Las antenas de telecomunicaciones no son perjudiciales para la salud

De tanto en tanto, alguien señala a las antenas de telecomunicaciones y desata el pánico con palabras como “radiación” o “cáncer”. Durante semanas, los medios más desinformados y sin asesoramiento científico publican todo tipo de bulos. Estos se perpetúan en el tiempo, a veces durante décadas.

Son leídos y compartidos, y la población pregunta en foros “¿Las antenas son dañinas?”. La respuesta es que no. Las antenas de telecomunicaciones no son perjudiciales para la salud. Sin embargo, es muy complejo combatir el concepto porque requiere un mínimo de formación científica.

El desconocimiento infunde miedo

En 1978, cuando nació Louise J. Brown, la primera bebé probeta, la sociedad se escandalizó. La mayoría de las personas desconocían la técnica de fertilización in vitro. En algunos lugares fue considerada incluso demoníaca y maligna per sé.

Hoy es un método más para concebir, y la sociedad la comprende. Mientras tanto, la gente se posiciona en contra de la edición genética. A medida que aprendemos algo “antiguo”, la nueva ciencia nos asusta hasta entenderla.

Comprender un hito científico es importante para no tenerle miedo. Cuando el gas entró en las edificaciones en el XVIII con la lámpara de Argand, los habitantes entraban en pánico. Y el paso a la electricidad en el XIX fue todavía más traumático. Hoy entendemos cómo funciona la quema de petroquímicos, y tenemos un miedo perfectamente fundamentado en el conocimiento.

La mayoría de las personas no sabe cómo funcionan las antenas de telecomunicaciones o qué es una onda de radio. Sin estos conocimientos, el miedo es la reacción natural, y cualquier hecho insalubre es rápidamente relacionado a las antenas.

¿Cómo funciona una antena de telecomunicaciones?

Cuando en una zona hay baja cobertura de una tecnología (pongamos 4G o UMTS 2100), las operadoras barajan instalarla. Se hace un estudio de radiofrecuencias para evitar superar los máximos legales, y se diseña una BTS.

Las BTS, o Estaciones Base de Telefonía móvil, son emplazamientos sobre los que van las antenas. A veces se instalan en torres y otras veces en mástiles sobre edificio. Antiguamente se instalaban en torres sobre edificios.

Dentro de estas BTS hay unos equipos de radio que son el “cerebro” de las antenas. Estas se colocan dentro de paneles blancos, lo más alto posible en mástiles o torres. ¿Los ves sobre el mástil? Dentro hay antenas:

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Algunos de estos paneles, los más estrechos, son monobanda y solo tienen una banda [de frecuencia]. Por tanto, solo una antena y solo una tecnología. Sin embargo, para aprovechar el espacio la mayoría actuales son multibanda.

Dentro de estos paneles blancos, una lámina metálica recibe la señal de los cables coaxiales que vemos en la imagen de arriba. Estos vienen de los equipos de radio. La lámina, a la que llamamos antena, genera una vibración.

Si alguna vez has abierto unos auriculares, ya has visto una “antena sónica” y una membrana, que en el caso de los cascos es circular. La mecánica es la misma, la diferencia está en la velocidad a la que vibra y el efecto causado.

Los auriculares vibran a muy baja frecuencia, entre los 20 Hz – 20 kHz, que es la frecuencia audible por los humanos. Las antenas de telecomunicaciones lo hacen a unas 900-2.600 MHz.

Ese “sonido” inaudible, en lugar de desplazar el aire, aparece como una onda hertziana que viaja en forma de radiación electromagnética. ¡Radiación, la palabra maligna! Cuando esta radiación llega a tu móvil la conoces como “datos”.

La radiación de las antenas es no ionizante

La radiación de las antenas es de tipo no ionizante. En otras palabras, no son capaces de sacar electrones del átomo, y apenas les afectan. Para la radiación de las antenas la materia (tú, yo, tu mascota) es invisible.

