Los límites planetarios: una vuelta de tuerca al concepto de cambio climático

El 64 % de la población mundial cree que el cambio climático es una emergencia global. Pero ¿lo es? O quizá deberíamos preguntarnos, ¿es la única emergencia medioambiental? En ciencia, pero cada vez más también en política y en economía, está cobrando importancia el concepto de límites planetarios. Las fronteras que no debemos cruzar si queremos mantener la estabilidad de la Tierra y de nuestro entorno. Spoiler alert: las estamos cruzando.

El porcentaje con el que empezábamos el párrafo anterior está sacado de la encuesta ‘Peoples’ Climate Vote’, elaborada por la agencia de medioambiente de la ONU a finales de 2020. Ese informe también señala que temas como las emisiones, el crecimiento económico sin límite o la deforestación forman parte de la idea que la sociedad global tiene de los desafíos climáticos. Pero, además, de sus páginas se desprende que hay otros retos de los que no tenemos ni idea.

¿Qué son los límites planetarios?

el planeta Tierra

El primer gran acuerdo internacional y vinculante para intentar frenar el cambio climático fue el Protocolo de Kioto. Aprobado en 1997, perseguía la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero que estaban modificando el clima. Sin embargo, su aplicación tardó en ser efectiva y fracasó, en gran parte por el escaso compromiso de Estados Unidos (entonces el mayor emisor del planeta). En 2007, empezarían las negociaciones para un nuevo tratado mejorado, que terminarían en el Acuerdo de París de 2015.

En los muchos debates y reuniones que llevaron a ambos tratados se habló de CO2, contaminación y temperaturas. Pero en realidad la estabilidad del sistema terrestre, y de nosotros con él, depende de muchos otros factores complejos e interrelacionados. En 2009, y con la idea de entender mejor esos procesos, Johan Rockström (entonces director del Stockholm Resilience Centre) juntó a un grupo de 28 investigadores para definir un espacio seguro en el que la humanidad pudiese desarrollarse sin echarlo todo al traste.

Así nació el concepto de límites planetarios. En una publicación en Nature ese mismo año el grupo presentó las nueve fronteras de la Tierra. Habían identificado nueve procesos clave para la estabilidad y la resiliencia del planeta. Y, lo que es más importante, una serie de umbrales que, en caso de ser superados, pueden poner en peligro la habitabilidad del planeta para regenerarse y mantener las condiciones de las que todos los seres vivos disfrutamos.

Los nueve límites volvieron a ser revisados en 2015, con motivo de las negociaciones del Acuerdo de París. La revisión, publicada en Science, incluyó también una estimación de hasta dónde había llevado esos límites la humanidad. Vamos con las nueve fronteras y con su estado.

1. La destrucción de la capa de ozono

El ozono estratosférico filtra la radiación ultravioleta del sol. Si esta manta protectora disminuye, la mayor incidencia de la radiación puede dañar los sistemas biológicos de la Tierra y, entre otras cosas, provocar más cáncer en los humanos (los rayos UV son capaces de dañar moléculas y el ADN).

La aparición del agujero de capa de ozono debido a la contaminación por CFC provocó que el umbral se traspasase en algunas zonas del planeta, como la Antártida. El Protocolo de Montreal, firmado para eliminar el uso de los CFC, parece haber controlado los daños.

2. La pérdida de la integridad de la biosfera

O, lo que es lo mismo, la pérdida de la biodiversidad. La demanda creciente de la producción alimentaria y la explotación intensiva de recursos naturales está provocando una rápida destrucción de ecosistemas y de las especies que los habitan. Más de un millón de especies están en peligro serio de extinción y podrían desaparecer para siempre en unas pocas décadas.

A pesar de que faltan muchos datos y estudios para baremar este límite planetario, todo parece indicar que hace tiempo que nos saltamos la barrera. La pérdida de biodiversidad puede provocar cambios abruptos a nivel planetario y local y afectar, entre otras cosas, a la disponibilidad de alimentos o agua.

3. La contaminación química

Llevamos décadas liberando sustancias potencialmente tóxicas en la naturaleza y, en la mayoría de los casos, desconocemos los efectos a largo plazo. A pesar de que algunos estudios relacionan la acumulación de ciertas sustancias químicas con daños genéticos o con pérdida de fertilidad, todavía queda mucho por profundizar. Por eso, los investigadores del grupo de Rockström no dan ni siquiera una estimación de dónde nos encontramos con respecto a este límite.

