Dalmau-Rovira, ingeniero forestal: “Los bosques que no gestionemos de forma preventiva, serán gestionados por incendios y cambio climático»

Más de 299 000 hectáreas han ardido en incendios en España en lo que va de 2022, siendo el país más afectado de la Unión Europea (UE), que este año ha sufrido fuegos muy por encima de la media, según datos del Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales (EFFIS). Cambio climático y grandes incendios, igual que pasa con otros fenómenos meteorológicos extremos, son síntoma de una enfermedad mucho más grave: nuestro disonante modelo de relación con el ecosistema.

No hay recetas mágicas para un problema multifactorial y complejo, pero el ingeniero forestal Ferran Dalmau-Rovira, director de la consultora de ingeniería ambiental Medi XXI GSA e instructor de la Escuela Nacional de Protección Civil, apunta dos soluciones principales en esta lucha contra el fuego. Una, ‘naturalizarnos’ de nuevo, volver a los orígenes y recuperar así la población rural. Y, la otra: destinar más recursos a la prevención, con planes bien hechos y dotados de presupuesto.

Ejemplo de ello es ‘Guardian’, un proyecto de colaboración público-privada, cofinanciado por la UE. Se trata de la mayor infraestructura contra incendios en nuestro continente para proteger el bosque y a más de 15 000 residentes en los términos municipales de Riba-roja de Túria y Paterna, en el entorno del Parque Natural del Túria, en Valencia.

El blog de Lenovo (EBL): Este año ha sido especialmente catastrófico en cuanto a incendios. ¿Qué está pasando?

No hay una respuesta sencilla; están ocurriendo muchas cosas. Algunos hechos: en 1850 éramos 1200 millones de personas en el planeta y, en la actualidad, somos casi 8000 millones. Y claro, tal crecimiento exponencial de la población implica un mayor consumo de recursos. De hecho, en los últimos 170 años (desde la revolución industrial) hemos consumido más energía y recursos naturales que todas las generaciones que nos precedieron. Y esa energía, que ni se crea ni se destruye, sino que simplemente se transforma, ahora está en juego.

El carbón, por ejemplo, no son más que restos vegetales de hace millones de años que con el tiempo han sufrido un proceso de cambio, y nosotros lo extraemos y quemamos. La quema de combustibles fósiles ha movilizado mucha energía y se está traduciendo, entre otras cosas, en un incremento mundial de los rayos, de modo que la probabilidad de que una de estas descargas toque el suelo y provoque un incendio es ahora mayor. En definitiva, toda esa energía nos está siendo devuelta en forma de incendios, tormentas, inundaciones…

EBL: ¿De qué manera influye el abandono del medio rural en los incendios?

Incendios

Es otra de las grandes causas de este problema multilateral. Al contrario de lo que la gente piensa, España es un país cada vez más forestal. Junto a Suecia y Finlandia, lidera la superficie de bosques de la UE. Y es que, a medida que nos vamos replegando a los núcleos urbanos, el monte va avanzando. Esto da como resultado grandes extensiones de terreno en las que no vive nadie, en las que no se trabaja ni se gestiona el monte.

Sin ir más lejos, hemos dejado de manejar el fuego y ya no vamos al campo a recoger leña para calentarnos, sino que lo hacemos con la calefacción de gas, gasóleo o electricidad. Nos hemos desnaturalizado. Y la ganadería intensiva o las macrogranjas, con los animales en corrales y naves, no previenen los incendios; lo hacen las vacas, ovejas y cabras cuando pastan en el monte en libertad, consumiendo esa vegetación, que no es más que energía acumulada. Y lo mismo con todo lo que ha dejado de cultivarse.

EBL: ¿Qué papel juega en todo esto el cambio climático?

Qué duda cabe de que el cambio climático agrava el problema. Está haciendo que los incendios forestales, cuando se dan en los momentos más extremos desde el punto de vista de la meteorología (sequía, temperaturas excesivas, fuertes vientos…), sean cada vez más devastadores. Pero, a igualdad de fenómenos meteorológicos intensos, si el paisaje no estuviera en el estado de abandono en el que está, estos fuegos, o bien no ocurrirían, o no tendrían la misma magnitud.

Más si tenemos en cuenta que España es un país con un 56 % de superficie forestal (27.6 millones de hectáreas), según datos de 2018. De esta área, 20.2 millones son de titularidad privada y solo 7.4 millones es espacio público. Es decir, hay numerosos minifundios, muchos de ellos recibidos en herencia, que la gente deja a su suerte porque no sabe qué hacer con ellos.

