La gran dificultad para predecir el mundo tras el COVID-19

¿Podría el COVID-19 impulsar la industria del perfume o cambiar nuestra dieta? ¿Es posible que el coronavirus afecte al precio de la vivienda y su concentración, o que incluso fomente la ‘ruralización’ en lugar de la urbanización? ¿Será esta pandemia la estocada final al comercio o está a punto de reinventarse?

¿Sabemos cómo cambiará el mundo el COVID-19? Ni de cerca. La ingente cantidad de factores involucrados hace complicado un análisis fiel. De ahí que la futurología es una rama de estudio particularmente complicada.

Los cambios macroscópicos derivados de un hecho traumático, como una pandemia, son imprevisibles a medio y largo plazo. ¿Quién habría dicho hace meses que los juegos de mesa iban a tener tanta demanda? Sin embargo, podemos analizar tendencias relativamente probables. Recogemos algunas.

¿Qué ocurrirá con las grandes ciudades?

Un estudio de Stephen S. Morse de 1995 ya indicaba que la concentración poblacional es uno de los factores de riesgo para la aparición de enfermedades infecciosas, como el coronavirus. Hasta ahora, el tiempo le ha dado la razón. Todos los brotes similares se han reforzado en entornos urbanos.

Por ello, una de las consecuencias más llamativas del impacto de la COVID-19 en el mundo ha sido el auge del teletrabajo, que probablemente regresará a niveles inferiores a los actuales pero superiores a los que había antes; así como un cambio en la demanda de la vivienda a favor de ventanas y jardines, según Idealista.

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Una de las ventajas que ofrece el teletrabajo es que permite ejercer desde cualquier lugar. Por tanto, a medida que más trabajadores descubran que pueden usar un ordenador para trabajar, y vistos los cambios de la demanda de vivienda y las previsiones sobre futuras pandemias, es posible que haya un efecto rebote del éxodo rural. Cierta ‘ruralización’ o freno a la urbanización.

El COVID-19 impulsa… ¿la industria del perfume?

En el año 2021 casi toda la población mundial podría haber superado alguna de las variantes del SARS-CoV-2. Hoy se sabe que el 85,6% sufre una disfunción olfativa como la anosmia o la hiposmia. Por suerte, el 73% la recupera en una semana y el 97% en dos semanas. ¿Dejará marca?

En 2019 el porcentaje de la población mundial afectada por la pérdida de olfato rondaba el 5%, y es probable que lel COVID-19 eleve la cifra entre el 8 y 10% en todas sus variantes (no solo la pérdida total, tenemos también en cuenta la pérdida moderada). Colonias, jabones perfumados y odorizantes podrían aumentar su mercado rápidamente.

La retirada acelerada del gas natural en las casas

El gas natural en climatización y cocina lleva años retrocediendo a favor de sistemas menos contaminantes, como la aerotermia. Pero, además del tema de la contaminación atmosférica, el gas natural puede ser peligroso para nuestra salud, y la anosmia y pérdida de olfato podría llevar a valorar prescindir de gas natural en nuestros domicilios.

Como destacan varios organismos de salud, “el sentido del olfato a menudo es la primera señal que nos alerta [del olor] de una fuga de gas natural”. ¿Se acelerará la tendencia de instalación de aire acondicionado debido a ello?

¿Cambios en nuestra alimentación debido al coronavirus?

Los mismos estudios señalan que el 88% de los pacientes de coronavirus reportan una pérdida total o parcial del gusto, aunque de nuevo en la mayoría de los casos regresa en pocas semanas. Sin embargo, esto podría aumentar el consumo de comida rápida especiada y las bebidas edulcoradas.

El COVID-19 ha disparado las ventas de comida a domicilio, donde predomina la comida ultraprocesada, hipercalórica (y artificialmente sabrosa), en detrimento de otro tipo de restauración.

Uno de los mayores problemas de esto es que cambiar la microbiota intestinal a favor de la comida de mala calidad es mucho más fácil que hacerla regresar a un punto previo de comida saludable. Es el motivo por el cual resulta tan complicado dejar de acudir a la comida basura. ¿Aumentará esta?

El pequeño comercio, adaptándose a los cambios

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La visita a comercios cayó un 95% nada más establecer la cuarentena, según datos de Community Mobility Reports de Google. Sin embargo, muchos de ellos han empezado a reinventarse. El delivery y la compra por Internet ha crecido a casi el doble durante este último mes en algunos productos.

Además, en tiendas de barrio de toda la vida estamos asistiendo a cambios antes inimaginables, tales como el fomento de los pedidos por teléfono en costura, la visita a domicilio de farmacias o la adaptación para take away de carnicerías, por poner algún ejemplo. Sin duda, 2020 será el año de la digitalización de la pyme española, aunque sea a la fuerza de una pandemia.

Sobre el futuro a medio y largo plazo hemos de ser más cautos. Hasta la fecha, los planes de desescalada por fases fomentan acudir a tiendas pequeñas en lugar de grandes superficies, que serán las últimas en abrir. Es posible que esto cambie los hábitos de los vecinos y que acudan más a las tiendas de proximidad.

La contaminación urbana, ¿subirá o bajará?

Uno de los cambios más visibles del aislamiento social es la reducción drástica de la contaminación atmosférica. Esto ha servido para que muchos negacionistas del smog se diesen cuenta del impacto de los vehículos contaminantes en el entorno.

Al tiempo, varios estudios de instituciones como el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA), han confirmado la relación entre un agresivo COVID-19 y la contaminación. Todo esto puede servir como precedente para aumentar la conciencia por la necesaria descarbonización.

Sin embargo, al tiempo que se limpiaban las calles de contaminantes se abandonaba el transporte público y muchos trabajadores que antes viajaban en este han optado por el coche. Es posible que el distanciamiento social que exigirá esta y otras pandemias hagan que su uso se asiente (más).

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Es cierto que la movilidad ciclista ha aumentado estos días, en parte por el aumento de los riders de reparto. También lo es que este medio de transporte sostenible se recomienda desde las instituciones.

La ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, envió una carta a la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) pidiendo fomentar este tipo de movilidad; pero un día después de que el ministro de Transportes y Movilidad, José Luis Ábalos, apuntase a un probable aumento del coche. Habrá que esperar a ver qué ocurrirá a largo plazo.

Emisiones arriba, emisiones abajo

La “vergüenza de volar” (del sueco flygskam) ya no es la mayor causa para abandonar los vuelos nacionales e internacionales. Por todo el mundo están cerrando aeropuertos y habríamos cerrado la red hyperloop de haberla tenido operativa. Las emisiones aéreas caen el picado, sin duda, una buena noticia.

Dicho esto, y dado que el turismo internacional se resentirá durante muchos meses, quizá algunos años, el esperable aumento de turismo nacional podría traer, junto al fenómeno antes mencionado de ‘ruralización’, un aumento en las emisiones de vehículos privados. A ver qué dice el gurú del big data en turismo.

Después de analizar algunos sectores y sus expectativas, reincidimos en la complejidad de predecir el futuro. Cualquier factor no considerado podría alterar cualquier equilibrio que seamos capaces de imaginar, especialmente a largo plazo.

 

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