Sin embargo, nos hemos criado en un occidente en el que la radiación es mala per sé. La radiación mató a Marie Curie, destrozó Europa desde Chernóbil y convirtió a Bruce Banner en Hulk. En nuestra ficción, el mundo está a punto de explotar cada pocos minutos. Pero hablamos de radiaciones diferentes.

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La luz es un tipo de radiación, y el calor otro. El WiFi y el Bluetooth, un tercer tipo. El láser con el que nos quitamos los pelos de las piernas, uno más. Vivimos rodeados de radiación benigna. Incluso las estrellas son fuentes masivas de radiación.

La radiación de las antenas de telecomunicaciones no es nociva, y hasta la fecha no se ha encontrado ninguna prueba de que sea así. Pero los bulos son resilientes, y siempre hay incautos a los que contagiar. Además, está la hipersensibilidad electromagnética.

La hipersensibilidad electromagnética es real

Que la hipersensibilidad electromagnética sea real es lo que más confunde a la gente. Sin embargo, no es una enfermedad como tal, sino un conjunto de síntomas reales mal enfocados. La gente cree que los provocan las antenas, pero ahí está la clave  del misterio: no lo hacen.

Pongamos el caso de que a dos vecinos de un inmueble les duele la cabeza. Uno de ellos, al mirar por la ventana, observa cómo hay tres tejados con BTS y antenas. El otro da a un patio y no ve nada. ¿Qué piensa cada uno? El que ve antenas cerca de su casa tiene muchas más posibilidades de pensar que la causa es la radiación.

No es así en realidad, y el dolor de cabeza no es falso. Tampoco lo son los picores, ronchas, dificultad para dormir, etc. El miedo a las antenas despierta este tipo de fenómenos o síntomas de carácter psicosomático, así como justifica cualquier síntoma previo.

Se dan dos efectos independientes y relacionados que agravan la hipersensibilidad electromagnética:

  • el efecto nocebo, respuesta negativa a un hecho inerte, como la radiación electromagnética de las antenas. Ejemplo: creo que algo me afecta, de modo que todo lo malo que me pase lo relaciono con ello.
  • el efecto pigmalión, profecía autocumplica, que proboca que ciertas “predicciones” se materialicen. Ejemplo: si me rasco porque creo que me pica, eventualmente me picará.

¿Qué dice la OMS y los estudios al respecto?

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Todo lo de arriba forma parte de mi experiencia personal en el mundo de las telecomunicaciones y la lectura de numerosos estudios. Peor vayamos a una fuente mucho más fiable. Según la OMS en 2006 y 2014, ninguno de esos estudios ha demostrado jamás que las antenas sean perjudiciales.

En 2014 el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud repasó cientos de estudios científicos al respecto y no encontró ninguna relación. Lo publicó en el ‘Informe sobre radiofrecuencias y salud’, que es público. Se siguen haciendo estudios con resultados nulos.

Pese a todo esto, en Europa tenemos una dura normativa de la radiación. Las antenas de telecomunicaciones no pueden emitir a nivel de calle a más de 200 µW/cm2, una radiación expresada en cantidad de energía por área y tiempo realmente baja. El Sol nos manda miles de veces esa cantidad.

Lo normal es que las antenas radien a unos 0,5 µW/cm2, muy por debajo del máximo permitido, que se sabe inocuo para la población. Sin embargo, como hemos arrancado el artículo la falta de formación científica puede ser un problema. Puedes ver aquí todas las antenas de España.

Para evitar el pánico y el miedo infundado, comprender cómo funciona una tecnología es clave. Por eso te animamos a compartir este artículo, y a pasárselo a todo aquel que tenga dudas de si las antenas son “malas” para la salud. A menos que uno se ponga debajo en un día de mucho viento en que alguna pueda caernos en la cabeza, la respuesta es no.

 

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