Marte: las agencias NASA (EEUU), Roscosmos (Rusia), ESA (Europa) y la CNSA (China) aspiran a colonizarlo en 2030.

La carrera del smartphone

Hay cierta ironía en este particular, porque la carrera espacial cambió la informática. Aquellos gigantescos superordenadores con alta capacidad de cómputo propiciaron una mayor inversión en fabricantes como IBM, que espolearon la miniaturización y optimización de procesos. Como ya explicamos en este artículo, los Lenovo ThinkPad son unos habituales en las tareas y rutinas informáticas generales de los astronautas.

Aunque para entender la magnitud del smartphone en nuestra sociedad, debemos atender a tres factores. La investigación, por un lado, derivando en una guerra de patentes. Por otro, la fiebre del nuevo “oro”, como el coltán o el tungsteno, implicados en la fabricación de condensadores, lentes de cámaras y baterías móviles. Y, finalmente, el rápido retorno que supone invertir en la industria móvil.

En el primer apartado solo hace falta echar un ojo al rendimiento de sistemas táctiles, reconocimiento facial y biometría, protección y geolocalización. Patentes de pantallas táctiles, patentes de botones dinámicos, patentes de pantallas más delgadas y resistentes, patentes de pantallas flexibles —con hitos tecnológicos como el ThinkPad X1 Fold, el primer PC plegable, o el móvil Motorola Razr 5G—. el progreso en apenas un lustro ha sido radical, de apenas reconocer el término realidad aumentada a utilizarlo en aplicaciones gratuitas.

En el apartado económico, tras este confinamiento internacional, 2020 ha sido el año de las telecos y los servicios de streaming. Si en 2009 esta industria generó su primer billón de dólares, alcanzando el puesto de séptimo medio, en 2019, podemos multiplicar esta cifra por 50, y en parte debido al mercado gaming.

Junto con las redes sociales, el verdadero detonante, cuyo florecimiento cambió por completo la forma en la que socializamos —desde nuestra propia cognición hasta la forma en la que sentimos y percibimos la realidad—, muchos de los grandes conglomerados que antes invertían en la industria del cohete optaron por pujar en la carrera del smartphone.

Cifras optimistas

Hay quien diría que el primer smartphone mató el sueño de mirar a las estrellas porque nos limitamos a mirar hacia abajo, a una pantalla. Aunque no es del todo así. Hace poco más de un lustro un puñado de barones empresariales han comenzado su propia carrera por la hegemonía tecnológica transmitiendo un mensaje claro: cuando ya has conquistado las pantallas desde la Tierra, es hora de hacerlo desde el cielo.

Una demostración de poder y un capricho de multimillonarios. Elon Musk (Tesla), al frente de SpaceX, con el objetivo de colonizar Marte. Jeff Bezos (Amazon), detrás de Blue Origin, con el firme propósito de llevarnos a vivir fuera del planeta —invirtiendo más de mil millones anuales para lograrlo—. Richard Branson, dueño de Virgin Galactic, más enfocado al turismo espacial y los vuelos suborbitales.

Y aun deberíamos citar a Yuri Milner, magnate ruso y principal cartera de respaldo de Breakthrough Starshot.

¿La causa? Mientras observamos con recelo cómo nuestras fuentes de minería se agotan a velocidad de vértigo, la minería espacial plantea escenarios muy atractivos.

Gracias a estos agentes, según un estudio elaborado por Euroconsult, la inversión en exploración espacial está alcanzando verdaderos récords de financiación. Se esperan 130 misiones durante la próxima década por un valor de 260.000 dólares, frente a las 52 misiones de los últimos 10 años —por unos 167.000 millones—.

Hace apenas seis meses, la NASA confirmó una inversión de 51 millones en pequeñas empresas para fomentar la ciencia, tecnología y aeronáutica en torno a la exploración espacial, colaborando con más de 400 proyectos. Pero esto no es un movimiento reservado únicamente para este gran agente. La Agencia Espacial Europea (ESA) también marca cifras de vértigo, con una aportación española fijada en 852 millones de euros.

Pasado, presente y futuro de la carrera espacial

Cabe apuntar, en resumen, que la carrera espacial no se detuvo únicamente por factores económicos. Se dieron una serie de causas psicológicas, políticas y tecnológicas relacionadas entre sí.

47 años de desinterés y desmotivación: es demasiado caro viajar a la Luna para el beneficio que puede generar. Ante esa falta de recompensas tangibles muchos Gobiernos dieron la espalda a sus más febriles investigadores.

Las misiones Apolo y Soyuz nunca dejaron de ser declaraciones políticas —pese a las muchas labores científicas que hemos destacado—. Cubierta la necesidad, a otra cosa.

Pero 47 años son demasiados. La actual pasión de figuras como Bezos o Musk, focalizada en la expansión económica, está, a su vez, construyendo la economía para una nueva carrera espacial. Porque si algo hace falta para viajar a Marte, situada a 60 millones de kilómetros en su mejor momento orbital, es una cantidad ingente de recursos. Y la tripulación tendría que mantenerse sana y salva durante más de dos años.

Imágenes | PXHere (12 y 3), Unsplash (1 y 2)

Imágenes | PXHere (1, 2 y 3), Unsplash (1 y 2)

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