La lucha de los elefantes de bosque africano contra el cambio climático

A su paso, los elefantes de bosque africano dejan un rastro que raras veces pasa desapercibido. Pisan y desgastan la vegetación del suelo, rompen las hojas más bajas, derriban lianas y hasta arrancan de raíz plantas enteras para alimentarse.

Esta actividad no solo hace que los elefantes sean fáciles de seguir para los cazadores furtivos, una de sus principales amenazas. Recientemente se ha descubierto que existe una estrecha relación entre el impacto que tienen en su hábitat y la cantidad de carbono que los bosques pueden almacenar. Y que de la protección de esta especie depende en gran medida la evolución del cambio climático en los próximos años.

El jardinero del bosque

El elefante de bosque africano es el más pequeño de las tres especies que existen. Hasta hace poco se consideraba que existían dos, el elefante africano y el asiático. Sin embargo, diversos estudios han confirmado que en África existen dos especies diferentes: el elefante de la sabana (Loxodonta africana) y el del bosque (Loxodonta cyclotis).

Este último es natural de las selvas tropicales de África occidental y la cuenca del Congo. Se encuentra en países como la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Congo o Gabón. A pesar de tratarse de la especie más pequeña, algunos ejemplares llegan a pesar más de tres toneladas y a alcanzar los dos metros y medio de altura.

Su alimentación es clave en la relación entre elefantes de selva africano y cambio climático.

Estos elefantes son conocidos como «los megajardineros del bosque». Por un lado, porque con sus heces dispersan semillas de hasta 73 especies de árboles diferentes. Según se indica en el estudio Forest Elephants: Tree Planters of the Congo, pueden transportar una media diaria de 346 semillas grandes en distancias de hasta 5 kilómetros. Por el otro, porque al alimentarse prefieren las plantas más jóvenes, algo que favorece el mantenimiento de estas selvas.

Los bosques que almacenan CO2

Al alimentarse de los árboles más pequeños, los elefantes contribuyen a disminuir su densidad y su capacidad de competir por el agua, la luz y el espacio. De esta forma, los árboles más grandes acceden a más cantidad de nutrientes y oxígeno, creciendo más altos y fuertes. A la larga, esto conduce a aumentos en la biomasa total de los bosques y favorece que almacenen más dióxido de carbono.

El estudio Carbon stocks in central African forests enhanced by elephant disturbance, publicado en ‘Nature Geoscience’ refleja esta realidad y analiza la relación entre elefantes de bosque africano y cambio climático. Detrás de este estudio está el equipo de Fabio Berzaghi, investigador en el Laboratorio de Ciencias del Clima y el Medio Ambiente (LSCE-CEA, Francia).

El equipo cuantificó la influencia de los elefantes en las reservas de carbono de las selvas tropicales de África en un modelo informático que simula procesos demográficos en ecosistemas forestales. Para este fin usaron datos de parcelas forestales reales de la cuenca del Congo.

“Encontramos que la reducción de la densidad del tallo del bosque debido a la presencia de elefantes conduce a cambios en la competencia por la luz, el agua y el espacio entre los árboles. Estos cambios favorecen la aparición de menos árboles y más grandes con mayor densidad de madera. Tal cambio en la estructura de la selva tropical africana y la composición de las especies aumenta el equilibrio a largo plazo de la biomasa aérea”, señalan en el estudio.

Un estudio reciente analiza la relación entre elefantes de selva africano y cambio climático.

Además, los autores indican que la desaparición de los elefantes de bosque africano podría provocar pérdidas de hasta el 7% de las reservas de carbono de los bosques de África central. Algo que agravaría la evolución y las consecuencias del cambio climático.

¿Qué pone en peligro este equilibrio?

Sobre todo, la actividad del hombre. Los elefantes de bosque africanos ven cómo su hábitat se reduce cada día, convertido en plantaciones de cultivos, ganadería o áreas urbanizables. Son perseguidos también por los cazadores furtivos, interesados tanto en el marfil de sus colmillos como en su carne. Estas amenazas no afectan solo a esta especie, sino también al elefante de sabana africano.

Según datos de la ONU, las poblaciones de elefantes en el continente han pasado de los doce millones de ejemplares a tan solo 400.000 en el último siglo. Estudios como el publicado en ‘Nature Geoscience’ ponen de manifiesto otra de las consecuencias de una posible extinción: el aceleramiento del cambio climático. Lo cual tiene, también, una lectura más positiva: prevenir su extinción y fomentar la recuperación de esta especie se presenta como una posibilidad para aumentar las reservas de dióxido de carbono de las selvas africanas. Algo que frenaría, en parte, la amenaza climática.

Imágenes | Unsplash/ Julianna Corbett, Unsplash/Hannes Wolf, Unsplash/Peace Itimi

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