Desde 2012, la media anual era de 17 grandes incendios (los que superan las 500 hectáreas). Digo «era» porque este verano ha roto los registros: ha habido 55, en un ambiente de alta temperatura y baja humedad.

EBL: ¿Qué hacer entonces para impedir que cada verano sea peor?

Hay que adelantarse y prevenir. Según datos de la Asociación Española de Empresas Forestales, en 2018 se invertía en gestión forestal en nuestro país, de media, 35.38 euros por hectárea. En total son 21.02 euros por habitante, de los cuales solo 3.25 son en prevención. El gran ‘vampiro’ de la partida destinada a la gestión forestal es la extinción de incendios, pero ya estamos en un punto en el que, por más camiones y aviones que compremos, no se nos va a dar mejor.

Por otro lado, de todas las hectáreas forestales del país, únicamente en torno al 18 % cuentan con planes de gestión. No tener una planificación implica no prevenir incendios. Hacen falta planes bien diseñados, y dotación para ejecutarlos.

Los incendios se apagan cuando se producen, pero se previenen todo el año. Y todo lo que no gestionemos de manera preventiva, será gestionado por el fuego y el cambio climático, y seguramente contra nosotros.

EBL: Háblanos del proyecto ‘Guardian’, del que tu empresa forma parte.

Bueno, estamos nosotros y el Ayuntamiento de Riba-roja de Túria, el de Paterna, Hidraqua, Cetaqua, la Universidad de Valencia, la Universidad Politécnica de Valencia y la Generalitat Valenciana.

El proyecto se inició en 2006 en Carcaixent, se extendió después a Torrent, Riba-roja de Túria y Paterna, y ahora a El Saler, en pleno Parque Natural de la Albufera de Valencia.

Básicamente, consiste en dibujar la línea entre el riesgo y las viviendas para evitar que un fuego en las casas se propague al Parque Natural del Túria y que un fuego en el Parque afecte a las viviendas. Hecha esta planificación, se llevan a cabo trabajos de acondicionamiento de la vegetación, como podas del arbolado y desbroces. Una tercera pata son las infraestructuras hidráulicas, una serie de grandes torres. Gracias al tratamiento terciario avanzado que se hace del agua de la depuradora Camp de Turia II, esto nos permite tener una red de depósitos con 2 millones y medio de litros de agua regenerada para suministrarla a este sistema de defensa contra incendios forestales (SIDEINFO). Además, contamos con una red de sensores instalados en las zonas forestales que nos permiten monitorizar en tiempo real el riesgo de fuego y, en caso de producirse uno, activar los aspersores.

Sin contar con que, cuando no hay incendios, se aplican riegos prescritos para que la vegetación esté menos estresada y menos disponible para arder. El proyecto se completa con la formación a políticos municipales, técnicos y a la propia población que vive en zonas de riesgo para que sepa cómo actuar en caso de fuego.

EBL: ¿Eres optimista de cara al futuro?

Sí, lo soy por naturaleza. Creo que iremos a peor antes de ir a mejor, antes de que la sociedad en su conjunto tome conciencia de que no asistimos a incendios aislados, sino que forman parte de algo más grande que nos atañe a todos como especie. De hecho, gestores, ecologistas y la comunidad científica y técnica, tras años de desencuentros, se están empezando a poner de acuerdo en la necesidad de actuar.

EBL: Tenemos la tecnología, el conocimiento y la necesidad.

Efectivamente. Hemos superado los límites biofísicos del planeta, con aspiraciones infinitas para recursos finitos. Y debemos moderar nuestras ambiciones si no queremos ver más alteraciones en forma de danas, tornados, tifones, huracanes, enormes incendios… Ir hacia un consumo responsable, el fortalecimiento del sector primario y la recuperación de la población rural.

Cuando se descompensan, los ecosistemas siempre se reajustan para volver a su equilibrio. Esto lo harán por las buenas -si somos capaces de decrecer de manera ordenada, pactada, racional- o por las malas, y ya sabemos lo que significa esto. Y no se me ocurre mejor razón, la más noble y justa para optar por lo primero, que pensar en todos aquellos que vienen y vendrán detrás de nosotros.

 

Más en el blog de Lenovo | El cambio climático en los océanos hace que pierdan memoria

Más en el blog de Lenovo | Las soluciones al calentamiento global del último informe del IPCC

Imágenes | Medi XXI GSA | Karsten Winegeart (Unsplash)

Etiquetas: