Mascotas o perros robots con ancianos como terapia: ventajas y contras

Japón, como país animista, se ‘entiende’ con facilidad a robots y robopets para el cuidado de las personas. De hecho, para la cultura nipona, los robots están animados, como cualquier otro elemento con el que se pueda interactuar. Solo hay que tener cuidado de que las kami (las entidades adoradas en el sintoísmo) de los objetos no sean hostiles: quienes los diseñaron, quienes los vendieron y nosotros, que los usamos, debemos estar alineados con la naturaleza.

También hay otro factor cultural que favorece la proliferación de robots cuidadores en Japón. Su sociedad, de hecho, es muy anciana y bastante cerrada a la inmigración. Por ello, prefiere asignar a la tecnología aquellas actividades de asistencia a las personas dependientes que en muchos otros países suelen ser realizadas por extranjeros.

Por lo tanto, no sorprende que durante la pandemia muchos habitantes del país del sol naciente buscaran consuelo en los asistentes robóticos. Eso sí, con semblantes familiares, ya que necesitamos reconocernos para crear una conexión cálida. Es por ello que los robots están diseñados según el concepto de pareidolia, es decir: con rasgos que nos recuerdan a los humanos o los animales.

Los japoneses aman los robopets como Charlie, que canta y se parece a un muñeco de nieve. Yamaha, la empresa diseñadora, dice, no sin cierta sorna, que es más hablador que un animal pero menos pesado que una pareja. Entre los compañeros robóticos lanzados solo para esta nación, también destaca Robohon. Es un robot humanoide que lleva esmoquin y ofrece las funciones de un smartphone. Pero también baila, se sienta y camina. Está equipado con reconocimiento y síntesis de voz e incorpora un sistema de reconocimiento facial y de emociones.

Que el ser humano sienta empatía y confianza es fundamental para que la relación con el robot tenga efectos verdaderamente positivos para la persona, especialmente en los contextos de cuidado y rehabilitación.

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El éxito de Lovot

Nuestra atareada sociedad, especialmente la oriental, a menudo no puede permitirse una inversión emocional tan poderosa como la que requiere un animal real. Así se explica el éxito de Qoboo, un gato-almohada robótico capaz de mover la cola y reaccionar a las caricias. Entre los bares de Tokio hay cada vez más competencia entre los dedicados a las mascotas y los que utilizan sus versiones robóticas.

En este sentido, cabe recordar que los cat café aparecieron por primera vez en Japón y luego se exportaron a todo el mundo. Sin embargo, hoy, en la capital japonesa, los Lovot Coffees compiten con ellos. Lovot es un robot alto como un niño pequeño, pero similar a un pingüino sobre ruedas. Combina inteligencia artificial y 50 sensores, incluido un sistema de calor interno que proporciona una sensación de placer cuando se abraza y se tiene cerca.

El deep learning incorporado le permite decidir de forma independiente, llevando a cabo acciones en tiempo real. Esto ofrece una interacción mucho más realista y empática. La cámara puede reconocer los objetos alrededor, estimar obstáculos, distancias y peso. Los movimientos, incluidos los de los ojos, son fluidos y bien estructurados. Y además, la voz de Lovot está diseñada para reproducir la cavidad bucal, dando la sensación de interactuar con un ser vivo en todos los aspectos.

Groove X, el fabricante de esta máquina, ha revelado que si bien los precios son altos -alrededor de 3000 dólares más el mantenimiento del software-, las ventas se han multiplicado por diez durante la pandemia. Es una señal de que los robots han sabido compensar la falta de contacto a la que nos ha obligado la covid-19, demostrando ser muy útiles para el cuidado. De hecho, la investigación ha demostrado que las mascotas robóticas son capaces de mejorar el grado de estrés y ansiedad.

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Robots en residencias de ancianos

Así pues, no es nuevo que los robots se utilicen en residencias de ancianos, sobre todo como una herramienta ideal para las personas que padecen alguna enfermedad neurodegenerativa. Tampoco es nuevo que se empleen como compañía para los mayores solos. Los robopets, de hecho, solucionan una de las mayores preocupaciones de los ancianos: dejar ‘huérfanas’ a sus mascotas.

Los familiares comienzan a preferir a los robots también para controlar a los ancianos a distancia. La alternativa sería contar con un colaborador o llenar la vivienda de cámaras y micrófonos. Pero estas soluciones producen una sensación de falta de privacidad y humanidad. En cambio, el robot, pese a estar equipado con cámaras, no impacta en la imagen que el ser humano tiene de sí mismo. Le permite conservar su sensación de autonomía y de haber ganado incluso un compañero de juegos con el que distraerse sin esfuerzo.

El androide ayuda a la hora de recordar plazos, medicamentos y sirve asimismo para interactuar por teléfono con parientes lejanos. Todo ello siempre con discreción, rompiendo la frialdad de pantallas, altavoces y cámaras. Tombot Jennie, por ejemplo, es un perro robótico elegido por muchas instituciones para ayudar a quienes padecen demencia y vigilar a los mayores semiautónomos en sus viviendas. Fue elegido por ‘Time’ como uno de los cien inventos más revolucionarios de 2020.

Jennie tiene la capacidad de reaccionar de acuerdo al estado emocional del sujeto, contribuyendo, además, al seguimiento de su salud física a través de varios sensores. Sin embargo, hay quienes creen que regalar un robot a personas mayores con problemas de demencia, haciéndoles creer que es un animal real, significa engañarlas, aprovechando su fragilidad. A fin de cuentas, los robots pueden ayudar mucho, pero nunca reemplazar las relaciones humanas.

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Imágenes | Kompai/Wikimedia, Jason Leung/Unsplash, Daniel Tuttle/Unsplash

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