Drones, robots y coches conectados: esta es la tecnología con la que están limpiando Fukushima

Tras el accidente ocurrido en la central nuclear de Fukushima en 2011, un estudio alertó de las consecuencias de la radiación en una especie especialmente vulnerable: las mariposas. Entre otras, reducción de su tamaño, desaceleración del crecimiento, aparición de anormalidades en su forma o aumento de la mortalidad. Sin embargo, también se puso sobre la mesa la hipótesis de que estuviesen desarrollando resistencia a la radiación.

Muchas de las preguntas sobre los efectos de la exposición radioactiva sobre el ecosistema cercano a las zonas contaminadas continúan hoy sin respuesta. A los estudios sobre sus consecuencias, se suman aquellos orientados a paliar sus efectos. Algunos de ellos especializados en mejorar los métodos y la tecnología para realizar las tareas de limpieza de Fukushima.

Plan de emergencia

En marzo de 2011, la costa oriental de Japón sufrió un terremoto seguido de un maremoto y un fuerte tsunami. Como consecuencia, en la central nuclear de Fukushima se sucedieron una serie de incidentes que provocaron un accidente nuclear, el peor registrado hasta la fecha desde el de Chernóbil en 1986.

Ambos se catalogaron como accidentes de nivel 7 de la escala INES. Este se establece cuando se liberan al exterior materiales radiactivos nocivos para el ser humano y el medio ambiente. Sin embargo, las dimensiones y consecuencias del accidente fueron menos devastadoras que las del ocurrido en Ucrania. En Japón, las autoridades activaron casi de inmediato un plan de emergencia para evitar la exposición de la población a la radioactividad. Seguido de un riguroso plan de limpieza de que continúa hasta hoy.

Limpieza de Fukushima

Más de 20 años de evolución tecnológica

Las tecnologías para inspeccionar y descontaminar un área y para gestionar los desechos radiactivos se han desarrollado e implementado después de la liberación de la planta de energía nuclear de Chernóbil y el accidente radiológico en Goiânia, Brasil”, señala el estudio ‘Current and Emerging Post-Fukushima Technologies, and Techniques, and Practices for Wide Area Radiological Survey, Remediation, and Waste Management’. Un estudio desarrollado por la EPA estadounidense en 2016 con el objetivo de presentar tecnologías y técnicas de limpieza que se puedan usar en caso de accidente nuclear en el país americano.

De igual manera, desde 2011 se han ido introduciendo novedades en la tecnología para limpiar Fukushima y sus alrededores. Estas técnicas se dividen entre no destructivas (por ejemplo, lavado a alta presión), mínimamente destructivas (como el arado) y totalmente destructivas (como es el caso de la eliminación o demolición de la superficie). A estas les siguen las técnicas de minimización de desechos, que a menudo causan un impacto a largo plazo en el medio ambiente. En muchos casos es necesario realizar investigaciones para validar su efectividad.

Máquinas para medir (y encontrar) la radioactividad

La superficie de la prefectura de Fukushima más contaminada por radiactivos se incluyó en la zona denominada SDA (Special Decontaminated Area). Esta comprende 11 municipios en un área de 20 km alrededor de la central nuclear. Se trata también de la misma área que fue totalmente evacuada tras el accidente.

Sin embargo, la totalidad de la zona contaminada era mucho mayor. Incluía otras prefecturas del país como Gunma, Tochigi o Chiba. Esta se denominó ICSA (Intensive Contamination Survey Area). Para analizar una zona tan vasta de terreno, se realizan mapeos aéreos mediante drones, pequeños aviones y helicópteros. Los drones permiten analizar zonas muy concretas y de difícil acceso (como el interior de bosques o edificios). A su vez, los vehículos más grandes facilitan el monitoreo de zonas extensas.

limpieza de Fukushima

Para realizar tareas de medición más precisas, los equipos de limpieza de Fukushima cuentan con sistemas terrestres. Uno de ellos es el sistema KURAMA, que unido a un vehículo con GPS y conectado a Google Earth mide la dosis de radiación cada 3 segundos. Para localizar las fuentes de radioactividad cuentan con cámaras gamma que permiten distinguir entre el foco principal y la radioactividad que le rodea. O robots como Little Sunfish, creado para cumplir una misión muy concreta e imposible para los seres humanos: encontrar combustible radiactivo fundido que había desaparecido dentro de los reactores de la planta.

Décadas de limpieza, tratamiento y reciclaje

Una vez que se han localizado los focos, se procede a la limpieza. Carreteras, tejados o las paredes de los edificios son descontaminados con máquinas de lavado a presión. Los árboles se podan y en los bosques se retira la parte más superficial del suelo con excavadoras mecánicas.

Los residuos se almacenan temporalmente en lugares especializados para ser posteriormente incinerados o, si es posible, reciclados. Deshacerse de estos residuos es uno de los desafíos principales de las tareas de limpieza de Fukushima.

Tras el accidente, el gobierno japonés estimó que tardarían unos 40 años en limpiar la planta en su totalidad. Se calculó que el coste de descontaminar la zona y compensar a las víctimas sería de 50.000 millones de dólares. En diciembre de 2016, nuevas estimaciones elevaban la cifra a 188.000 millones. Gran parte de este presupuesto se destina al estudio y la creación de tecnología como el robot Little Sunfish. Tecnología que permite que el contacto del personal de limpieza con los residuos radiactivos sea el mínimo posible.

Imágenes | Unsplash/Jaokob Madsen, Wikimedia Commons, Istock/photobylove

 

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