¿No te acuerdas de este día? Las redes sociales pueden tener algo que ver

Roma, Copenhague, Buenos Aires, Estambul, Hanoi. Todas estas ciudades, con sus diferentes latitudes, costumbres y culturas, tienen algo en común: sus calles están llenas de turistas (y locales) que ven la vida a través de sus pantallas.

Las redes sociales han cambiado la forma en la que interactuamos, nos informamos y nos expresamos. Pero, además, han cambiado la forma en la que vemos el mundo. Para muchos, hoy, todo comienza con una fotografía. Y sigue con un post del que se esperan, al menos, unos cuantos likes. Detrás de todo este fenómeno se desliza a menudo una pregunta: ¿cambia esta actitud la forma en que las personas viven sus experiencias?

Un estudio realizado por la Universidad de Princeton señala que aquellas personas que no cuentan con medios para inmortalizar y compartir sus experiencias las recuerdan de forma mucho más precisa que aquellas que sí las tienen.

La multitarea tiene parte de culpa

Al dedicar tiempo a sacar una fotografía y compartirla en las redes sociales, la atención se centra en este proceso y no en la realidad. Y lleva, normalmente, a interrumpir la experiencia que se está viviendo.

Imaginemos, por ejemplo, que estamos en un concierto. En el momento en el que una de las canciones más esperadas empieza a sonar, cientos de personas levantan sus smartphones para empezar a grabar y compartir el momento en una historia de Instagram. Una vez que el tema ha terminado, es probable que los recuerdos de muchos se centren en el esfuerzo que han hecho en que la grabación sea un éxito. Y no en la música en sí.

Ver un concierto a través de nuestro smartphone condiciona la experiencia.

Numerosos estudios señalan que la multitarea reduce la forma en la que nos involucramos en las experiencias. En el primer experimento llevado a cabo por la Universidad de Princeton, por ejemplo, los participantes vieron una charla TED en sus ordenadores. A algunos se les pidió que realizasen tareas simultáneas como, por ejemplo, escribir sobre la experiencia y sus impresiones para compartirlas con otros. Los demás simplemente vieron la charla sin completar ninguna actividad adicional.

Tras finalizar los vídeos, los participantes completaron una prueba de memoria. Los resultados indican que aquellos que interrumpieron la charla TED para externalizar su experiencia y sus opiniones recuerdaron peor su contenido.

Una visión parcial

Giuliana Mazzoni, profesora de psicología de la Universidad de Hull (Inglaterra), indica además que el hecho de sacar fotografías puede llegar a distorsionar nuestra memoria. En primer lugar, porque suponen un recuerdo visual que en cierta manera anula el resto de los sentidos.

Imaginemos, esta vez, que estamos en una comida con amigos. Si se dedica demasiado tiempo y esfuerzo a la toma de fotografías, estas pueden hacer que nos centremos en exceso en la imagen. Y releguemos a un segundo plano en nuestra memoria, por ejemplo, el sabor de los alimentos, los olores o las conversaciones.

Otro de los problemas que menciona Mazzoni es la falta de espontaneidad de las fotos. Sobre todo, en los selfies. Esto puede llevarnos a adoptar poses pocos naturales que no reflejan la realidad. A la larga, centrar nuestra memoria en esta imagen de nosotros mismos o de los demás fomenta una tendencia narcisista y poco realista.

Las imágenes que captamos en los selfies pueden condicionar también nuestra memoria.

También se disfruta menos

Durante el experimento realizado por la Universidad de Princeton, los participantes que compaginaron otras actividades con el visionado de la charla se mostraron menos satisfechos con la experiencia. Y es que, al permitir compartir las vivencias, las redes sociales pueden favorecer que se vivan como quieren ser contadas (y no como en realidad son).

Esto lleva, a menudo, a situaciones de estrés por querer captar solamente algunos aspectos de la experiencia o intentar mostrarlas más interesantes de lo que en realidad son. O por querer tener absolutamente todo capturado en el smartphone.

Algunos estudios han señalado riesgos de depresión y ansiedad en las personas que usan de forma activa las redes sociales, sobre todo niños y adolescentes. Entre las razones están, precisamente, la visión distorsionada de la realidad y la percepción de que el tiempo dedicado a las redes sociales es un desperdicio.

El uso de las redes sociales se percibe, en muchas ocasiones, como una pérdida de tiempo.

Facebook, Twitter, Instagram o Snapchat nos permiten guardar recuerdos e inmortalizar experiencias. Pero estudios como el de Princeton señalan que, irónicamente, su uso puede evitar que las personas los experimenten por completo en primer lugar.

“En general, tomar fotos incesantemente y rápidamente baja el nivel de atención hacia lo que estamos fotografiando, sea un objeto, un paisaje o una persona”, señaló Mazzoni a BBC Mundo. Su uso parece limitar, precisamente, la capacidad de recordar aquellos momentos que más deseamos inmortalizar.

Imágenes | Unsplash/Priscilla Du PreezUnsplash/Noiseporn, Unsplash/Rawpixel, Unsplash/Robin Worral

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