Cómo cuidar nuestro legado digital y reputación ‘online’

Cuando morimos, nuestra presencia en línea aún puede tener un impacto en quienes se quedan. Esto, en pocas palabras, es nuestro legado digital.

En el libro de Daniel Sieberg y Rikard Steiber, Digital legacy: Take Control of Your Online Afterlife (2020), la atención se centra en la necesidad de pensar con anticipación sobre el destino de nuestra identidad en línea. Algo que los avances tecnológicos hacen cada vez más urgente.

De hecho, hubo una explosión de apps con las que ‘reanimar’ los rostros de los seres queridos desaparecidos, así como chatbots capaces de hablar con la voz de nuestra difunta madre. HereAfter, por ejemplo, entrevista a los clientes sobre los momentos críticos de su vida. Las respuestas se convierten en el set de entrenamiento con el que crear un bot capaz de imitar el timbre vocal y posibles conversaciones. En Corea del Sur abrieron incluso un parque virtual donde las personas pueden encontrarse con sus seres queridos reconstruidos por la inteligencia artificial.

Nuestros datos, por tanto, son una riqueza. Además del uso que le dan las tecnológicas, la mayor parte de nuestro trabajo pasa por la red. Así que no estaría mal que nuestras producciones no se perdieran en el olvido, sino que fueran fructíferas para nuestros seres queridos. O, al menos, que no se volvieran dañinas. Regular el legado digital es extremadamente importante y hay que intervenir antes de que sea demasiado tarde.

Además, este legado puede volver a la vida de diferentes maneras, que pueden incluso sugerir los diversos estatus sociales del difunto. De hecho, todos podemos sobrevivir online, pero la calidad de esa supervivencia dará fe de nuestra importancia en la vida. Es decir: pocos se convierten en un holograma seguido por millones de personas.

legado digital

Qué es el legado digital y la reputación online

El impacto que deja nuestro legado digital puede ser de diferente naturaleza. Desde un comentario descontextualizado hasta el uso de datos para entrenar redes neuronales y convertirlas en deep fake, con el riesgo de malentendidos causados por palabras pronunciadas fuera de contexto o totalmente inventadas, lo cual es un gran problema para la protección de la reputación online. Es decir, todo lo que se dice y publica en Internet sobre nosotros. Y que, en vida, algunos intentan controlar con gran esfuerzo.

En el metaverso, los hologramas de Michael Jackson y 2Pac ya están cantando en el escenario. Por su parte, la inteligencia artificial inventa canciones y pinta cuadros con el estilo de artistas fallecidos. El actor estadounidense Robin Williams impidió el uso de su nombre, firma y fotografía durante 25 años después de su muerte. Lo hizo para evitar especulaciones sobre su imagen y para proteger su reputación física y digital. El intérprete confió todos los derechos a la asociación fundada por él mismo.

La realidad es que ya podemos decidir volvernos inmortales a través de en una web o cuenta de red social conmemorativa, la robótica e incluso un holograma. Pero el verdadero problema del legado digital radica en la información contenida en los servidores, sobre la cual ni siquiera una persona viva tiene un control total. Así que, a falta de reglas claras, ¿es suficiente con hacer testamento, encomendando el uso de nuestros datos a terceros?

¿Basta con hacer copias de seguridad periódicas de la información presente en la red y borrar aquella que no nos interesa? ¿Hay alguna forma de que las huellas digitales desaparezcan de forma permanente? La realidad es que no existe una manera segura de evitar que las plataformas en línea, e incluso nuestros seres queridos, utilicen este material tras nuestro fallecimiento.

reputación online

Cómo proteger nuestros datos

Dicho esto, aun si los sobrevivientes obtuvieran nuestro material sin cifrar, guardado localmente, no estarían en total derecho a utilizarlo. De hecho, a falta de leyes de privacidad para los difuntos, lo que dejaríamos, si se usara, sería material pirateado. Por otro lado, el contenido que difundimos en la red son datos que hemos cedido a empresas privadas. Mientras vivamos, podemos quitarles el permiso para usar y administrar esa información. Pero, una vez fallecidos, ¿cómo podemos hacerlo?

La Digital Legacy Association, una asociación británica dedicada a estos temas, ha proporcionado pautas sobre cómo prepararse para la muerte física. Ha publicado una plantilla gratuita donde introducir todos los datos necesarios para el acceso y disponibilidad de los contenidos en la red. Sin embargo, no es un documento legalmente vinculante. Quedará siempre a discreción de nuestros seres queridos si respetar y hacer respetar nuestros deseos.

Además, cada plataforma tiene sus propias políticas de privacidad y vale la pena conocerlas antes de crear una cuenta. Facebook, por ejemplo, permite decidir quién será el contacto que tendrá que cuidar nuestra cuenta después de nuestra muerte. Google no da límites de tiempo a la conservación de nuestras huellas digitales. Es más, incluso si borramos la cuenta nosotros mismos, no garantiza con absoluta certeza la desaparición total de todo rastro de sus servidores. Por ello, Digital Legacy proporciona una guía sobre las principales redes sociales, servicios web y dispositivos.

Si queremos que nuestro espíritu no vuelva a molestar a los vivos, debemos encargarnos de dos rituales: un entierro analógico y otro digital. Pero primero necesitamos definir reglas claras para que esto suceda con la fuerza de una prescripción legal. Y si aún así deciden resucitarnos, al menos que no arruinen nuestro honor.

 

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Imágenes |Sigmund/Unsplash, Sharon McCutcheon/Unsplash, Mo/Unsplash

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