La agricultura vertical quiere salvar el mundo

En una época en la que las emisiones de gases de efecto invernadero no dejan de crecer y estamos agotando los recursos que nos dan de comer, hay un modo de cultivo que se ha propuesto salvar el mundo: la agricultura vertical. He aquí en qué consiste y por qué se postula para nuestro futuro alimentario.

Índice

Qué es la agricultura vertical y cómo surgió

La agricultura vertical es un tipo de cultivo en la que las plantaciones se apilan de abajo a arriba en un entorno controlado (este detalle es importante, como veremos). Por tanto, son cultivos de interior que utilizan menos tierra y recursos que los métodos tradicionales.

El término ‘agricultura vertical’ fue acuñado por el geólogo estadounidense Gilbert Ellis Bailey en 1915 quien, curiosamente, no abogaba por apilar así los cultivos, sino de manera subterránea hacia abajo (influido, sin duda, por los tiempos de guerra en los que vivía). Sin embargo, fue en 1999 cuando Dickson Despommier, profesor de la Universidad de Columbia de Nueva York, popularizó la idea moderna de agricultura vertical.

Y es que, aunque sus orígenes como concepto son tan antiguos como los jardines colgantes de Babilonia, la agricultura vertical moderna emplea técnicas muy diferentes a las de nuestros antepasados y aprovecha la última tecnología.

Cómo funciona la agricultura vertical

Un cultivo vertical

Al contrario que la tradicional, la agricultura vertical se realiza en el interior de ambientes controlados, como grandes naves y edificios, en los que se apilan hacia arriba los cultivos. Como si se tratara de un rascacielos para plantas, esto permite usar muy poco terreno.

Los diferentes niveles en los que se cultiva reciben la luz necesaria mediante lámparas de crecimiento, además de poder ajustar también al detalle las condiciones de temperatura, humedad, composición de la atmósfera y control de plagas mediante mecanismos no contaminantes como la esterilización ultravioleta.

Del mismo modo, a las plantas se les suministran directamente los nutrientes necesarios en la composición óptima para cada fase del crecimiento. Plagada de sensores para garantizar que las condiciones son perfectas, el control es total, el rendimiento es mayor que con el método clásico y no se está a merced de los elementos ni los imprevistos.

Si has visto esas películas de ciencia ficción en las que grandes naves surcan las estrellas conteniendo en su interior espacios de cultivo, estamos hablando de algo así que, además, se propone como solución para que podamos llegar hasta ese futuro.

Por qué la agricultura vertical puede salvar el mundo

En medio del debate sobre comida ecológica y sostenible, los defensores de la agricultura vertical alegan que este tipo de agronomía puede ayudar a resolver los grandes problemas actuales como:

  • Las excesivas emisiones de gases de efecto invernadero por la producción de alimentos.
  • El agotamiento de los recursos más críticos: agua y tierra de cultivo, que es cada vez más intensivo y desprovee de nutrientes a los terrenos que se explotan.
  • La contaminación asociada a la agricultura, como el exceso de fertilizantes, que terminan filtrados donde no deben o vertidos en mares como el Mediterráneo, muy castigado con esta práctica.

Lo cierto es que la agricultura es una de las actividades que más dióxido de carbono (CO2) produce. En España, por ejemplo, de las 208.91 toneladas emitidas en 2020, se estima que 38.48 corresponden a la agricultura. Eso es más de un 18 %.

Así, el cultivo vertical realiza menos emisiones directas e indirectas, ya que, por ejemplo, se puede llevar a cabo de forma más local, evitando el CO2 y la contaminación que produce desplazar una fruta exótica desde el otro lado del mundo.

Del mismo modo, gracias a los sistemas de condensación y reciclaje de humedad, por ejemplo, la agricultura vertical usa mucha menos agua (hasta un 90 % menos en ocasiones) y también menos tierra. De hecho, no es raro que muchos cultivos de este tipo sean de hidroponía, es decir: en vez de estar inserta en la tierra, la planta está suspendida en una solución de nutrientes en el porcentaje óptimo.

Además de lo anterior, el resto de polución agrícola, como el filtrado de fertilizantes en acuíferos o incluso plantas contaminadas por las condiciones del entorno, también se elimina.

¿Y los pesticidas y todos sus efectos dañinos? Esos sistemas de esterilización y purificación que hemos comentado permiten reducir al máximo su uso, evitando posibles plagas.

Planta de cultivo

Los retos de la agricultura vertical

Si suena a utopía, ¿por qué no se está implantando masivamente? Porque, como ocurre con todo, nada es perfecto y los humanos somos como somos. Las dos desventajas principales de la agricultura vertical son que:

  • Precisa grandes cantidades de energía para mantener ese entorno controlado.
  • Hace falta una inversión importante en infraestructura y equipo moderno. Desde luces de crecimiento, hasta sensores, pasando por nutrientes, etc.

El primer reto es posible superarlo si, con una transición a energías renovables no contaminantes, estas suministraran la electricidad necesaria. Por otra parte, en cuanto a equipos, el tiempo juega a favor porque la tecnología necesaria es cada vez más barata y eficiente, como en el caso de las luces led, por ejemplo.

En definitiva, la agricultura vertical imagina un futuro de grandes rascacielos de cultivo, ubicados localmente y funcionando con energías limpias.

Sin embargo, hay un argumento económico más que juega en su contra ahora mismo: usar espacio urbano para este tipo de cultivos es menos atractivo actualmente que dedicarlo a albergar empresas y personas. El coste inicial es muy elevado y la complejidad de la actividad es mucho mayor.

Como todavía somos capaces de producir más alimento del que consumimos, aunque sea a costa de agotar el suelo, y parecemos ciegos ante esa clase de urgencias, igual que con las climáticas, no se dan demasiados pasos decididos.

La agricultura vertical

Las granjas verticales más grandes del mundo

Todo lo anterior hace que la agricultura vertical aún sea algo exótico, pero no significa que no haya iniciativas.

Nordic Harvest, por ejemplo, es la granja vertical más grande de Europa. Situada en una gigantesca nave de 7000 metros cuadrados en Dinamarca, es neutral en cuanto a emisiones.

Sin embargo, la granja vertical más grande del mundo es la recién inaugurada Emirates Crop One, en Dubai, una imponente estructura de más de 30 600 metros cuadrados, capaz de producir tres toneladas por día con un 95 % menos de agua. Siendo una inversión de Emirates Flight Catering, los pasajeros de sus vuelos y de otras aerolíneas podrán consumir vegetales cultivados ahí.

Otras granjas importantes son la Aerofarms en Newark, New Jersey (EEUU), con casi 7000 metros cuadrados también, o la Mirai General Electric en Miyagi (Japón), capaz de producir 10 000 cabezas de lechuga diarias en 15 pisos de plantas.

Como vemos, la agricultura vertical es otra de esas promesas de futuro a nuestro alcance para aliviar la presión climática y alimentaria. La tecnología está; el problema, de momento, son los incentivos y nuestra miopía habitual.

Imágenes | Lianoland Wimons/Wikimedia, Markus Spiske/Unsplash, Zoe Schaeffer/Unsplash, Nik Shuliahin/Unsplash

 

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