Qué es la prosopagnosia: la incapacidad para reconocer las caras

A casi todo el mundo le habrá pasado alguna vez de ser presentado apresuradamente a un grupo de extraños y, rato seguido, olvidar por completo todos sus rostros. Sin embargo, algunas personas tienen más dificultades que otras a la hora de reconocer y recordar las caras. Y no tiene que ver que sean de personas famosas o no. La neuropsicología llama a este trastorno prosopagnosia, también conocida como ‘ceguera facial’.

Aunque existe la tendencia a creer que la percepción es un proceso simple, en realidad es muy complejo. Sobre todo para discriminar estímulos visuales como los rostros, que son elementos muy parecidos entre sí porque comparten las características principales. De hecho, el reconocimiento de las caras se basa en una percepción holística. Es decir, se lleva a cabo a partir de un análisis global en el que se distinguen elementos diferentes como el color de los ojos o la forma de los labios.

Es un proceso que estamos acostumbrados a realizar de forma espontánea y prácticamente automática desde el nacimiento. Sin embargo, los resultados difieren mucho de persona a persona. En el ámbito neuropsicológico, aquellos individuos que prácticamente nunca olvidan un rostro son conocidos como ‘superreconocedores’. En el extremo opuesto del espectro se encuentran los que experimentan muchas dificultades, cuyo trastorno se denomina prosopagnosia, como hemos dicho.

No hay estudios suficientemente precisos, pero algunas investigaciones sugieren que entre el 2 y el 2.5 por ciento de la población mundial convive desde su nacimiento con prosopagnosia congénita. A estas personas hay que sumar aquellas que padecen este trastorno de manera adquirida o provocada posteriormente, por ejemplo, por una lesión cerebral. Es razonable pensar que las personas con una leve dificultad puedan ser muchas más, pero en ese caso el problema no es tan grave como para afectar a su vida diaria.

reconocer caras

Qué es la prosopagnosia

De hecho, cabe aclarar que no memorizar fácilmente las caras no significa automáticamente sufrir prosopagnosia. Y la experiencia no tiene nada que ver. Todos vemos muchas caras, continuamente, en vivo y reproducidas, pero esto no es como practicar para aprender a jugar al fútbol. Los estudios parecen haber demostrado con suficiente claridad que se trata de una habilidad que depende de una herencia genética específica.

Son los genes los que producen un mayor o menor potencial de reconocimiento. En concreto, se ha identificado uno (llamado Oxtr) que es fundamental en la creación de la memoria social y es el receptor de la hormona oxitocina. Las dificultades que experimentan algunas personas serían por tanto debidas a factores genéticos. Estos se pueden matizar con el uso de estrategias alternativas. Entre estas, por ejemplo, tratar de memorizar el pelo, la voz o la postura. Con el objetivo de compensar un déficit más o menos grave.

Si la dificultad es muy pronunciada, a las personas les puede resultar complicado incluso seguir a los actores en una pantalla, porque pierden su identidad. En los casos más severos de prosopagnosia, los afectados no logran reconocer a sus familiares ni a sí mismos en el espejo. Pero el caso más común es tener problemas para reconocer a personas que no se han frecuentado mucho.

Por ejemplo, si se encuentran fuera del entorno en el que solemos movernos con ellas. Un caso típico es no reconocer en la calle a la cajera con la que coincidimos todos los días en el súper. Esto ocurre porque no se puede recurrir a otras referencias. Lo que está claro es que, si es un problema recurrente, no está relacionado con la timidez o la distracción.

reconocer rostros

Tratamientos y soluciones

En todo caso, la gravedad depende mucho de cuánto esta dificultad afecta a la vida y al trabajo. Muchas personas se apañan con estrategias compensatorias. Por ejemplo, un profesor que sufre de prosopagnosia puede reconocer a los alumnos por su posición en el aula. Sin embargo, no es fácil porque depende de la ausencia de cambios en el entorno laboral, que a menudo no se pueden controlar, lo cual puede causar grandes dificultades.

Existen pruebas neurológicas y psicológicas para evaluar el alcance del problema. Además, en algunos casos puede ayudar tener un reconocimiento externo de las dificultades, también para poder encontrar herramientas de apoyo. Buscar un diagnóstico es recomendable sobre todo en caso de padecer una dificultad particularmente molesta por motivos personales o laborales.

En algunas ocasiones y para profesiones específicas, es posible realizar un entrenamiento cognitivo que facilite el reconocimiento. Por otro lado, se están investigando posibles soluciones farmacológicas con base en la oxitocina. Sin duda, es útil una mayor concienciación sobre el tema, también para no confundir este trastorno con otros, como el autismo, que hoy en día incluye una gama muy amplia de dificultades. Quizás un niño no mira a los ojos o parece examinar los contornos de una cara simplemente porque está buscando otras fuentes de información.

No obstante, en la gran mayoría de los casos, las personas simplemente notan que no son particularmente hábiles en reconocer los rostros. Sin más problemas. Muchos, incluso aquellos que de verdad sufren de prosopagnosia, aprenden rápida y naturalmente a desarrollar estrategias alternativas para orientarse. Y esta dificultad se convierte en parte de su forma de ser.

 

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Imágenes |Jaroslav Devia/Unsplash, Paul Zoetemeijer/Unsplash, Christopher Ott/Unsplash

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