4. El cambio climático

el deshielo del ártico

Para el equipo de científicos, el cambio climático es un límite más. Está claro que en poco más de un siglo hemos superado la frontera de estabilidad del clima terrestre. En 2019, los niveles de CO2 acumulado en la atmósfera eran similares a los de hace tres millones de años. Entonces la temperatura media era unos tres grados más alta (con todo lo que eso significa para las máximas y las mínimas) y el nivel del mar estaba al menos 15 metros por encima del actual.

En los próximos años veremos imágenes hasta hace poco impensables, como un Ártico sin hielo. Aun así, el círculo vicioso de emisiones y ascenso de las temperaturas puede ralentizarse e incluso revertirse a largo plazo, por lo que los autores señalan que todavía tenemos un estrecho margen antes de que los cambios se vuelvan irreversibles.

5. La acidificación de los océanos

Un tercio del CO2 que la humanidad emite a la atmósfera se disuelve en los océanos. En el agua forma ácido carbónico, alterando la química del océano y acidificando el medio. Este medio ácido dificulta la construcción de muchos elementos esenciales para la vida marina, como las conchas, los exoesqueletos de los crustáceos o los corales. La pérdida de estas especies cambiaría la dinámica de los ecosistemas oceánicos y afectaría a las poblaciones de peces y a la cadena alimentaria global.

Para los investigadores, este es un límite que estamos a punto de traspasar. De hecho, un estudio publicado en el mes de abril señala que podríamos haberlo superado ya; y que los océanos podrían estar dejando de ser sumideros de carbono para convertirse en emisores de CO2.

6. El consumo de agua dulce y el ciclo hidrológico

El ciclo del agua está muy afectado por el cambio climático (que influye en los patrones de evaporación, precipitación y congelación). Sin embargo, los investigadores señalan que la presión humana es la fuerza que más altera el ciclo hidrológico en la actualidad. La modificación de lagos y ríos, la sobreexplotación de los acuíferos y la demanda en aumento podrían acabar generando cambios irreversibles en el sistema. Hoy una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable y a mediados de siglo serán casi 5.000 millones.

esquema de los límites planetarios

7. Los cambios en el uso del suelo

Bosques deforestados, praderas aradas e hiperfertilizadas o humedales desecados para uso humano. Los cambios en el uso del suelo se suceden, principalmente para producir alimentos. Estos influyen en la pérdida de biodiversidad y en la alteración del ciclo del agua. Son cambios locales con impactos globales. Para los investigadores, este es otro de los límites que hemos superado claramente y es necesario tener en cuenta las funciones y la calidad del suelo (la base que sustenta toda la vida terrestre) para hacer un uso más sostenible del mismo.

8. Los flujos del nitrógeno y el fósforo

El nitrógeno y el fósforo son dos elementos fundamentales para la vida y sus ciclos naturales han sido alterados por la actividad humana. Un ejemplo podemos verlo estos días en el Mar Menor, en Murcia, donde un exceso de nitrógeno procedente de la agricultura intensiva ha llevado a esta albufera al límite de su estabilidad ecológica. La situación se reproduce en todas las zonas costeras del planeta, donde cada vez es más habitual la aparición de zonas muertas en las que el agua no tiene apenas oxígeno. Para los investigadores, los límites planetarios han sido superados para ambos elementos químicos y, en particular, para el nitrógeno.

9. Los aerosoles atmosféricos

Las partículas microscópicas sólidas y líquidas suspendidas en la atmósfera, los aerosoles, influyen en el clima y en el ciclo del agua en la Tierra. Todavía desconocemos cómo lo hacen en detalle, pero contribuyen a la formación de nubes e influyen en los patrones de circulación atmosférica. La contaminación de origen humano genera grandes cantidades de aerosoles que acaban flotando en la capa gaseosa del planeta e influyen directamente en sus dinámicas. Sin embargo, los investigadores señalan que faltan muchos datos para estimar si hemos sobrepasado la frontera o no.

Todos estos procesos clave de la Tierra están relacionados entre sí y se ven afectados por multitud de factores. Hablar de cambio climático nos ayuda a centrarnos en determinados objetivos, pero quizá a veces nos haga perder la perspectiva. Estamos poco a poco superando los límites del planeta y, también, los nuestros propios.

Imágenes | Unsplash/Chris LeBoutillier, NASA, Melissa Bradley, Wikimedia Commons

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