‘Apagar’ el Sol: por qué simular los efectos de las erupciones volcánicas podría salvarnos del cambio climático

Un mundo que se limitara a cumplir con las políticas vigentes en términos de reducción de las emisiones probablemente terminaría siendo casi tres grados más cálido. La advertencia del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) es dolorosamente clara: llegamos tarde y las metas establecidas pueden no ser suficientes para evitar cambios catastróficos en el planeta. Es por esto que algunos científicos piensan incluso en simular los efectos de las erupciones volcánicas, como una manera de ‘apagar’ el Sol y enfriar algo la Tierra.

El termómetro marca ahora 1.2 grados más que al comienzo de la era industrial. 2021 estuvo marcado por una serie de increíbles de eventos climáticos extremos. La clave es cambiar la forma en que producimos. Acabar con la dependencia de los combustibles fósiles y apostar por las energías renovables. Pero la revolución verde tiene costes considerables y sus beneficios no son inmediatos.

Contra el calentamiento global hay quienes plantean reproducir las consecuencias de las erupciones volcánicas. La idea nació en 1991, a raíz de la explosión del volcán Pinatubo, en Filipinas. El evento tuvo fuerza suficiente para expulsar lava fundida a más de 900 kilómetros por hora. Un hongo de cenizas se elevó a una altura de 38 kilómetros, entrando en la estratosfera. Entonces, toneladas de dióxido de azufre y vapor de agua empezaron a rebotar los rayos solares. La nube permaneció alrededor de la Tierra durante casi dos años y causó graves consecuencias, como la sequía que asoló la región del Sahel en África o la inundación de los ríos Mississippi y Missouri en Estados Unidos.

Por otro lado, durante un tiempo el planeta fue mucho más fresco. En el siglo anterior, la temperatura media había aumentado tres cuartos de grado por la actividad industrial. La erupción del Pinatubo en un solo año enfrió la Tierra hasta casi volver 100 años atrás.

planeta

Qué es la geoingeniería solar

Así, varios científicos empezaron a pensar en la posibilidad de inyectar artificialmente las mismas partículas de dióxido de azufre en la estratosfera. Sucesivamente, estas se esparcirían por todo el planeta reflejando los rayos del Sol hacia el espacio. La técnica se llama geoingeniería solar. Es controvertida y arriesgada, pero algunos creen que valdría la pena explorarla.

Las universidades estadounidenses de Yale y Harvard intentaron examinar los detalles de un hipotético programa de geoingeniería solar para simular los efectos de las erupciones volcánicas. El plan es decididamente ambicioso. Los investigadores estiman que permitiría un enfriamiento del planeta de 0.3 grados en tan solo quince años. Para llevarlo a cabo harían falta unos 95 aviones, que realizarían unos 60 000 vuelos al año. Su misión sería esparcir cientos de miles de toneladas de dióxido de azufre. La operación se llevaría a cabo a una altura de al menos 20 kilómetros, en la estratosfera.

Otra estrategia barajada por los científicos para simular los efectos de las erupciones volcánicas es el llamado thinning, en castellano, ‘adelgazamiento’. Esta técnica implica intervenir a una altura de entre 12 y 16 kilómetros de altura, todavía dentro de la atmósfera. La idea es modificar la composición de las nubes, adelgazándolas, para permitir que se escape una mayor cantidad de calor de la atmósfera.

Otros científicos imaginan operar a una altitud mucho más baja, de unos 3000 metros. Esta vez se trataría de iluminar las nubes y crear una barrera reflectante entre el sol y el océano. El plan consistiría en rociar partículas de sal hacia arriba. De esta manera las nubes serían más brillantes y podrían formar una especie de resplandor que rebotaría la luz del sol.

geoingenieria solar

Riesgos de simular los efectos de las erupciones volcánicas

El año pasado, los investigadores de Harvard, junto con los del Centro Espacial Esrange de Suecia, tenían previsto realizar algunos experimentos. El objetivo era hacer volar un globo cargado de material científico sobre la ciudad escandinava de Kiruna, a una altitud de 20 000 metros. Con un segundo vuelo querían liberar una cantidad modesta de polvo de carbonato de calcio en la estratosfera. Sin embargo, en abril el experimento fue cancelado por la oposición de grupos ecologistas y comités de presión locales.

De hecho, la geoingeniería solar tiene muchos adversarios. Los que están en contra creen que los riesgos superan con creces los beneficios. Entre ellos se encuentra Raymond Pierrehumbert, profesor de física en la Universidad de Oxford. Pierrehumbert cree que reproducir los efectos de las erupciones volcánicas con la geoingeniería solar podría distraer a los países de sus esfuerzos por descarbonizar la economía mundial.

Además, explica el profesor, habría otro problema si la Tierra realmente dependiera de la geoingeniería solar. Si, por cualquier motivo, esta se interrumpiera bruscamente, se desencadenaría un aumento de temperatura inmediato y difícilmente reversible. De hecho, la alteración de la luz solar tiene un impacto en la química de la atmósfera y la circulación de las lluvias. Y todavía no se han investigado adecuadamente las reacciones adversas, que podrían ser impredecibles.

Por un lado, se podría corregir el clima de un territorio, pero, por otro, provocar que una región que ya sufre episodios de sequía disponga aún de menos agua. Llegar a un acuerdo a nivel internacional sería fundamental, aunque bastante complicado. Por lo tanto, es improbable que, de momento, los intentos de simular los efectos de las erupciones volcánicas puedan formar parte de las estrategias contra el cambio climático. El problema, sin embargo, es que el mundo sigue calentándose.

 

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Imágenes |Yosh Ginsu/Unsplash, Nasa/Unsplash, Ales Krivec/Unsplash

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