¿Por qué no todos los científicos piensan igual?

Si la ciencia es la mejor forma de obtener la verdad o descartar la falsedad, ¿por qué no todos los científicos opinan lo mismo? ¿No sería lógico que todos los investigadores tuviesen puntos de vista similares, al menos en determinados campos de estudio? ¿Por qué mantienen posturas enfrentadas o cambian su manera de pensar?

 

¿Sabemos lo que es ‘la’ ciencia o ‘el’ método científico?

Este artículo abre con un ‘si’ condicional muy grande, y es que aunque se tenga relativamente claro qué es la ciencia o en qué consiste el método científico en términos generales, la realidad es que las disciplinas científicas son más complicadas de lo que se cree. Para empezar, no hay ‘una’ ciencia, sino varias, ni un ‘método científico’, sino varios.

Al igual que hay muchas formas diferentes de resolver un mismo problema (si tienes frío puedes abrigarte, evitar el viento, tomar algo caliente, subir la calefacción o ir a un sitio cálido), hay muchísimas aproximaciones tanto para descubrir las verdades del universo como para descartar las falsedades. Suponiendo, claro, que la ciencia sea eso.

Clasificar qué es ciencia y qué no, o de qué se encarga esta rama del saber es uno de los problemas actuales de la filosofía de la ciencia. Esta ponencia de Luis Cortés Briñol llamada ‘¿Qué entendemos por ciencia?’ es brillante al respecto porque ahonda en la dificultad de clasificar la ciencia.

 

Por descontado, para el propósito de este artículo, baste decir que para ‘hacer ciencia’ hay muchas herramientas distintas. Muchas aproximaciones, métodos, disciplinas y utilidades.

 

Diferentes herramientas, diferentes conclusiones

Esto de las diferentes herramientas es muy fácil de ver en todo tipo de disciplinas. Incluso algunas muy alejadas, como pueden ser la sociología o la física cuántica.

Por ejemplo, en sociología una forma de investigar consiste en realizar encuestas en detalle, mientras que otra muy distinta es observar qué hacen las personas. Ambas son válidas y, curiosamente, ambas se complementan y a menudo pueden arrojar conclusiones opuestas.

En su libro Todo el mundo miente, Seth Stephens-Davidowitz pone algunos ejemplos sobre cuestionarios a personas frente a observar qué hacen esas personas. Ambas arrojan luz sobre la sociología, pero muchas veces se contradicen. Como ejemplo, las encuestas de intención de voto: lo que la gente dice que vota no es lo que la gente vota. Dos investigadores que estudien este fenómeno desde aristas opuestas darán con resultados opuestos.

por que cientificos piensan distinto

Otro ejemplo de diferentes herramientas y resultados lo vemos, como decíamos, en la física cuántica. Una aproximación experimental es la que se da en el acelerador de partículas de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en francés), que envía partículas a altísimas velocidades para ver qué ocurre tras la colisión. Esa es una forma de descubrir los secretos del universo.

Otra cosa muy diferente es la física teórica, que agrupa lo que se sabe de cómo funciona la realidad para dar con soluciones matemáticamente viables. Lo mejor, claro está, es que ambas herramientas se complementan y ayudan a los científicos a avanzar.

Científicos contra científicos: cuando la realidad no es tan sencilla

Las riñas entre científicos son ampliamente conocidas y a menudo llegan a los periódicos (y por desgracia, a los puñetazos, aunque cada vez menos).

Probablemente, el lector recuerde la falta de consenso respecto a Plutón, un cuerpo que ha sido llamado planeta, cometa, y planeta enano entre otras cosas. Ocurre que la realidad es compleja, y que Plutón tiene unas propiedades que no casan bien con la categorización de los cuerpos celestes.

Algo similar pasa con los virus y su categorización como seres vivos o no. Este enfrentamiento entre posiciones científicas lleva tiempo con nosotros y se ha hecho más y más difícil a medida que se descubrían algunos de estos organismos gigantes (para su habitual tamaño) con sus propios mecanismos de defensa frente a otros virus. ¿La realidad?

¿La realidad? Es compleja, como vemos. Tanto como para poner sobre la mesa una posibilidad desconcertante: es posible que nuestras mejores herramientas científicas no sean capaces de ayudarnos a comprenderla en su plenitud; y cabe la opción de que este primitivismo dependiente de nuestra capacidad mental no diseñe nunca instrumentos más avanzados.

En ciencia a menudo ocurre algo interesante: varias hipótesis que encajan bien con la realidad no encajan bien entre sí. Puede ocurrir que ambas sean parcialmente ciertas, que una de ellas esté equivocada o que ambas sean erróneas. Y esto provoca cierto conflicto.

Mitos y leyendas con tintes científicos

sabemos lo que es la ciencia

Esto último, que las hipótesis sean incorrectas, es algo muy frecuente en ciencia. Las pseudociencias son un ejemplo de algo que parece ciencia, pero no lo es, aunque a veces el problema está más enraizado. Es lo que ocurrió con los canales de Marte, que no existían y se debían a defectos de la tecnología, o con los rayos N. No, no existen, pero durante un tiempo se pensaba que sí.

Una de las propiedades más interesantes de la forma en que se hace ciencia hoy día aparece cuando se llega a un consenso. Es decir, cuando parte de los científicos cambian posiciones que no eran correctas por otras cuyo grado de error se entiende notablemente menor. Por ejemplo, cuando se aceptó el cambio climático como un hecho contrastado.

Los consensos científicos son complejos porque se necesita mucha investigación. Y eso implica que durante un tiempo se podrán obtener datos diversos a menudo en conflicto entre sí. Cuando los investigadores opinan de forma opuesta en sus diferentes ramas de estudio, generalmente implica una consecuencia lógica: que no sabemos lo suficiente, y que hay que investigar más.

 

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